_Real Madrid

Bendita Copa

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 28-02-2019

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La copa del Rey, pese a su criticable formato, es una a oda a los valores fundacionales del fútbol. Aquellos que juntan democráticamente a un sinfín de equipos de todas las categorías, sin complejo ni desprecio alguno. Acaba habiendo grandes choques, ya sea por la emoción de un gol que te da la clasificación como la de una eliminatoria de este calibre. El propio balompié suele reunir a los mejores -incluso aunque fuera a partido único- lo que acaba convirtiendo un simple miércoles de Netflix, cigarro y a la cama, en una de las mejores noches del mes. Bendita Copa.

El Barcelona salió con el esquema que está introduciendo últimamente, un hecho noticiable por los menesteres que presentaba el duelo. Nelson Semedo parece haber inscrito su nombre en el lateral derecho y Sergi Roberto ha encontrado un hueco en el camaleónico entramado de Ernesto Valverde. Su 4-4-2 en defensa se convertía en 4-3-3 con balón, donde Messi partía desde derecha, pero nadie sabía dónde acababa. Es cómico ver el esfuerzo de los demás conjuntos tratando de frenarle, con 4 o 5 hombres con 1000 consignas, para acabar por los suelos. En el Bernabéu, Reguilón marcaba al de Rosario hasta que se mudara al centro, para notar la piel del cuero, donde aparecía Casemiro.

El brasileño, que cuajó un gran encuentro con balón, necesitaba siempre la ayuda de Karim Benzema, que tenía que estar muy atento a Sergio Busquets para igualar las piezas en la medular. Al francés se le atribuye la capacidad de ser una biblioteca de best sellers, un sinfín de clásicos al que se le queda pequeña esta era. Benditos artistas. Por ello, como en Alejandría, cualquiera está dispuesto a quemar sus obras a la mínima. Anoche lo intentó sin encontrar un premio que le quedó más cerca de lo que parece. Unas cenizas, sin más.

Vinícius también trató de expresar, sin cesar alguno, vehementemente, con todas y cada una de sus internadas, que quería dormir cerca de las estrellas. Encaró y chutó, pero evidenció su pelea con el gol, que de momento le gira la cara cuando van a chocar sus miradas. A su edad y con el nervio de su propio fútbol, que acabará domando, aún no puede descansar entre los grandes, como ya le piden. Sigue escalando por su propia escalera, aunque haya partidos que agarre su jet pack y pasee entre los mejores. Por lo menos ya conoce su modus vivendi, aunque en duelos como este se le encuentre carencias.

Sin embargo, tras un tanteo en el primer acto en el que los blancos tuvieron más ocasiones que los visitantes, los catalanes supieron exponer todas las preguntas que tenían preparadas en sus chuletas, bien escondidas. Al final necesitaba un gol. Y con esos tres delanteros el momento tenía muchas probabilidades de llegar, aunque sus padres no le hubieran puesto hora. Que disfruten, que son jóvenes. Aterrizaron en el minuto 50 y silenciaron el coliseo blanco. El Madrid más que poder responder, era un mar de dudas. Sobre todo, en la transición defensiva y su propia espalda, donde mirándose si la tenían quemada, por el sol y las dudas de su último choque casero, frente al Girona, se encontraron con un puñal de Suárez.

Y si alguien se había preparado con la entrada de Gareth Bale historias sobre supervivientes o caballeros que aparecen desde los muertos, pudieron rápidamente usar esos papeles para aguantar la mesa coja del salón. El galés aguantó los pitos del respetable y cuando quiso que le cayera la primera gota de sudor, el encuentro ya iba 0-2. Era el final antes del tercer tanto, que marcó el uruguayo de penalti. La Copa convirtió una gran noche en un duelo para el recuerdo para el Barcelona, hasta que llegue el próximo partido. Los azulgranas son los verdaderos reyes de esta Copa y visitarán el Villamarín en busca de la quinta seguida. Con su corona, la que nadie se atreve a quitársela de la cabellera.

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La copa del Rey, pese a su criticable formato, es una a oda a los valores fundacionales del fútbol. Aquellos que juntan democráticamente a un sinfín de equipos de todas las categorías, sin complejo ni desprecio alguno. Acaba habiendo grandes choques, ya sea por la emoción de un gol que te da la clasificación como la de una eliminatoria de este calibre. El propio balompié suele reunir a los mejores -incluso aunque fuera a partido único- lo que acaba convirtiendo un simple miércoles de Netflix, cigarro y a la cama, en una de las mejores noches del mes. Bendita Copa.

El Barcelona salió con el esquema que está introduciendo últimamente, un hecho noticiable por los menesteres que presentaba el duelo. Nelson Semedo parece haber inscrito su nombre en el lateral derecho y Sergi Roberto ha encontrado un hueco en el camaleónico entramado de Ernesto Valverde. Su 4-4-2 en defensa se convertía en 4-3-3 con balón, donde Messi partía desde derecha, pero nadie sabía dónde acababa. Es cómico ver el esfuerzo de los demás conjuntos tratando de frenarle, con 4 o 5 hombres con 1000 consignas, para acabar por los suelos. En el Bernabéu, Reguilón marcaba al de Rosario hasta que se mudara al centro, para notar la piel del cuero, donde aparecía Casemiro.

El brasileño, que cuajó un gran encuentro con balón, necesitaba siempre la ayuda de Karim Benzema, que tenía que estar muy atento a Sergio Busquets para igualar las piezas en la medular. Al francés se le atribuye la capacidad de ser una biblioteca de best sellers, un sinfín de clásicos al que se le queda pequeña esta era. Benditos artistas. Por ello, como en Alejandría, cualquiera está dispuesto a quemar sus obras a la mínima. Anoche lo intentó sin encontrar un premio que le quedó más cerca de lo que parece. Unas cenizas, sin más.

Vinícius también trató de expresar, sin cesar alguno, vehementemente, con todas y cada una de sus internadas, que quería dormir cerca de las estrellas. Encaró y chutó, pero evidenció su pelea con el gol, que de momento le gira la cara cuando van a chocar sus miradas. A su edad y con el nervio de su propio fútbol, que acabará domando, aún no puede descansar entre los grandes, como ya le piden. Sigue escalando por su propia escalera, aunque haya partidos que agarre su jet pack y pasee entre los mejores. Por lo menos ya conoce su modus vivendi, aunque en duelos como este se le encuentre carencias.

Sin embargo, tras un tanteo en el primer acto en el que los blancos tuvieron más ocasiones que los visitantes, los catalanes supieron exponer todas las preguntas que tenían preparadas en sus chuletas, bien escondidas. Al final necesitaba un gol. Y con esos tres delanteros el momento tenía muchas probabilidades de llegar, aunque sus padres no le hubieran puesto hora. Que disfruten, que son jóvenes. Aterrizaron en el minuto 50 y silenciaron el coliseo blanco. El Madrid más que poder responder, era un mar de dudas. Sobre todo, en la transición defensiva y su propia espalda, donde mirándose si la tenían quemada, por el sol y las dudas de su último choque casero, frente al Girona, se encontraron con un puñal de Suárez.

Y si alguien se había preparado con la entrada de Gareth Bale historias sobre supervivientes o caballeros que aparecen desde los muertos, pudieron rápidamente usar esos papeles para aguantar la mesa coja del salón. El galés aguantó los pitos del respetable y cuando quiso que le cayera la primera gota de sudor, el encuentro ya iba 0-2. Era el final antes del tercer tanto, que marcó el uruguayo de penalti. La Copa convirtió una gran noche en un duelo para el recuerdo para el Barcelona, hasta que llegue el próximo partido. Los azulgranas son los verdaderos reyes de esta Copa y visitarán el Villamarín en busca de la quinta seguida. Con su corona, la que nadie se atreve a quitársela de la cabellera.

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