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Barça: insert coin

Cristina Caparrós @criscaparros 12-05-2021

Hubo una época en la que era un clásico entrar en los salones recreativos. En la puerta estaba el típico tipo que sumaba horas de poco entretenimiento en su expresión facial, con una gesticulación pasiva cada vez que le pedías cambio para disponer de esas monedas que te permitían sumar las posibilidades de pasar niveles y subir en el ranking de la general. En las máquinas más aclamadas, se formaban colas y se creaba el típico pique competitivo por ver quién llegaba más lejos. Habilidad y capacidad de concentración eran necesarias para andar en ese fino alambre que separaba la superación y el abismo al que te lanzaba el final de la partida, hasta que tuvieras otra oportunidad para introducir los cinco duros.

Podría decirse que el Barça ya roza el game over. Incluso en esta liga de guion estrambótico, donde ninguno de los aspirantes pudo asumir un papel regular en un tramo crucial. Su remota posibilidad pasa por una rocambolesca ecuación, que entiende mucho de matemáticas y poco de esperanza. El pinchazo ante el Granada, no dar un golpe encima de la mesa frente al Atleti y no saber proteger la ventaja frente al Levante, ha conducido a una situación que dista mucho de la fe provocada por las tendencias positivas. No ha sabido dar los pasos adecuados por ese pequeño cable, que cambia las cosas de un momento a otro.

Que el Barcelona llegara con posibilidades de lograr este campeonato también dista de un conjunto que a principio de temporada se dejaba puntos y dudas sin resolver. Conviviendo con una situación de precedentes tan amargos como los fríos papeles de un burofax y el recuerdo de un resultado en que los bávaros les sacaron los colores. Con altibajos comunes ante una idea de juego y un equipo en construcción. En Champions parecía cambiarse el traje, pero fue un espejismo de apariencia que despareció cuando no supo afianzarse la primera plaza de la fase de grupos y el sorteo le aparejó con un rival que le hizo recordar que Europa seguía siendo el punto más vulnerable de su talón de Aquiles.

Leo Messi en el partido de Liga frente al Levante UD (Imago)

Por momentos, Leo volvió a sonreír. Trazó nuevos récords y líneas que solo pueden concebirse en una mente tan fantasiosa como la suya. De Jong ratificó el argumento de su fichaje y se adaptó a cada uno de los roles y necesidades, brillando en la salida de balón o en sus llegadas desde segunda línea. Pedri fue, durante mucho tiempo, la mejor noticia para el presente y el futuro, desde una madurez insólita en cada una de sus puestas en escena. Busquets volvió a reivindicar aquel cartel que ha lucido con justicia, hinchándose a filtrar pases y escudando al cuero. Griezmann, por momentos, lució estadísticas que fueron bien vistas para los que no reparan en el juego sin balón y le exigen goles y la influencia en estos. Dembelé, en su desorden más ordenado, el que nos exaspera y apacigua, desbordó en esa constante sensación de crear peligro y marcó goles decisivos. Entre otros. Koeman integró a jugadores jóvenes en sus planes, encontró un molde para ajustar y beneficiar a distintas piezas y, en consecuencia, al juego colectivo. Pero también generó muchas dudas, y críticas, desde la dirección de campo, con un intervencionismo que a veces fue nulo, y otras insuficiente. Sin variantes estimulantes.

La delgada línea del fútbol, en esa interpretación de breve caducidad, va intercambiando su parecer según se desarrollan los hechos. Si bien esta temporada se pedía una reconstrucción resignándose a quedarse en blanco en las vitrinas, el Barça pasó a gustarse y a ganar la Copa del Rey, siendo, de cierto modo, algo inesperado. La ilusión por la Liga volvió en cada franja azulgrana, en el vestuario y en los hogares. Todo se puso a su favor. Afincado en la autodestrucción, se disparó en su propio pie. Y la gente, ante un equipo que perdió el control y la capacidad de reacción para afrontar la adversidad, olvidó sus primeras plegarias.

El Barça lo tuvo y no lo pudo sostener. Deberá aferrarse al título más meritorio de este año. El de disponer una base para reparar las grietas. Pedri, de Jong, Dembelé, Ansu Fati, Dest, Mingueza, Araujo, Ilaix Moriba, Riqui Puig y Trincao no superan los 24 años. El Barça tiene nombres y talento para construir el futuro, más cuando la caja está vacía. Es crédito para jugar la siguiente partida. Insert coin.

Imagen de cabecera: Imago

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Hubo una época en la que era un clásico entrar en los salones recreativos. En la puerta estaba el típico tipo que sumaba horas de poco entretenimiento en su expresión facial, con una gesticulación pasiva cada vez que le pedías cambio para disponer de esas monedas que te permitían sumar las posibilidades de pasar niveles y subir en el ranking de la general. En las máquinas más aclamadas, se formaban colas y se creaba el típico pique competitivo por ver quién llegaba más lejos. Habilidad y capacidad de concentración eran necesarias para andar en ese fino alambre que separaba la superación y el abismo al que te lanzaba el final de la partida, hasta que tuvieras otra oportunidad para introducir los cinco duros.

Podría decirse que el Barça ya roza el game over. Incluso en esta liga de guion estrambótico, donde ninguno de los aspirantes pudo asumir un papel regular en un tramo crucial. Su remota posibilidad pasa por una rocambolesca ecuación, que entiende mucho de matemáticas y poco de esperanza. El pinchazo ante el Granada, no dar un golpe encima de la mesa frente al Atleti y no saber proteger la ventaja frente al Levante, ha conducido a una situación que dista mucho de la fe provocada por las tendencias positivas. No ha sabido dar los pasos adecuados por ese pequeño cable, que cambia las cosas de un momento a otro.

Que el Barcelona llegara con posibilidades de lograr este campeonato también dista de un conjunto que a principio de temporada se dejaba puntos y dudas sin resolver. Conviviendo con una situación de precedentes tan amargos como los fríos papeles de un burofax y el recuerdo de un resultado en que los bávaros les sacaron los colores. Con altibajos comunes ante una idea de juego y un equipo en construcción. En Champions parecía cambiarse el traje, pero fue un espejismo de apariencia que despareció cuando no supo afianzarse la primera plaza de la fase de grupos y el sorteo le aparejó con un rival que le hizo recordar que Europa seguía siendo el punto más vulnerable de su talón de Aquiles.

Leo Messi en el partido de Liga frente al Levante UD (Imago)

Por momentos, Leo volvió a sonreír. Trazó nuevos récords y líneas que solo pueden concebirse en una mente tan fantasiosa como la suya. De Jong ratificó el argumento de su fichaje y se adaptó a cada uno de los roles y necesidades, brillando en la salida de balón o en sus llegadas desde segunda línea. Pedri fue, durante mucho tiempo, la mejor noticia para el presente y el futuro, desde una madurez insólita en cada una de sus puestas en escena. Busquets volvió a reivindicar aquel cartel que ha lucido con justicia, hinchándose a filtrar pases y escudando al cuero. Griezmann, por momentos, lució estadísticas que fueron bien vistas para los que no reparan en el juego sin balón y le exigen goles y la influencia en estos. Dembelé, en su desorden más ordenado, el que nos exaspera y apacigua, desbordó en esa constante sensación de crear peligro y marcó goles decisivos. Entre otros. Koeman integró a jugadores jóvenes en sus planes, encontró un molde para ajustar y beneficiar a distintas piezas y, en consecuencia, al juego colectivo. Pero también generó muchas dudas, y críticas, desde la dirección de campo, con un intervencionismo que a veces fue nulo, y otras insuficiente. Sin variantes estimulantes.

La delgada línea del fútbol, en esa interpretación de breve caducidad, va intercambiando su parecer según se desarrollan los hechos. Si bien esta temporada se pedía una reconstrucción resignándose a quedarse en blanco en las vitrinas, el Barça pasó a gustarse y a ganar la Copa del Rey, siendo, de cierto modo, algo inesperado. La ilusión por la Liga volvió en cada franja azulgrana, en el vestuario y en los hogares. Todo se puso a su favor. Afincado en la autodestrucción, se disparó en su propio pie. Y la gente, ante un equipo que perdió el control y la capacidad de reacción para afrontar la adversidad, olvidó sus primeras plegarias.

El Barça lo tuvo y no lo pudo sostener. Deberá aferrarse al título más meritorio de este año. El de disponer una base para reparar las grietas. Pedri, de Jong, Dembelé, Ansu Fati, Dest, Mingueza, Araujo, Ilaix Moriba, Riqui Puig y Trincao no superan los 24 años. El Barça tiene nombres y talento para construir el futuro, más cuando la caja está vacía. Es crédito para jugar la siguiente partida. Insert coin.

Imagen de cabecera: Imago

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