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Balance de las Finales de la NBA 2019

César Martín @CesarMrtn 14-06-2019

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Los Toronto Raptors son los
campeones de la NBA de 2018-19. El conjunto canadiense ha hecho historia al
ganar el primer anillo de su vida, que empezó allá por 1995. Todo ello ante uno
de los mejores equipos que ha visto el baloncesto, unos Golden State Warriors
que se despiden de Oakland con un sabor amargo al no poder sellar el
three-peat.

Las Finales han sido apasionantes,
y como toda eliminatoria no sólo deja vencedores y vencidos deportivos, sino
también morales.

REFORZADOS

Kawhi Leonard

El MVP de las Finales es sin lugar
a duda el ganador individual de esta eliminatoria. Tras su extrañísima temporada
2017-18 (menudo libro saldría de aquí), Kawhi fue enviado a Siberia por Gregg Popovich. Canadá era un destino para
nada agradable en la mente del dos veces Mejor Defensor de la NBA, que se
supone quería jugar en su L.A. natal. Una vez hecho oficial su traspaso a
Toronto, algunos reportes señalaban que iba a negarse a vestirse de corto durante
todo el año. Consciente de que eso no le iba a hacer ningún bien a su tocada imagen,
no lo hizo.

Una vez comenzada la temporada, se
habló de Leonard como lo que es: uno de los mejores jugadores de basket del
planeta. En regular season firmó los
mejores números de su vida, y en Playoffs lo refrendó echándose a la espalda al
equipo cuando la cosa se ponía fea en las eliminatorias ante 76ers y Bucks. Sus
Finales han sido sencillamente espectaculares (28’5 puntos, 9’8 rebotes, 4’2 asistencias,
2 tapones y 1’2 robos de media) y en Toronto van a hacer todo lo posible para
que su MVP continúe con ellos. Una redención en toda regla.

Masai Ujiri

Los Raptors fueron el mejor equipo
del Este en 2018. En las semis de Conferencia se cruzaron con los Cavaliers,
donde fueron barridos… otra vez. Era el segundo 4-0 sufrido a manos de LeBron James
y el tercer KO consecutivo ante los de Ohio. Ante tal palo, lo normal era que
el equipo cayera en estado depresivo, pero el presidente Masai Ujiri no estaba
por la labor.

Pocos días después de la
eliminación ante los Cavs, Ujiri fulminó a Dwane Casey (quien iba ser nombrado
Entrenador del Año) y puso a los mandos del equipo a un tipo sin experiencia
NBA como Nick Nurse. El de Iowa es el noveno técnico que campeona en su debut
como head coach. Y en verano, el
ejecutivo nigeriano “sacrificó un cordero
(DeMar DeRozan) para traer a un Kawhi Leonard que en sólo un año iba a ser
agente libre. Lo mismo hizo en febrero: otro clásico de los Raptors como Jonas Valančiūnas
a cambio de Marc Gasol, también expiring.
Ujiri fue valiente y la jugada le ha salido perfecta. Le tocará currar mucho
este verano para mantener el bloque campeón.

Kevin Durant

Once minutos y 57 segundos han
bastado para disipar cualquier tipo de duda sobre la importancia de Durant en los
Warriors. En las Finales del Oeste se habló mucho de si los californianos eran
mejores sin KD. Ha quedado claro que no. “Sin
él ya éramos muy buenos, pero con él somos uno de los mejores equipos de la
historia
”. Esas palabras fueron pronunciadas por Klay Thompson tras el
quinto partido de las Finales, en el que el 35 de Golden State se rompió el
tendón de Aquiles tras forzar su regreso después de un mes lesionado.

Durant ha sido acusado de blando,
de irse a lo fácil fichando por los Warriors. En el momento de su lesión ante
los Rockets estaba firmando los mejores Playoffs de su vida. Steve Kerr lo
comparó con el mismísimo Michael Jordan. Sin embargo, la facilidad con la que los Warriors se deshicieron de los Blazers
alimentó el debate mencionado en el párrafo anterior. Pero en las Finales llegó
el 3-1 a favor de los Raptors, y ahí la sensación era que o volvía Durant o la
eliminatoria se acababa en cinco partidos. Por eso forzó.

El riesgo estaba mereciendo la
pena: llevaba 11 puntos con unos porcentajes casi perfectos y su equipo ganaba hasta
que su tendón dijo basta. Una lesión gravísima que le tendrá fuera toda la
campaña 2019-20 y que condicionará mucho este mercado veraniego… y el que
viene. Todo dependerá de si decide ejecutar su opción de jugador con los
Warriors o no. Veremos.

TOCADOS

El banquillo de los Warriors

No los que llevan traje, sino los
que lucen chándal. En las semis ante los Rockets, Kerr tuvo que exprimir a sus
titulares más de lo que le hubiera gustado. En Playoffs las rotaciones siempre
se reducen a siete u ocho jugadores, pero tras la primera lesión de Durant y los
problemas físicos de Andre Iguodala, el exjugador de Bulls y Spurs optó por
tirar del fondo de armario.

El fondo este año lo formaron Quinn
Cook, Alfonzo McKinnie, Andrew Bogut, Jonas Jerebko y Jordan Bell. Ante los
Blazers funcionó, pero no ante los Raptors. Ninguno de los cinco ha estado a la
altura y pone de manifiesto que el plantel de los Warriors está mal construido
más allá de los seis jugadores que se nos vienen a la mente. Sólo Kevon Looney
ha dado la talla. Hasta un viejo
confiable
como Shaun Livingston queda mal parado de estas Finales, aunque
es cierto que ha arrastrado molestias a lo largo de la postemporada.

Los del Área de la Bahía han echado
de menos al típico alero/escolta capaz de anotar por rachas desde el banquillo
para así no depender del poco fiable tiro de Draymond Green o Andre Iguodala.
Un perfil de jugador que tenían hace poco en Leandrinho Barbosa o Nick Young. Y
quizás también un interior capaz de poner patas arriba los partidos corriendo
contrataques y culminándolos bajando alley-oops, algo que hizo muy bien JaVale
McGee en sus dos años con los Warriors.

Los pabellones

El Oracle Arena y el Scotiabank
Arena han dejado imágenes muy comentadas para mal. En el recinto californiano
vimos un par de ellas. En el tercer encuentro, Kyle Lowry fue empujado en la
banda por un espectador que resultó ser un accionista minoritario de los
Warriors. Una acción lamentable que le costó una multa económica (calderilla
para él) y una sanción de un año sin poder ir a los estadios de la NBA.

Al partido siguiente se vio a un
buen número de fans de GSW abandonar el pabellón a falta de minuto y medio con
el choque decidido a favor de los Raptors. Este gesto, tan habitual en el mundo
del deporte, hubiese pasado desapercibido en un duelo de liga regular, pero no
en el que pudo haber sido el último partido de la historia del equipo en
Oakland. No lo fue, aunque desde luego lo suyo hubiese sido aguantar hasta el
final y ovacionar a un grupo histórico, no sólo para agradecerles este último
lustro, sino también para mostrar confianza en remontar la eliminatoria (We Believe 2007, ¿os acordáis?).

En el Game 5 fue el público
canadiense quien tuvo un gesto feísimo al celebrar la grave lesión que sufrió
Kevin Durant. Una actitud que fue recriminada en el parqué no sólo por los compañeros
de KD, sino por los propios jugadores de los Raptors, que pidieron una ovación
para el 35 de los Warriors. No fue así en el ya famoso Jurassic Park (“El
Botellón”), donde los presentes aplaudieron reiteradas veces el lance que dejó
a Durant fuera de combate. Sin duda, una conducta reprochable.

Stephen Curry

El alma de este equipo de leyenda
es él. Se ha ganado todos y cada uno de los halagos que se ha llevado a lo
largo de este lustro. Los fríos datos dicen que su rendimiento en todas las
Finales jugadas ha sido soberbio, pero el feeling
no es tan positivo. Y es que da la sensación de que cuando el anillo está en
juego y el viento sopla en contra, Curry no es Don Stephen, el de las rachas de triples imposibles. Por eso Durant
le “levantó” el MVP de las Finales del año pasado, porque el único partido
apretado (el tercero) lo decidió el alero y no él. Lo mismo pasó en 2017.

Ante los Raptors, Steph fue las dos
caras de la moneda. En el Game 3, sin KD ni Klay Thompson, anotó 47 puntos.
Tiró del carro, pero no bastó. Estuvo demasiado solo. En el sexto y definitivo,
firmó un último cuarto horrible cuya guinda fue un triple fallado a falta de
ocho segundos con su equipo un punto abajo en el marcador. Las cámaras le
enfocaban y su rostro cabizbajo delataba que sabía que había tenido el Game 7
en sus manos porque era un tiro que había metido de esa forma cientos de veces.
El otro Splash Brother cayó lesionado en ese encuentro y al base de Akron le
quemó el balón cuando los dubs se
aferraban a él.

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Los Toronto Raptors son los
campeones de la NBA de 2018-19. El conjunto canadiense ha hecho historia al
ganar el primer anillo de su vida, que empezó allá por 1995. Todo ello ante uno
de los mejores equipos que ha visto el baloncesto, unos Golden State Warriors
que se despiden de Oakland con un sabor amargo al no poder sellar el
three-peat.

Las Finales han sido apasionantes,
y como toda eliminatoria no sólo deja vencedores y vencidos deportivos, sino
también morales.

REFORZADOS

Kawhi Leonard

El MVP de las Finales es sin lugar
a duda el ganador individual de esta eliminatoria. Tras su extrañísima temporada
2017-18 (menudo libro saldría de aquí), Kawhi fue enviado a Siberia por Gregg Popovich. Canadá era un destino para
nada agradable en la mente del dos veces Mejor Defensor de la NBA, que se
supone quería jugar en su L.A. natal. Una vez hecho oficial su traspaso a
Toronto, algunos reportes señalaban que iba a negarse a vestirse de corto durante
todo el año. Consciente de que eso no le iba a hacer ningún bien a su tocada imagen,
no lo hizo.

Una vez comenzada la temporada, se
habló de Leonard como lo que es: uno de los mejores jugadores de basket del
planeta. En regular season firmó los
mejores números de su vida, y en Playoffs lo refrendó echándose a la espalda al
equipo cuando la cosa se ponía fea en las eliminatorias ante 76ers y Bucks. Sus
Finales han sido sencillamente espectaculares (28’5 puntos, 9’8 rebotes, 4’2 asistencias,
2 tapones y 1’2 robos de media) y en Toronto van a hacer todo lo posible para
que su MVP continúe con ellos. Una redención en toda regla.

Masai Ujiri

Los Raptors fueron el mejor equipo
del Este en 2018. En las semis de Conferencia se cruzaron con los Cavaliers,
donde fueron barridos… otra vez. Era el segundo 4-0 sufrido a manos de LeBron James
y el tercer KO consecutivo ante los de Ohio. Ante tal palo, lo normal era que
el equipo cayera en estado depresivo, pero el presidente Masai Ujiri no estaba
por la labor.

Pocos días después de la
eliminación ante los Cavs, Ujiri fulminó a Dwane Casey (quien iba ser nombrado
Entrenador del Año) y puso a los mandos del equipo a un tipo sin experiencia
NBA como Nick Nurse. El de Iowa es el noveno técnico que campeona en su debut
como head coach. Y en verano, el
ejecutivo nigeriano “sacrificó un cordero
(DeMar DeRozan) para traer a un Kawhi Leonard que en sólo un año iba a ser
agente libre. Lo mismo hizo en febrero: otro clásico de los Raptors como Jonas Valančiūnas
a cambio de Marc Gasol, también expiring.
Ujiri fue valiente y la jugada le ha salido perfecta. Le tocará currar mucho
este verano para mantener el bloque campeón.

Kevin Durant

Once minutos y 57 segundos han
bastado para disipar cualquier tipo de duda sobre la importancia de Durant en los
Warriors. En las Finales del Oeste se habló mucho de si los californianos eran
mejores sin KD. Ha quedado claro que no. “Sin
él ya éramos muy buenos, pero con él somos uno de los mejores equipos de la
historia
”. Esas palabras fueron pronunciadas por Klay Thompson tras el
quinto partido de las Finales, en el que el 35 de Golden State se rompió el
tendón de Aquiles tras forzar su regreso después de un mes lesionado.

Durant ha sido acusado de blando,
de irse a lo fácil fichando por los Warriors. En el momento de su lesión ante
los Rockets estaba firmando los mejores Playoffs de su vida. Steve Kerr lo
comparó con el mismísimo Michael Jordan. Sin embargo, la facilidad con la que los Warriors se deshicieron de los Blazers
alimentó el debate mencionado en el párrafo anterior. Pero en las Finales llegó
el 3-1 a favor de los Raptors, y ahí la sensación era que o volvía Durant o la
eliminatoria se acababa en cinco partidos. Por eso forzó.

El riesgo estaba mereciendo la
pena: llevaba 11 puntos con unos porcentajes casi perfectos y su equipo ganaba hasta
que su tendón dijo basta. Una lesión gravísima que le tendrá fuera toda la
campaña 2019-20 y que condicionará mucho este mercado veraniego… y el que
viene. Todo dependerá de si decide ejecutar su opción de jugador con los
Warriors o no. Veremos.

TOCADOS

El banquillo de los Warriors

No los que llevan traje, sino los
que lucen chándal. En las semis ante los Rockets, Kerr tuvo que exprimir a sus
titulares más de lo que le hubiera gustado. En Playoffs las rotaciones siempre
se reducen a siete u ocho jugadores, pero tras la primera lesión de Durant y los
problemas físicos de Andre Iguodala, el exjugador de Bulls y Spurs optó por
tirar del fondo de armario.

El fondo este año lo formaron Quinn
Cook, Alfonzo McKinnie, Andrew Bogut, Jonas Jerebko y Jordan Bell. Ante los
Blazers funcionó, pero no ante los Raptors. Ninguno de los cinco ha estado a la
altura y pone de manifiesto que el plantel de los Warriors está mal construido
más allá de los seis jugadores que se nos vienen a la mente. Sólo Kevon Looney
ha dado la talla. Hasta un viejo
confiable
como Shaun Livingston queda mal parado de estas Finales, aunque
es cierto que ha arrastrado molestias a lo largo de la postemporada.

Los del Área de la Bahía han echado
de menos al típico alero/escolta capaz de anotar por rachas desde el banquillo
para así no depender del poco fiable tiro de Draymond Green o Andre Iguodala.
Un perfil de jugador que tenían hace poco en Leandrinho Barbosa o Nick Young. Y
quizás también un interior capaz de poner patas arriba los partidos corriendo
contrataques y culminándolos bajando alley-oops, algo que hizo muy bien JaVale
McGee en sus dos años con los Warriors.

Los pabellones

El Oracle Arena y el Scotiabank
Arena han dejado imágenes muy comentadas para mal. En el recinto californiano
vimos un par de ellas. En el tercer encuentro, Kyle Lowry fue empujado en la
banda por un espectador que resultó ser un accionista minoritario de los
Warriors. Una acción lamentable que le costó una multa económica (calderilla
para él) y una sanción de un año sin poder ir a los estadios de la NBA.

Al partido siguiente se vio a un
buen número de fans de GSW abandonar el pabellón a falta de minuto y medio con
el choque decidido a favor de los Raptors. Este gesto, tan habitual en el mundo
del deporte, hubiese pasado desapercibido en un duelo de liga regular, pero no
en el que pudo haber sido el último partido de la historia del equipo en
Oakland. No lo fue, aunque desde luego lo suyo hubiese sido aguantar hasta el
final y ovacionar a un grupo histórico, no sólo para agradecerles este último
lustro, sino también para mostrar confianza en remontar la eliminatoria (We Believe 2007, ¿os acordáis?).

En el Game 5 fue el público
canadiense quien tuvo un gesto feísimo al celebrar la grave lesión que sufrió
Kevin Durant. Una actitud que fue recriminada en el parqué no sólo por los compañeros
de KD, sino por los propios jugadores de los Raptors, que pidieron una ovación
para el 35 de los Warriors. No fue así en el ya famoso Jurassic Park (“El
Botellón”), donde los presentes aplaudieron reiteradas veces el lance que dejó
a Durant fuera de combate. Sin duda, una conducta reprochable.

Stephen Curry

El alma de este equipo de leyenda
es él. Se ha ganado todos y cada uno de los halagos que se ha llevado a lo
largo de este lustro. Los fríos datos dicen que su rendimiento en todas las
Finales jugadas ha sido soberbio, pero el feeling
no es tan positivo. Y es que da la sensación de que cuando el anillo está en
juego y el viento sopla en contra, Curry no es Don Stephen, el de las rachas de triples imposibles. Por eso Durant
le “levantó” el MVP de las Finales del año pasado, porque el único partido
apretado (el tercero) lo decidió el alero y no él. Lo mismo pasó en 2017.

Ante los Raptors, Steph fue las dos
caras de la moneda. En el Game 3, sin KD ni Klay Thompson, anotó 47 puntos.
Tiró del carro, pero no bastó. Estuvo demasiado solo. En el sexto y definitivo,
firmó un último cuarto horrible cuya guinda fue un triple fallado a falta de
ocho segundos con su equipo un punto abajo en el marcador. Las cámaras le
enfocaban y su rostro cabizbajo delataba que sabía que había tenido el Game 7
en sus manos porque era un tiro que había metido de esa forma cientos de veces.
El otro Splash Brother cayó lesionado en ese encuentro y al base de Akron le
quemó el balón cuando los dubs se
aferraban a él.

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