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Asalto a Anfield por partida doble

Diego G. Argota @Diego21Garcia 17-03-2020

Corrió Marcos Llorente, solo contra el mundo, sin demasiadas opciones de éxito para sacarse un zurriagazo con la derecha que dejaba casi sentenciado el pase del Atlético a cuartos de final. Poco antes había endulzado él mismo el camino cuando con un derechazo más colocado que potente marcaba el primero del Atlético en tierras inglesas. Morata puso la puntilla. El punta tuvo gasolina para apenas quince minutos. Salió lesionado, marcó el gol del cojo, y agravó sus problemas. El Atlético pasó de ronda en la edición de la Champions League 2019-2020, en un partido extraño que quizás no debía haberse jugado y seguro que no con la presencia de público. Pero sobre ese se ha escrito ya mucho. El Atlético está vivo en una competición que está muerta. Ya se verá que pasa.

No era la primera vez que el Atlético asaltaba Anfield. Tampoco sería la última. Con todo cerrado, todo suspendido, aplazado o cancelado, el equipo rojiblanco se teletransportó a 2010 para pasar las primeras horas de las muchas que vendrán en casa. Lo que arrancó como una iniciativa por las redes sociales como un revisionado del Atlético-Bayern del 2016 acabó con una fecha y hora definida para ver el Liverpool-Atlético de 2010 como si fuera la primera vez. La recepción fue tal que la web en la que estaba alojado el partido contra los teutones se cayó y hubo que maniobrar para no quedarse un sábado sin fútbol. Julio Maldini contribuyó colgando el duelo de Anfield de su extenso archivo y la afición rojiblanca no falló.

Calentó la previa, se tomó sus cervezas de rigor e incluso publicó fotos (de archivo) desde dentro del estadio. Hubo hasta quien se puso nervioso, quien sufrió con cada llegada red y quien golpeó la mesa del salón con cada desajuste entre Perea y Domínguez. Pero el Atlético no falló y volvió a eliminar al Liverpool en casa mientras por el rabillo del ojo veía que su rival iba a ser el Fulham y no el Hamburgo, donde se jugará la final la próxima semana.

El gol de Forlán a pase de Reyes resonó en mi barrio minutos después del maravilloso aplauso sanitario (extensible a todo el personal de limpieza, farmacéutico y comercial que no puede hacer cuarentena y se expone al dichoso virus por y para la supervivencia de todos). Qué bueno era el uruguayo y qué bien le habría venido al Atlético que el Kun pudiera haber llegado a conocer a Simeone porque igual la historia era incluso mejor.

Aquel día, hace ya casi 10 años, una precipitación de Salvio en el primer balón que tocaba, en el último minuto de la prórroga, me hizo romper parte del marco de la puerta del salón (mi madre al fin resolverá el misterio cuando lea este artículo) porque en un contragolpe en el que iba solo contra el mundo decidió chutar desde medio campo sin éxito y eso dio al Liverpool alas para tener las últimas dos ocasiones para haber pasado a la final. El sábado no rompí nada, aunque me enfadé solo de recordarlo y eché una fría mirada al lugar del crimen poco antes de recordar que es uno de los partidos más festejados en la historia como aficionado. Más incluso que la final. Asaltar Anfield suponía volver a la élite europea mientras Fernando Torres, que se había ido del Atlético en busca de títulos, veía desde la grada, lesionado, como el Atlético lo iba a hacer antes que los reds.

Son tiempos de ingenio, época donde comprobaremos acciones insólitas desde los balcones y momentos en los que habrá que estar unidos. No poder ir cada 15 días al Metropolitano no significa que se acabe el Atleti. El sábado, a la misma hora que Pedro Sánchez declaraba el Estado de Alarma, #CholoEnCasa y #AnfieldRojiblanco, los hashtags con los que se invitaba a la locura del revisionado, eran líderes en tendencias en el país. No era cuestión de unos pocos. Aflorarán nuevas protestas. En las últimas noches, Nápoles ha instado a los seguidores de su equipo a salir a los balcones a cantar un giorno all improvviso, y dado que es un cántico que la afición rojiblanca tradujo para sí (Los años han pasado…) no sería ninguna sorpresa que las barriadas rojiblancas empiecen a sonar como el fondo sur del estadio una noche de estas.

La Liga volverá, o no. La Champions correrá la misma suerte. Saldrán deportistas contagiados por el dichoso virus que hemos de matar entre todos para no volver a verlo jamás en el futuro. Nadie es inmune. Es época de aprovechar para descansar, recuperar de esa dichosa lesión que te trastorna durante semanas y de pasar tiempo con los seres queridos que día a día has tenido que abandonar por los quehaceres. Y sí. Es época de fútbol. Es época de Atleti. Nunca es mal momento para volver a ver los mejores goles del Doblete, la hazaña del Camp Nou en 2014 o alguna noche histórica de Champions. Quédate en casa.

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Corrió Marcos Llorente, solo contra el mundo, sin demasiadas opciones de éxito para sacarse un zurriagazo con la derecha que dejaba casi sentenciado el pase del Atlético a cuartos de final. Poco antes había endulzado él mismo el camino cuando con un derechazo más colocado que potente marcaba el primero del Atlético en tierras inglesas. Morata puso la puntilla. El punta tuvo gasolina para apenas quince minutos. Salió lesionado, marcó el gol del cojo, y agravó sus problemas. El Atlético pasó de ronda en la edición de la Champions League 2019-2020, en un partido extraño que quizás no debía haberse jugado y seguro que no con la presencia de público. Pero sobre ese se ha escrito ya mucho. El Atlético está vivo en una competición que está muerta. Ya se verá que pasa.

No era la primera vez que el Atlético asaltaba Anfield. Tampoco sería la última. Con todo cerrado, todo suspendido, aplazado o cancelado, el equipo rojiblanco se teletransportó a 2010 para pasar las primeras horas de las muchas que vendrán en casa. Lo que arrancó como una iniciativa por las redes sociales como un revisionado del Atlético-Bayern del 2016 acabó con una fecha y hora definida para ver el Liverpool-Atlético de 2010 como si fuera la primera vez. La recepción fue tal que la web en la que estaba alojado el partido contra los teutones se cayó y hubo que maniobrar para no quedarse un sábado sin fútbol. Julio Maldini contribuyó colgando el duelo de Anfield de su extenso archivo y la afición rojiblanca no falló.

Calentó la previa, se tomó sus cervezas de rigor e incluso publicó fotos (de archivo) desde dentro del estadio. Hubo hasta quien se puso nervioso, quien sufrió con cada llegada red y quien golpeó la mesa del salón con cada desajuste entre Perea y Domínguez. Pero el Atlético no falló y volvió a eliminar al Liverpool en casa mientras por el rabillo del ojo veía que su rival iba a ser el Fulham y no el Hamburgo, donde se jugará la final la próxima semana.

El gol de Forlán a pase de Reyes resonó en mi barrio minutos después del maravilloso aplauso sanitario (extensible a todo el personal de limpieza, farmacéutico y comercial que no puede hacer cuarentena y se expone al dichoso virus por y para la supervivencia de todos). Qué bueno era el uruguayo y qué bien le habría venido al Atlético que el Kun pudiera haber llegado a conocer a Simeone porque igual la historia era incluso mejor.

Aquel día, hace ya casi 10 años, una precipitación de Salvio en el primer balón que tocaba, en el último minuto de la prórroga, me hizo romper parte del marco de la puerta del salón (mi madre al fin resolverá el misterio cuando lea este artículo) porque en un contragolpe en el que iba solo contra el mundo decidió chutar desde medio campo sin éxito y eso dio al Liverpool alas para tener las últimas dos ocasiones para haber pasado a la final. El sábado no rompí nada, aunque me enfadé solo de recordarlo y eché una fría mirada al lugar del crimen poco antes de recordar que es uno de los partidos más festejados en la historia como aficionado. Más incluso que la final. Asaltar Anfield suponía volver a la élite europea mientras Fernando Torres, que se había ido del Atlético en busca de títulos, veía desde la grada, lesionado, como el Atlético lo iba a hacer antes que los reds.

Son tiempos de ingenio, época donde comprobaremos acciones insólitas desde los balcones y momentos en los que habrá que estar unidos. No poder ir cada 15 días al Metropolitano no significa que se acabe el Atleti. El sábado, a la misma hora que Pedro Sánchez declaraba el Estado de Alarma, #CholoEnCasa y #AnfieldRojiblanco, los hashtags con los que se invitaba a la locura del revisionado, eran líderes en tendencias en el país. No era cuestión de unos pocos. Aflorarán nuevas protestas. En las últimas noches, Nápoles ha instado a los seguidores de su equipo a salir a los balcones a cantar un giorno all improvviso, y dado que es un cántico que la afición rojiblanca tradujo para sí (Los años han pasado…) no sería ninguna sorpresa que las barriadas rojiblancas empiecen a sonar como el fondo sur del estadio una noche de estas.

La Liga volverá, o no. La Champions correrá la misma suerte. Saldrán deportistas contagiados por el dichoso virus que hemos de matar entre todos para no volver a verlo jamás en el futuro. Nadie es inmune. Es época de aprovechar para descansar, recuperar de esa dichosa lesión que te trastorna durante semanas y de pasar tiempo con los seres queridos que día a día has tenido que abandonar por los quehaceres. Y sí. Es época de fútbol. Es época de Atleti. Nunca es mal momento para volver a ver los mejores goles del Doblete, la hazaña del Camp Nou en 2014 o alguna noche histórica de Champions. Quédate en casa.

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