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Huesca

Arriesgar para ganar

Propuestas de mínimos, Liga de mínimos. Causa y efecto. No es casualidad que el campeonato español haya sido durante la pasada temporada el que ha registrado una menor media de gol por partido (2.48) entre las cinco grandes ligas europeas, muy lejos de la Bundesliga (3.21) o la Serie A (3.04). Una última posición que ya fue así en la 2018/2019 (2.53) y una tendencia a la baja que se está repitiendo también en este primer cuarto de la temporada 2020/2021 (2.43).

Contaba Unai Emery en una reciente entrevista concedida a ‘El País’ que “el fútbol de orden que vemos tiene que ver con el mensaje de mantener tu portería a cero. Se mira la portería contraria con precauciones. Este mensaje ha calado”. El juego vistoso, la voluntad de manejar los ritmos y dominar al rival a través de la posesión, y sobre todo por medio de progresiones rasas, ágiles y ordenadas desde los primeros pases, va contra la organización defensiva de las estructuras tácticas más imperantes actualmente en nuestro campeonato, lo que le ha hecho perder al fútbol propositivo gran parte del terreno que al inicio de la década dominaba ampliamente.

“En España los entrenadores somos muy organizados, muy tácticos y competitivos. Y eso es como la manta corta. Nos da una riqueza y nos aleja del fútbol espectáculo”, decía el entrenador del Villarreal. “La segunda liga más vista del mundo siempre fue la española porque aquí se jugaba el mejor fútbol. Para que esto siga siendo así tenemos que ser capaces de generar un juego donde pasen cosas. La estadística nos señala que tenemos trabajo por hacer”, advertía Emery.

En España se está viendo cómo ciertas propuestas, obviamente muy valorables y totalmente respetables, basadas en el trabajo sin balón, bien con bloques altos o bien con bloques más bajos pero focalizadas en ataques poco elaborados, directos, que aprovechen los errores del rival y que no busquen generar juego de una manera asociativa están triunfando e imponiéndose tanto por número como por rendimiento a la hora de competir. La receta habitual para no sufrir, ya sea presionando arriba o viviendo juntos abajo, es ser mucho más fuertes en los conceptos defensivos que ideando y erigiendo una fase ofensiva proactiva. Mientras tanto, en Europa, en líneas generales, el juego está tomando otros caminos, más enfocados al ida y vuelta, a explotar las transiciones, apostando por ser muy verticales y profundos, pero también por construir las ventajas que lo permiten a través del cuidado de la posesión en cada inicio de pelota desde atrás.

En Italia, sin ir más lejos, la táctica está viviendo un florecimiento totalmente opuesto a la tendencia española. Todo ello a raíz del éxito futbolístico de equipos más modestos como la Atalanta, con su vertical capacidad para crear ocasiones de peligro constantes, o el Sassuolo, con su juego de posición más clásico y la aptitud colectiva de progresar hacia el gol con pases cortos y combinaciones ágiles. Y también de otros clubes aún más modestos o que incluso acabaron descendiendo como el Benevento del propio Roberto De Zerbi en su momento, el Lecce de Fabio Liverani el curso pasado o el Crotone y el Spezia de Giovanni Stroppa y Vincenzo Italiano, respectivamente, en este misma campaña. Equipos que buscan proponer en cualquier escenario sin dejar por ello de adaptarse al rival y que entienden que esa es la mejor forma de sumar, crecer como institución, evolucionar como equipo y asentarse en la máxima categoría.

Ese tipo de conjuntos que propone un fútbol propositivo desde la modestia en sus presupuestos y en los recursos que pueden extraer de sus plantillas está representado en La Liga casi exclusivamente por el Huesca de Míchel, que todavía no conoce la victoria en las diez jornadas que llevamos de campeonato a pesar de que solo ha perdido tres encuentros, demostrando que está quedándose mucho más cerca de ganar partidos de lo que podría parecer si solo observásemos su puntuación y su posición. Y es que el cuadro oscense se caracteriza por salir jugando desde su portero, por asumir riesgos para obtener recompensas y por atraer el bloque rival para encontrar espacios amplios que explotar a la espalda de su primera línea de presión y de la línea del centro del campo del adversario.

Los altoaragoneses suelen construir su fútbol más vertical a través de cadenas de pases exteriores y logran estirarse muy bien a través de los carriles intermedios, allí donde resulta más difícil ser defendido, gracias en parte al gran intercambio posicional de sus puntas en el 4-3-3 con balón que pone en liza el técnico madrileño. Un esquema que cambia rápidamente a un 4-4-2 en fase defensiva, que maneja varias alternativas para jugar en largo, aunque siempre con automatismos y movimientos que favorezcan la asociación y las sinergias de sus futbolistas, y que mezcla de maravilla con el apoyo habitual de sus posesiones sobre un mediocentro posicional y organizador tan técnico como Pedro Mosquera. Un equipo que da mucho peso creativo, altura y proyección a sus laterales —solo Ferland Mendy realiza más regates exitosos por partido que Javi Galán entre los defensas titulares de La Liga en línea de cuatro, por ejemplo— y que sabe circular ágilmente el cuero cuando se planta en la mitad de campo rival.

Hay varias estadísticas que reflejan el cariz y el carácter ofensivo del Huesca, así como la filosofía de su entrenador. Es el 10º equipo de La Liga que más dispara, el 10º con mayor porcentaje de posesión, el 8º con más acierto en el pase, aunque ha sido muy penalizado por las acciones a balón parado, ya que hasta 7 de los 16 tantos encajados han llegado en jugadas de estrategia (4) o desde el punto de penalti (3), el que más junto al Valladolid. Sin balón, su 4-4-2 defiende bien los espacios entre líneas, no presiona alto, sino que prefiere esperar en un bloque medio bastante asentado, cerrar líneas de pase y desplegarse tras robo para transitar y girar al rival. No es casual que sea el 5º equipo de La Liga que más balones intercepta por encuentro (12.7).

Por otro lado, el Huesca es un conjunto capaz de alcanzar con asiduidad el último tercio del campo para generar ocasiones de forma bastante continua. Además, cuenta con el excelente pie derecho de David Ferreiro para poner centros laterales —solo Jesús Navas (2.4) pone más centros que encuentran remate por partido que el gallego (2.2) — y encontrar dos opciones de remate muy dentro del área rival, más un llegador como Mikel Rico. En este sentido, Rafa Mir es el cuarto jugador de La Liga que más tira por partido dentro del área (2.2), tan solo por detrás de Gerard Moreno (2.9), Luis Suárez (2.5) y Lionel Messi (2.4) y muy por encima de otros delanteros referenciales como Álvaro Negredo (1.4), Joselu (1.3), Sergi Guardiola (1.2), Lucas Boyé (1.0), Enric Gallego (0.9), Jaime Mata (0.9), Roberto Soldado (0.7) o Maxi Gómez (0.6).

Un síntoma evidente del alto caudal ofensivo del equipo aragonés en comparación con sus competidores más directos o con equipos que se han asentado en zonas tranquilas o incluso en puestos europeos de la clasificación con ideas de juego diametralmente diferentes. En definitiva, es un equipo que asume los riesgos que conlleva su propuesta, que en ocasiones puede pagarlos, pero que está convencido de que esa necesidad de ser extremadamente preciso en la construcción inicial del juego acaba por reportar más beneficios que perjuicios a largo plazo.

Sin ir más lejos, en su último encuentro ante Osasuna, hubo dos acciones consecutivas totalmente significativas para entender la esencia futbolística de este Huesca. En el primer minuto de juego, Andrés Fernández, que no es precisamente un portero que destaque por su juego de pies —lo que hace aún más meritorio el plan de juego y redunda en la búsqueda de los propios límites del equipo como colectivo para alcanzar su mejor nivel posible—, falló una entrega en la salida que a punto estuvo de costarle un gol. Sin embargo, dos minutos más tarde, en este caso por medio de Pedro López, los de Míchel volvieron a construir el juego de la misma manera. El lateral valenciano atrajo la presión en la esquina de su propio área y puso un balón por alto hacia la recepción muy lateralizada y partiendo desde zonas centrales de Mikel Rico, quien tocó de primeras con la cabeza hacia el apoyo de Sandro en el carril intermedio, que solo tuvo que girarse para lanzar a Rafa Mir al espacio gracias a su desmarque exterior y acompañar la acción para unos segundos después recoger el rechace de Sergio Herrera y marcar el 0-1.

Un sistema de atracción de marcas, movimientos automatizados, pases a un toque, arrastres, ofrecimientos por delante de la pelota para propiciar la aparición de espacios amplios a explotar en carrera y dañar la transición defensiva del rival cuando acude a apretar arriba que el Huesca dejó de realizar en la segunda mitad. En parte por los ajustes de Jagoba Arrasate al descanso para no conceder tanto espacio a la espalda de su medular y su lateral izquierdo, y en parte por la urgencia oscense de defender el resultado para sumar de una vez por todas los tres puntos. El Huesca pasó así de un 49% de posesión en la primera mitad al 41% de la segunda, de 9 a 17 despejes, redujo drásticamente su precisión y concedió 14 disparos por los 4 de los 45’ iniciales. Osasuna acabó por empatar pasada la hora de juego y, de hecho, mereció llevarse la victoria.

El aprendizaje para el Huesca está más que claro. No es que tenga que dejar de arriesgar para conseguir al fin su primera y merecida victoria en su regreso a La Liga, es que tiene que seguir arriesgando, incluso durante más tiempo a lo largo de los partidos. Arriesgar para ganar, incluso cuando todavía no se ha ganado, incluso cuando se va ganando. Por eso el Huesca de Míchel, un recién ascendido contracultural en La Liga actual, supone una noticia tan positiva para el campeonato. Un equipo capaz de asumir el protagonismo del juego a través del balón para buscar el gol en la portería rival antes que el cero en la propia, que enarbola la bandera del fútbol propositivo que en España se ha ido abandonando paulatinamente con todas las consecuencias y también con toda su personalidad, que entiende que para gustar, para crecer, para evolucionar y sobre todo para ganar partidos hay que arriesgar. Igual que en la vida.

Imagen de cabecera: JOSE JORDAN/AFP via Getty Images

Sevilla. Periodista | #FVCG | Calcio en @SpheraSports | @ug_football | De portero melenudo, defensa leñero, trequartista de clase y delantero canchero

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