_Sudamérica

Argentina y Uruguay quieren organizar juntos el Mundial 2030

Argentina y Uruguay no le quieren perder pisada a Brasil y decidieron apartar su histórica rivalidad futbolística para aliarse en la postulación a la organización de grandes eventos deportivos, desde el Mundial de fútbol de 2030 hasta el de baloncesto de 2023, mientras Buenos Aires mantiene vivo su sueño de albergar unos Juegos Olímpicos.

El Río de la Plata, el fútbol, disputas ambientales, los derechos de autor sobre el dulce de leche y el origen de Carlos Gardel dividen a estos dos países vecinos. Pero también son muchos los puntos en común que comparten argentinos y uruguayos. Y el tema entró incluso en la agenda presidencial. «Vamos a trabajar en conjunto para aspirar a la realización del Mundial para el 2030», ratificó en octubre el mandatario argentino Mauricio Macri tras reunirse con su par uruguayo, Tabaré Vázquez.

A falta de nuevos títulos, Argentina aporta su experiencia como sede del Mundial de 1978, pese a que fue organizado por la entonces gobernante dictadura militar con claros fines políticos, sus dos títulos mundiales en 1978 y 1986, su liderazgo futbolístico con emblemas como Diego Maradona y Lionel Messi. Uruguay quiere celebrar en tanto el centenario de la primera Copa del Mundo de fútbol organizada en 1930 en Montevideo.

Empresarios argentinos y uruguayos crearon una asociación binacional para apoyar la iniciativa y hasta el momento no se vislumbran grandes competidores para albergar el Mundial de 2030. El fútbol inspiró luego al baloncesto y Argentina invitó a Uruguay a una postulación conjunta para organizar el Mundial 2023 de la disciplina.

 

Los Juegos Olímpicos asoman en tanto como un desafío más complejo tanto organizativa como financieramente. A Río de Janeiro le costaron unos 11.000 millones de euros. Una cifra difícil de afrontar para Argentina, con un 32 por ciento de su población sumida en la pobreza y en una recesión económica de la que no logra aún salir. Buenos Aires fracasó en su postulación como sede de los Juegos de 2004. Llegó a ser finalista pero perdió luego ante Atenas, una espina que quedó clavada. Los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018 pueden ser un banco de prueba para las aspiraciones de la capital argentina, que quiere volver a intentarlo para 2028.

 

Sp_

siguenos en:

©2019 Copyright Sphera Sports | Derechos reservados

Argentina y Uruguay no le quieren perder pisada a Brasil y decidieron apartar su histórica rivalidad futbolística para aliarse en la postulación a la organización de grandes eventos deportivos, desde el Mundial de fútbol de 2030 hasta el de baloncesto de 2023, mientras Buenos Aires mantiene vivo su sueño de albergar unos Juegos Olímpicos.

El Río de la Plata, el fútbol, disputas ambientales, los derechos de autor sobre el dulce de leche y el origen de Carlos Gardel dividen a estos dos países vecinos. Pero también son muchos los puntos en común que comparten argentinos y uruguayos. Y el tema entró incluso en la agenda presidencial. «Vamos a trabajar en conjunto para aspirar a la realización del Mundial para el 2030», ratificó en octubre el mandatario argentino Mauricio Macri tras reunirse con su par uruguayo, Tabaré Vázquez.

A falta de nuevos títulos, Argentina aporta su experiencia como sede del Mundial de 1978, pese a que fue organizado por la entonces gobernante dictadura militar con claros fines políticos, sus dos títulos mundiales en 1978 y 1986, su liderazgo futbolístico con emblemas como Diego Maradona y Lionel Messi. Uruguay quiere celebrar en tanto el centenario de la primera Copa del Mundo de fútbol organizada en 1930 en Montevideo.

Empresarios argentinos y uruguayos crearon una asociación binacional para apoyar la iniciativa y hasta el momento no se vislumbran grandes competidores para albergar el Mundial de 2030. El fútbol inspiró luego al baloncesto y Argentina invitó a Uruguay a una postulación conjunta para organizar el Mundial 2023 de la disciplina.

 

Los Juegos Olímpicos asoman en tanto como un desafío más complejo tanto organizativa como financieramente. A Río de Janeiro le costaron unos 11.000 millones de euros. Una cifra difícil de afrontar para Argentina, con un 32 por ciento de su población sumida en la pobreza y en una recesión económica de la que no logra aún salir. Buenos Aires fracasó en su postulación como sede de los Juegos de 2004. Llegó a ser finalista pero perdió luego ante Atenas, una espina que quedó clavada. Los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018 pueden ser un banco de prueba para las aspiraciones de la capital argentina, que quiere volver a intentarlo para 2028.