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Aquellos New York Knicks de Isiah Thomas

César Martín @CesarMrtn 28-05-2018

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En el mundo del deporte se puede
ser recordado por muchas cosas. Una de ella es por ser un absoluto desastre.
Los New York Knicks de Isiah Thomas son un ejemplo de ello. Entre 2003 y 2008,
el exjugador de los Detroit Pistons fue la cabeza visible tanto en los
despachos como en el banquillo de la franquicia de la Gran Manzana. Un lustro caracterizado
por los jugadores sobrepagados y muchas derrotas.

¡Son el Atleti, Daimiel!”, solía decir
Andrés Montes durante los partidos que narraba de los Knickerbockers. No le faltaba razón. Muchos recordamos los años
del equipo del Manzanares desde su ascenso en 2002 hasta el título de la Europa
League en 2010: bailes constantes de entrenadores, jugadores que venían de
rendir bastante bien en equipos de clase media (Musampa, Luccin, Kezman) y
resultados en el césped muy decepcionantes. Pues eso, trasladado al baloncesto,
eran aquellos Knicks.

No
es que los New York Knicks de ahora sean mucho mejores (de hecho, siguen siendo
una casa de locos), pero esos cinco años son un ejemplo prototípico de proyecto
NBA fallido. Bajo el mandato del base de los míticos Bad Boys, los fans de los Knicks vieron cómo por el Madison Square
Garden desfilaron cinco entrenadores (Don Chaney, Herb Williams, Lenny Wilkens,
Larry Brown y el propio Isiah Thomas) y una retahíla de jugadores con
megacontratos bajo el brazo y un rendimiento sobre el parqué inversamente
proporcional a los ceros de sus cheques.

La
mejor temporada de aquel equipo fue la 2003-04. Era el primer año de Thomas
como Presidente de Operaciones de Baloncesto. No llegaron al 50% de victorias
(nunca lo lograrían), pero en el Este 39 victorias y 43 derrotas eran
suficientes para obtener el boleto a Playoffs. No pasaron de la primera ronda:
fueron barridos por los vecinos: los New Jersey Nets. Las cuatro campañas
siguientes se saldaron con unos balances de 33-49, 23-59, 33-49 y 23-59,
siempre fuera de Playoffs.

Un
mal año tiene su consuelo en las elecciones altas del Draft. ¿Sacaron los
Knicks partido de todas las que tuvieron a lo largo de esos años? Para nada. Mike
Sweetney, Maciej Lampe, Channing Frye, Renaldo Balkman y Wilson Chandler
sufrieron los abucheos de la Knick Nation
al ser anunciados por David Stern en el estrado. Ninguno de ellos transformó la
ira en cariño. Sólo David Lee fue una elección acertada en la Era Thomas.

A
James Dolan, propietario del equipo, se le empezaba a acabar la paciencia. Tras
un mal año con Larry Brown, Thomas fue puesto a los mandos del banquillo. Si no
había mejoras, sería despedido. En abril de 2008, tras la peor temporada de la
historia de los Knicks (hasta 2015), Dolan relevó a Zeke de sus todos sus cargos. En el banquillo le sustituyó Mike
D’Antoni y en los despachos, por Donnie Walsh. Se cerraba así una etapa negra,
la penúltima de la historia de la franquicia hasta el trienio de Phil Jackson.

El Muro de la Fama de la era de Isiah Thomas al frente de los Knicks
lo encabeza Eddy Curry, un eterno quebradero de cabeza para sus entrenadores.
En octubre de 2005, Thomas lo adquirió desde Chicago a cambio de dos futuras primeras
rondas que los Bulls invirtieron en LaMarcus Aldridge y Joakim Noah.

Curry
es uno de tantos jugadores habidos y por haber con la etiqueta de si hubiera querido, hubiese sido una
estrella
. Los problemas de coco,
rebote, defensa, cardiacos y peso fueron un cóctel que hizo que sus números
decayeran año a año. Si a eso le sumas su contrato de 60 millones de dólares,
Eddy Curry representa mejor que nadie lo que fueron aquellos Knicks:
despilfarro y poco rendimiento.

El
jugador franquicia de esos Knickerbockers era Stephon Marbury. Starbury, de la gran promoción del 96,
aterrizó en Nueva York procedente de Phoenix a mediados de la temporada 2003-04.
El clásico traspaso de jugador que termina contrato a final de año. Marbury,
todo un All-Star de 20 puntos y 8 asistencias fáciles por noche, acabó firmando
una renovación gigantesca: cinco años y 90 millones de dólares.

Los
números del base, si bien pueden considerarse buenos, no eran suficientes como
para hacer un equipo ganador. Eran más notorios sus choques públicos con Thomas
y Larry Brown y sus disputas compañeros y aficionados. Los Knicks le buscaron
una salida de forma desesperada, pero su contrato era inasumible para cualquier
equipo, y más tratándose de un jugador tan indisciplinado como él. Al final, optaron
por cortarle pagándole el año de contrato que le quedaba.

Allan
Houston fue uno de los artífices del subcampeonato de NY en 1999. El escolta
está entre los mejores jugadores de la historia de la franquicia. ¿Por qué se
encuentra en este Wall of Fame? Por
sus últimos dos años y, sobre todo, el contrato que firmó coincidiendo con ese
bienio.

En
2001, Houston extendió su relación con los Knicks por seis años y 100 millones
de dólares. El problema vino cuando el jugador comenzó a sufrir problemas
serios en la rodilla, lo que convirtió su contrato en una carga. Tanto, que la
NBA creó una cláusula de amnistía que permite a los equipos deshacerse de un
contrato tóxico sin que este cuente para el límite salarial y el impuesto de
lujo. Como el ejemplo más claro era el del jugador de los Knicks, la norma fue
llamada Allan Houston Rule.

Ironías
de la vida, los neoyorquinos no usarían la Regla Allan Houston en Allan Houston
(72 partidos en dos años), sino en Jerome Williams. Los Knicks absorbieron en 2004 el contrato que había firmado con
Toronto tres años antes: siete temporadas y 41 millones. Junkyard Dog vistió la elástica neoyorquina únicamente una campaña
(4’5 puntos y 3’6 rebotes). Con todavía tres años y 21 millones pendientes,
Thomas optó por aplicarle la Allan
Houston Rule
. Dos días más tarde, Williams anunció su retirada del
baloncesto, pero New York llenó su billetera hasta 2008. Al menos no tuvo consecuencias
en las cuentas de la franquicia.

Otro
que fue uno de los mejores jugadores del mundo hasta que las lesiones acabaron fue
Penny Hardaway. Anfernee llegó al MSG con 32 años en plena curva descendente,
procedente de los Suns junto a Marbury. Los Knicks desembolsaron unos 37 kilos
en Hardaway por tres años y medio y un total de 84 partidos (cada partido suyo
le costó al equipo unos 442.000 dólares).
La relación contrato/rendimiento de Penny fue una losa para los Knicks hasta
que el ex de la Universidad de Memphis se retiró en 2006.

6’1
puntos y 4’6 rebotes de media en cuatro temporadas en Washington bastaron para
que los Knicks le extendieran un cheque de 30 millones por cinco años a Jared
Jeffries. Los Wizards no se molestaron en hacer el más mínimo esfuerzo por
retenerle. El papel de Jeffries en
New York fue absolutamente secundario y terminó siendo traspasado a los Rockets
en 2010. Regresó a los Knicks un año más tarde, pero acabó chupando más
banquillo todavía.

Otra
transacción gloriosa fue la contratación de
Jerome James. Su gran 2005 con los SuperSonics sirvió para que los Knicks
le ofreciesen a este ex de los Globetrotters un contrato de seis años y treinta
millones. No es que de aquella fuese una burrada, pero teniendo en cuenta que
sus números fueron de 2’5 puntos y 1’2 rebotes por noche, está claro que fue
una inversión pésima. Siempre fuera de forma o lesionado (90 partidos jugados
de 328 posibles), James es un claro ejemplo de jugador que rinde bien solamente
un año, logra un buen contrato y después su aportación es testimonial.

Mención
especial merecen Michael Sweetney y Renaldo Balkman. No duraron mucho en la
Gran Manzana, pero estuvieron lo suficiente como para servir de ejemplo de
elecciones de rookies de primera ronda tiradas a la basura. De hecho, la
elección de Balkman fue lo que empezó a agotar la paciencia de los seguidores
de los Knicks.

Pero no todo iba a ser despilfarro en
jugadores. También lo hubo en los banquillos. Los Knicks llevaban semanas
coqueteando con el entrenador de los Pistons, Larry Brown. Una vez que los de
Michigan le despidieron, los neoyorquinos le convirtieron en el técnico mejor
pagado de toda la NBA: entre 50 y 60 millones de dólares por cinco campañas.
Sólo estuvo una. Tras un récord de 23-59 y un sinfín de rifirrafes públicos con
Stephon Marbury, Brown fue despedido. Eso sí, la franquicia tuvo que seguir
apoquinando dicho contrato los años que restaban. Puro estilo Knicks.

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En el mundo del deporte se puede
ser recordado por muchas cosas. Una de ella es por ser un absoluto desastre.
Los New York Knicks de Isiah Thomas son un ejemplo de ello. Entre 2003 y 2008,
el exjugador de los Detroit Pistons fue la cabeza visible tanto en los
despachos como en el banquillo de la franquicia de la Gran Manzana. Un lustro caracterizado
por los jugadores sobrepagados y muchas derrotas.

¡Son el Atleti, Daimiel!”, solía decir
Andrés Montes durante los partidos que narraba de los Knickerbockers. No le faltaba razón. Muchos recordamos los años
del equipo del Manzanares desde su ascenso en 2002 hasta el título de la Europa
League en 2010: bailes constantes de entrenadores, jugadores que venían de
rendir bastante bien en equipos de clase media (Musampa, Luccin, Kezman) y
resultados en el césped muy decepcionantes. Pues eso, trasladado al baloncesto,
eran aquellos Knicks.

No
es que los New York Knicks de ahora sean mucho mejores (de hecho, siguen siendo
una casa de locos), pero esos cinco años son un ejemplo prototípico de proyecto
NBA fallido. Bajo el mandato del base de los míticos Bad Boys, los fans de los Knicks vieron cómo por el Madison Square
Garden desfilaron cinco entrenadores (Don Chaney, Herb Williams, Lenny Wilkens,
Larry Brown y el propio Isiah Thomas) y una retahíla de jugadores con
megacontratos bajo el brazo y un rendimiento sobre el parqué inversamente
proporcional a los ceros de sus cheques.

La
mejor temporada de aquel equipo fue la 2003-04. Era el primer año de Thomas
como Presidente de Operaciones de Baloncesto. No llegaron al 50% de victorias
(nunca lo lograrían), pero en el Este 39 victorias y 43 derrotas eran
suficientes para obtener el boleto a Playoffs. No pasaron de la primera ronda:
fueron barridos por los vecinos: los New Jersey Nets. Las cuatro campañas
siguientes se saldaron con unos balances de 33-49, 23-59, 33-49 y 23-59,
siempre fuera de Playoffs.

Un
mal año tiene su consuelo en las elecciones altas del Draft. ¿Sacaron los
Knicks partido de todas las que tuvieron a lo largo de esos años? Para nada. Mike
Sweetney, Maciej Lampe, Channing Frye, Renaldo Balkman y Wilson Chandler
sufrieron los abucheos de la Knick Nation
al ser anunciados por David Stern en el estrado. Ninguno de ellos transformó la
ira en cariño. Sólo David Lee fue una elección acertada en la Era Thomas.

A
James Dolan, propietario del equipo, se le empezaba a acabar la paciencia. Tras
un mal año con Larry Brown, Thomas fue puesto a los mandos del banquillo. Si no
había mejoras, sería despedido. En abril de 2008, tras la peor temporada de la
historia de los Knicks (hasta 2015), Dolan relevó a Zeke de sus todos sus cargos. En el banquillo le sustituyó Mike
D’Antoni y en los despachos, por Donnie Walsh. Se cerraba así una etapa negra,
la penúltima de la historia de la franquicia hasta el trienio de Phil Jackson.

El Muro de la Fama de la era de Isiah Thomas al frente de los Knicks
lo encabeza Eddy Curry, un eterno quebradero de cabeza para sus entrenadores.
En octubre de 2005, Thomas lo adquirió desde Chicago a cambio de dos futuras primeras
rondas que los Bulls invirtieron en LaMarcus Aldridge y Joakim Noah.

Curry
es uno de tantos jugadores habidos y por haber con la etiqueta de si hubiera querido, hubiese sido una
estrella
. Los problemas de coco,
rebote, defensa, cardiacos y peso fueron un cóctel que hizo que sus números
decayeran año a año. Si a eso le sumas su contrato de 60 millones de dólares,
Eddy Curry representa mejor que nadie lo que fueron aquellos Knicks:
despilfarro y poco rendimiento.

El
jugador franquicia de esos Knickerbockers era Stephon Marbury. Starbury, de la gran promoción del 96,
aterrizó en Nueva York procedente de Phoenix a mediados de la temporada 2003-04.
El clásico traspaso de jugador que termina contrato a final de año. Marbury,
todo un All-Star de 20 puntos y 8 asistencias fáciles por noche, acabó firmando
una renovación gigantesca: cinco años y 90 millones de dólares.

Los
números del base, si bien pueden considerarse buenos, no eran suficientes como
para hacer un equipo ganador. Eran más notorios sus choques públicos con Thomas
y Larry Brown y sus disputas compañeros y aficionados. Los Knicks le buscaron
una salida de forma desesperada, pero su contrato era inasumible para cualquier
equipo, y más tratándose de un jugador tan indisciplinado como él. Al final, optaron
por cortarle pagándole el año de contrato que le quedaba.

Allan
Houston fue uno de los artífices del subcampeonato de NY en 1999. El escolta
está entre los mejores jugadores de la historia de la franquicia. ¿Por qué se
encuentra en este Wall of Fame? Por
sus últimos dos años y, sobre todo, el contrato que firmó coincidiendo con ese
bienio.

En
2001, Houston extendió su relación con los Knicks por seis años y 100 millones
de dólares. El problema vino cuando el jugador comenzó a sufrir problemas
serios en la rodilla, lo que convirtió su contrato en una carga. Tanto, que la
NBA creó una cláusula de amnistía que permite a los equipos deshacerse de un
contrato tóxico sin que este cuente para el límite salarial y el impuesto de
lujo. Como el ejemplo más claro era el del jugador de los Knicks, la norma fue
llamada Allan Houston Rule.

Ironías
de la vida, los neoyorquinos no usarían la Regla Allan Houston en Allan Houston
(72 partidos en dos años), sino en Jerome Williams. Los Knicks absorbieron en 2004 el contrato que había firmado con
Toronto tres años antes: siete temporadas y 41 millones. Junkyard Dog vistió la elástica neoyorquina únicamente una campaña
(4’5 puntos y 3’6 rebotes). Con todavía tres años y 21 millones pendientes,
Thomas optó por aplicarle la Allan
Houston Rule
. Dos días más tarde, Williams anunció su retirada del
baloncesto, pero New York llenó su billetera hasta 2008. Al menos no tuvo consecuencias
en las cuentas de la franquicia.

Otro
que fue uno de los mejores jugadores del mundo hasta que las lesiones acabaron fue
Penny Hardaway. Anfernee llegó al MSG con 32 años en plena curva descendente,
procedente de los Suns junto a Marbury. Los Knicks desembolsaron unos 37 kilos
en Hardaway por tres años y medio y un total de 84 partidos (cada partido suyo
le costó al equipo unos 442.000 dólares).
La relación contrato/rendimiento de Penny fue una losa para los Knicks hasta
que el ex de la Universidad de Memphis se retiró en 2006.

6’1
puntos y 4’6 rebotes de media en cuatro temporadas en Washington bastaron para
que los Knicks le extendieran un cheque de 30 millones por cinco años a Jared
Jeffries. Los Wizards no se molestaron en hacer el más mínimo esfuerzo por
retenerle. El papel de Jeffries en
New York fue absolutamente secundario y terminó siendo traspasado a los Rockets
en 2010. Regresó a los Knicks un año más tarde, pero acabó chupando más
banquillo todavía.

Otra
transacción gloriosa fue la contratación de
Jerome James. Su gran 2005 con los SuperSonics sirvió para que los Knicks
le ofreciesen a este ex de los Globetrotters un contrato de seis años y treinta
millones. No es que de aquella fuese una burrada, pero teniendo en cuenta que
sus números fueron de 2’5 puntos y 1’2 rebotes por noche, está claro que fue
una inversión pésima. Siempre fuera de forma o lesionado (90 partidos jugados
de 328 posibles), James es un claro ejemplo de jugador que rinde bien solamente
un año, logra un buen contrato y después su aportación es testimonial.

Mención
especial merecen Michael Sweetney y Renaldo Balkman. No duraron mucho en la
Gran Manzana, pero estuvieron lo suficiente como para servir de ejemplo de
elecciones de rookies de primera ronda tiradas a la basura. De hecho, la
elección de Balkman fue lo que empezó a agotar la paciencia de los seguidores
de los Knicks.

Pero no todo iba a ser despilfarro en
jugadores. También lo hubo en los banquillos. Los Knicks llevaban semanas
coqueteando con el entrenador de los Pistons, Larry Brown. Una vez que los de
Michigan le despidieron, los neoyorquinos le convirtieron en el técnico mejor
pagado de toda la NBA: entre 50 y 60 millones de dólares por cinco campañas.
Sólo estuvo una. Tras un récord de 23-59 y un sinfín de rifirrafes públicos con
Stephon Marbury, Brown fue despedido. Eso sí, la franquicia tuvo que seguir
apoquinando dicho contrato los años que restaban. Puro estilo Knicks.

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