_Villarreal

Aquel Villarreal

En una generación en la que cada día aceptamos peor la derrota, cuesta caer y aceptar que eres peor. Arrodillarse es casi un acto vergonzante. Roig, presidente del Villarreal, coloreó la infancia de muchos futboleros que nunca pudieron imaginar a un conjunto como el castellonense tan cerca de la final de la Champions League. Exactamente entre los once metros que separaban a Riquelme de Jens Lehmann que, como buen portero alemán, destrozó a todo un pueblo. Su máximo mandatario, al ver como el meta del Arsenal despejaba el temeroso penalti del argentino, se postraba mirando al suelo de su palco presidencial. Era esa la ocasión.

El fracaso tiene muchas acepciones. El cuadro de Manuel Pellegrini nunca quiso aceptar ninguno de los significados que la RAE intenta imponer. Quería seguir en todo lo alto. Por ello, y a pesar del mazazo que significó la marcha de Riquelme un año más tarde, se construyó el mejor conjunto de la historia de los de la Comunitat. Al fin y al cabo, hizo su mejor registro en la competición doméstica, ese trofeo en el que la continuidad hace sombra a la virtud y algarabía de una simple noche, como puede ocurrir en la máxima competición continental.

El ingeniero apostó por cuajar un popurrí de futbolistas veteranos con otros que empezaban a sobresalir en el panorama nacional: Cazorla acababa de volver del Recreativo de Huelva, Giuseppe Rossi fichó procedente del Manchester United y Robert Pirès venía a acabar su carrera tras un paso espectacular en el Arsenal. Otros como Cygan, Javi Venta, Senna o Guille Franco, que vivieron el drama de la Champions, continuaban.

Desde el principio de curso 07/08 se antojó que ese Villarreal iba a estar arriba. La línea de mediapuntas, en las que también se asomaba un Cani que sonaba para la selección, bailó a un ritmo que solo el Real Madrid pudo superar. Acabó segundo en la clasificación, sin ganar nada. Pero, aquellas tardes en La Sexta, con el fútbol todavía jugándose a las 17:00, corroboraron que no siempre el que acaba arrodillado es un perdedor. Con 77 puntos, superó por 10 unidades a un FC Barcelona descompuesto, que acabó tercero por delante de Atlético, Sevilla y un Racing de Santander que se unió a la juerga europea. Lo mismo que ahora.

Imagen de cabecera: Imago

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En una generación en la que cada día aceptamos peor la derrota, cuesta caer y aceptar que eres peor. Arrodillarse es casi un acto vergonzante. Roig, presidente del Villarreal, coloreó la infancia de muchos futboleros que nunca pudieron imaginar a un conjunto como el castellonense tan cerca de la final de la Champions League. Exactamente entre los once metros que separaban a Riquelme de Jens Lehmann que, como buen portero alemán, destrozó a todo un pueblo. Su máximo mandatario, al ver como el meta del Arsenal despejaba el temeroso penalti del argentino, se postraba mirando al suelo de su palco presidencial. Era esa la ocasión.

El fracaso tiene muchas acepciones. El cuadro de Manuel Pellegrini nunca quiso aceptar ninguno de los significados que la RAE intenta imponer. Quería seguir en todo lo alto. Por ello, y a pesar del mazazo que significó la marcha de Riquelme un año más tarde, se construyó el mejor conjunto de la historia de los de la Comunitat. Al fin y al cabo, hizo su mejor registro en la competición doméstica, ese trofeo en el que la continuidad hace sombra a la virtud y algarabía de una simple noche, como puede ocurrir en la máxima competición continental.

El ingeniero apostó por cuajar un popurrí de futbolistas veteranos con otros que empezaban a sobresalir en el panorama nacional: Cazorla acababa de volver del Recreativo de Huelva, Giuseppe Rossi fichó procedente del Manchester United y Robert Pirès venía a acabar su carrera tras un paso espectacular en el Arsenal. Otros como Cygan, Javi Venta, Senna o Guille Franco, que vivieron el drama de la Champions, continuaban.

Desde el principio de curso 07/08 se antojó que ese Villarreal iba a estar arriba. La línea de mediapuntas, en las que también se asomaba un Cani que sonaba para la selección, bailó a un ritmo que solo el Real Madrid pudo superar. Acabó segundo en la clasificación, sin ganar nada. Pero, aquellas tardes en La Sexta, con el fútbol todavía jugándose a las 17:00, corroboraron que no siempre el que acaba arrodillado es un perdedor. Con 77 puntos, superó por 10 unidades a un FC Barcelona descompuesto, que acabó tercero por delante de Atlético, Sevilla y un Racing de Santander que se unió a la juerga europea. Lo mismo que ahora.

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