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Aprovechar el momento

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 12-06-2018

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Hay en la selección
española un futbolista en especial que vive en la cresta de la ola del pico
máximo de rendimiento de su carrera y que afronta la cita mundialista con la
plena consciencia de que a sus casi 31 años es más que posible y muy probable
que no se le vaya a presentar otra oportunidad como esta por delante. Una doble
coyuntura que supone un momento extremadamente singular por parte de un
futbolista muy particular que hay que saber aprovechar para no tener que
arrepentirse luego y que conforma una oportunidad salvaje a la que Julen
Lopetegui está obligado a agarrarse para asaltar la montaña rusa con el mismo
ímpetu y determinación con los que Iago Aspas ha hecho interiorizar a base de golpes
de cincel y ha puesto con letras indelebles a su Moaña natal, como antes
hicieron Andrés y Sergio con Fuentealbilla o Camas, en el mapa mental de todos
y cada uno de los que existimos y coexistimos dentro de las fronteras de
España.

El dueño y señor de su
tierra, el más refinado manjar y deleite futbolísticos de la Ría de Vigo, con
denominación de origen protegida y calidad certificada; no solo representa en
esta Copa del Mundo de Rusia 2018 al Celta de Vigo al que se acota su leyenda,
sino que también lo hace, en parte, como estandarte de todos aquellos equipos
menos grandes, a los que arañar una convocatoria por parte de uno de sus
futbolistas para una cita tan privilegiada como un Mundial supone poco menos
que un milagro astral que hay merecer mucho más que los tres o cuatro que
siempre miran por encima al resto debido a su tremendo potencial económico y,
por ende, deportivo. Aspas es el hombre que, desde su regreso a Vigo hace tres
cursos, lleva gritando a los cuatro vientos que todos los clubes merecen
atención, reconocimiento y convocatorias si, como él, se ganan a base de
talento y rendimiento sobre un terreno de juego que es el mismo para todos. Es
el tipo que ha demostrado que dar una oportunidad a aquellos que viven
permanentemente por debajo de la zona Champions no es equivocarse, sino que
puede ser acertar incluso más.

Iago Aspas ha tomado
esta temporada una forma cada vez más nítida de mejor delantero español
contemporáneo. Cada toque de balón del diez celeste ha sido un regalo visual y
auténtico petróleo para su equipo. Un futbolista capaz de encender un ataque o
un encuentro con una llama que ha parecido incesante. Tan móvil como Rodrigo y
tan determinante como Diego Costa, Aspas está acostumbrado además a ser un
líder absoluto y la soberbia humildad de su juego está asimismo enfocada a
poner esa afilada mentalidad de paladín a disposición del grupo, tal y como
haría el mejor de los gregarios. Es un delantero dúctil, capaz de generarse sus
propias ocasiones, de leer a la perfección adonde tiene que caer para ser un
peligro más acuciante para el rival o un mejor apoyo con pelota o sin ella para
el compañero portador del cuero, posee un agudo sentido del desmarque que
compagina con una notabilísima eficacia rematadora y sabe, al mismo tiempo, servir
de referencia para la que hay que jugar y hacer jugar a los demás como el que
más.

Ya sea como nueve único
o como acompañante de Diego Costa en un 4-3-3 asimétrico similar al que ha
compartido con Maxi Gómez durante este último curso, con un interior derecho de
recorrido que al mismo tiempo le libere y le permita atacar la zona interior de
la media luna donde más cómodo se siente; Aspas es un punta que se engancha con
mayor facilidad al juego colectivo y que, a su vez, ofrece argumentos en forma
de toques, de apoyos y de movimientos a ese mismo juego colectivo para
redondear todavía más su globalidad. Un delantero mucho más multidimensional
que sus dos competidores directos, más ducho para la toma de decisiones con la
pelota al pie que deban involucrar al resto, más apto para mezclar las
recepciones entre líneas y la búsqueda de la profundidad y en un estado de
gracia, un dulzor importantísimo en este tipo de torneos cortos, superior al de
Diego Costa y al de Rodrigo y también al de casi cualquier otro futbolista de
España hoy día.

Solo él, entre los
futbolistas españoles, ha sido capaz de mantener el pulso goleador y figurar
entre los resplandecientes asteroides de La Liga como quinto máximo realizador
en el cúmulo de las tres últimas campañas por detrás de Lionel Messi, Luis
Suárez, Cristiano Ronaldo y Antoine Griezmann, y más de una decena de goles por
delante de otras estrellas gigantescas como Bale o Benzema. La misma distancia
que le separa del segundo mejor goleador nacional en ese mismo periodo. Solo él
ha demostrado, en cifras y también en sensaciones, merecer la condición de
mejor delantero español contemporáneo. Solo él ha logrado producir en este
ciclo diez goles en sus diez partidos internacionales con España entre tantos y
asistencias. Uno cada 35 minutos. Solo él ha necesitado menos tiempo de juego
que nadie en los últimos veinte años para convertir sus primeras cinco dianas
con la camiseta de la selección. Iago Aspas no tiene historia con España, y ni
falta que hace, porque está tan preparado como dispuesto para comenzar a
escribirla justo aquí y ahora. Ahora que en su país todos conocemos Moaña, ha
llegado el momento de que lo haga el mundo entero por medio de su mago celeste
y celestial. Aquí, en Rusia 2018. Carpe diem, quam minimum credula postero.
Aprovecha el momento, España. Aprovecha su momento.

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Hay en la selección
española un futbolista en especial que vive en la cresta de la ola del pico
máximo de rendimiento de su carrera y que afronta la cita mundialista con la
plena consciencia de que a sus casi 31 años es más que posible y muy probable
que no se le vaya a presentar otra oportunidad como esta por delante. Una doble
coyuntura que supone un momento extremadamente singular por parte de un
futbolista muy particular que hay que saber aprovechar para no tener que
arrepentirse luego y que conforma una oportunidad salvaje a la que Julen
Lopetegui está obligado a agarrarse para asaltar la montaña rusa con el mismo
ímpetu y determinación con los que Iago Aspas ha hecho interiorizar a base de golpes
de cincel y ha puesto con letras indelebles a su Moaña natal, como antes
hicieron Andrés y Sergio con Fuentealbilla o Camas, en el mapa mental de todos
y cada uno de los que existimos y coexistimos dentro de las fronteras de
España.

El dueño y señor de su
tierra, el más refinado manjar y deleite futbolísticos de la Ría de Vigo, con
denominación de origen protegida y calidad certificada; no solo representa en
esta Copa del Mundo de Rusia 2018 al Celta de Vigo al que se acota su leyenda,
sino que también lo hace, en parte, como estandarte de todos aquellos equipos
menos grandes, a los que arañar una convocatoria por parte de uno de sus
futbolistas para una cita tan privilegiada como un Mundial supone poco menos
que un milagro astral que hay merecer mucho más que los tres o cuatro que
siempre miran por encima al resto debido a su tremendo potencial económico y,
por ende, deportivo. Aspas es el hombre que, desde su regreso a Vigo hace tres
cursos, lleva gritando a los cuatro vientos que todos los clubes merecen
atención, reconocimiento y convocatorias si, como él, se ganan a base de
talento y rendimiento sobre un terreno de juego que es el mismo para todos. Es
el tipo que ha demostrado que dar una oportunidad a aquellos que viven
permanentemente por debajo de la zona Champions no es equivocarse, sino que
puede ser acertar incluso más.

Iago Aspas ha tomado
esta temporada una forma cada vez más nítida de mejor delantero español
contemporáneo. Cada toque de balón del diez celeste ha sido un regalo visual y
auténtico petróleo para su equipo. Un futbolista capaz de encender un ataque o
un encuentro con una llama que ha parecido incesante. Tan móvil como Rodrigo y
tan determinante como Diego Costa, Aspas está acostumbrado además a ser un
líder absoluto y la soberbia humildad de su juego está asimismo enfocada a
poner esa afilada mentalidad de paladín a disposición del grupo, tal y como
haría el mejor de los gregarios. Es un delantero dúctil, capaz de generarse sus
propias ocasiones, de leer a la perfección adonde tiene que caer para ser un
peligro más acuciante para el rival o un mejor apoyo con pelota o sin ella para
el compañero portador del cuero, posee un agudo sentido del desmarque que
compagina con una notabilísima eficacia rematadora y sabe, al mismo tiempo, servir
de referencia para la que hay que jugar y hacer jugar a los demás como el que
más.

Ya sea como nueve único
o como acompañante de Diego Costa en un 4-3-3 asimétrico similar al que ha
compartido con Maxi Gómez durante este último curso, con un interior derecho de
recorrido que al mismo tiempo le libere y le permita atacar la zona interior de
la media luna donde más cómodo se siente; Aspas es un punta que se engancha con
mayor facilidad al juego colectivo y que, a su vez, ofrece argumentos en forma
de toques, de apoyos y de movimientos a ese mismo juego colectivo para
redondear todavía más su globalidad. Un delantero mucho más multidimensional
que sus dos competidores directos, más ducho para la toma de decisiones con la
pelota al pie que deban involucrar al resto, más apto para mezclar las
recepciones entre líneas y la búsqueda de la profundidad y en un estado de
gracia, un dulzor importantísimo en este tipo de torneos cortos, superior al de
Diego Costa y al de Rodrigo y también al de casi cualquier otro futbolista de
España hoy día.

Solo él, entre los
futbolistas españoles, ha sido capaz de mantener el pulso goleador y figurar
entre los resplandecientes asteroides de La Liga como quinto máximo realizador
en el cúmulo de las tres últimas campañas por detrás de Lionel Messi, Luis
Suárez, Cristiano Ronaldo y Antoine Griezmann, y más de una decena de goles por
delante de otras estrellas gigantescas como Bale o Benzema. La misma distancia
que le separa del segundo mejor goleador nacional en ese mismo periodo. Solo él
ha demostrado, en cifras y también en sensaciones, merecer la condición de
mejor delantero español contemporáneo. Solo él ha logrado producir en este
ciclo diez goles en sus diez partidos internacionales con España entre tantos y
asistencias. Uno cada 35 minutos. Solo él ha necesitado menos tiempo de juego
que nadie en los últimos veinte años para convertir sus primeras cinco dianas
con la camiseta de la selección. Iago Aspas no tiene historia con España, y ni
falta que hace, porque está tan preparado como dispuesto para comenzar a
escribirla justo aquí y ahora. Ahora que en su país todos conocemos Moaña, ha
llegado el momento de que lo haga el mundo entero por medio de su mago celeste
y celestial. Aquí, en Rusia 2018. Carpe diem, quam minimum credula postero.
Aprovecha el momento, España. Aprovecha su momento.

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