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Anna, el mejor legado de los Godoy

David Orenes @david_lrl 17-06-2021

Le llamaban el ‘Tiburón’ porque de pequeño era considerado uno de los nadadores con más progresión del país. No en vano, Francisco Godoy (Barcelona, 1956) se había proclamado campeón de España a nivel absoluto… ¡con 15 años! Desgraciadamente, las constantes lesiones y un aparatoso accidente de moto truncaron sus aspiraciones en la piscina, abandonándola solo un año después. Tras recuperarse, estudió medicina y practicó todo tipo de deportes (desde el fútbol hasta el windsurf) hasta que apareció en su vida el triatlón, un deporte poco conocido en nuestro país, que llegó a Europa para quedarse a principios de los ochenta.

En Barcelona, su ciudad natal, Godoy asistió a su primer campeonato de este deporte multidisciplinar que compaginaba natación, ciclismo y running. Una absoluta locura que le entusiasmó desde el principio. Se entrenó duro para disputar otra prueba celebrada en Vigo, donde quedó entre los primeros puestos. Aquello, después de meses en los que se replanteó si debía seguir o no, le sirvió para seguir adelante. Menos mal que lo hizo: a su retirada había conquistado numerosos títulos nacionales y había disputado Europeos y Mundiales, dejando un legado importantísimo para las generaciones posteriores, sobre todo para sus hijos, Cesc y Anna.

Cesc Godoy fue uno de los mejores triatletas españoles, pero tuvo la mala fortuna de compartir generación con nada menos que Javier Gómez Noya (cinco títulos mundiales) o Mario Mola (tres mundiales consecutivos). Sus mejores números fueron en el ciclo olímpico que pudo llevarle a Rio 2016 (logró una plata histórica en la Copa del Mundo de Tiszaujvaros), pero finalmente no logró la clasificación. En 2012, mientras veía los Juegos de Londres con su hermana pequeña, le juró que haría todo lo posible porque los dos estuvieran juntos en Brasil cuatro años después. 

No pudo ser, pero Anna, nacida en Barcelona tan solo unos meses después de que se disputaran allí los Juegos Olímpicos, sabía que por edad todavía podía llegar a los de Tokio. Como si de una carrera de fondo se tratara, la más joven de los Godoy tenía a tiro la clasificación cuando la pandemia aterrizó en nuestras vidas. En lugar de lamentarse, su respuesta fue tan clara como madura: “No tengo rabia, lo que tengo es un año más para seguir mejorando”. 

Anna siempre fue un gran orgullo para la familia. Compitiendo desde los 15, ya en su primera prueba cadete demostró todo su potencial con un segundo puesto. Ahí se dio cuenta de que le gustaba de verdad este deporte. Uno de los momentos que recuerda con mayor emoción fue cuando se proclamó campeona de España júnior: era el primero en el que participaba y logró escaparse de todas sus rivales en la piscina para hacer la bici y la carrera completamente sola. “Aún recuerdo la cara de felicidad de mi padre al cruzar la línea de meta”, contaba la catalana en ‘Triatletas en la Red’.

Por supuesto, su hermano Cesc siempre fue un gran apoyo. “Me siento muy afortunada de tenerle porque me da consejos y me anima. Para mí lo significa todo”. Por él y por su padre luchó porque el apellido Godoy figurase en unos Juegos Olímpicos por primera vez. 2019 fue un año espectacular, participando en 18 competiciones internacionales y logrando quedar entre las cinco primeras en hasta tres pruebas mundiales. Desde que comenzó a correr el ránking olímpico, siempre ocupó una de las dos plazas españolas (la otra, de una Miriam Casillas que se clasificó de forma directa tras acabar 2019 entre las 30 primeras). Tras la pandemia, la falta de competiciones y el miedo a contagiarse de covid-19 le llevó a entrenar duro por su cuenta y a formar parte solo de campeonatos cercanos, a ser posible en distancias olímpicas. Aunque en Leeds no pudo acabar al ser doblada en el apartado ciclista, se desquitó semanas después en Lisboa con una meritoria 26ª posición.

La plaza a Tokio parecía asegurada, pero no fue confirmada del todo hasta esta misma semana, cuando el seleccionador español, que tenía la última palabra, anunció el equipo que competirá este verano en la cita olímpica: Noya, Mola, Alarza, Casillas y una Anna que cumplirá su sueño y el de toda la familia Godoy. “Estoy súper orgullosa de poder ser yo la primera que vaya a unos Juegos Olímpicos; porque también iré un poco en representación de ellos dos», aseguró a EFE tras el acto celebrado en la sede del Comité Olímpico Español. Ahora le espera el mes más exigente de su carrera, entrenando en los Pirineos para llegar a tope a los Juegos. Hay que recordar que la prueba en Japón contará con 1,5 kilómetros en el agua, 40 en bicicleta y 10 corriendo, con más de 30 grados y un 90% de humedad, algo que afectará a las competidoras sobre todo bajo el agua, la gran especialidad de Anna. “Nunca he competido en esas condiciones, va a ser muy dura”, aseguró.

A sus 28 años, lo que no pudieron conseguir su padre (el triatlón no fue olímpico hasta Sydney 2000) y su hermano (se quedó cerca en Rio) lo ha logrado la pequeña, la que no quería dedicarse a un deporte que poco a poco se convirtió en una pasión. Ha colocado el apellido de la familia en el mayor escaparate posible, ahora toca defenderlo como siempre lo ha hecho. Con uñas y dientes.


Imagen de cabecera: Twitter @AnnitaGodoy92

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Le llamaban el ‘Tiburón’ porque de pequeño era considerado uno de los nadadores con más progresión del país. No en vano, Francisco Godoy (Barcelona, 1956) se había proclamado campeón de España a nivel absoluto… ¡con 15 años! Desgraciadamente, las constantes lesiones y un aparatoso accidente de moto truncaron sus aspiraciones en la piscina, abandonándola solo un año después. Tras recuperarse, estudió medicina y practicó todo tipo de deportes (desde el fútbol hasta el windsurf) hasta que apareció en su vida el triatlón, un deporte poco conocido en nuestro país, que llegó a Europa para quedarse a principios de los ochenta.

En Barcelona, su ciudad natal, Godoy asistió a su primer campeonato de este deporte multidisciplinar que compaginaba natación, ciclismo y running. Una absoluta locura que le entusiasmó desde el principio. Se entrenó duro para disputar otra prueba celebrada en Vigo, donde quedó entre los primeros puestos. Aquello, después de meses en los que se replanteó si debía seguir o no, le sirvió para seguir adelante. Menos mal que lo hizo: a su retirada había conquistado numerosos títulos nacionales y había disputado Europeos y Mundiales, dejando un legado importantísimo para las generaciones posteriores, sobre todo para sus hijos, Cesc y Anna.

Cesc Godoy fue uno de los mejores triatletas españoles, pero tuvo la mala fortuna de compartir generación con nada menos que Javier Gómez Noya (cinco títulos mundiales) o Mario Mola (tres mundiales consecutivos). Sus mejores números fueron en el ciclo olímpico que pudo llevarle a Rio 2016 (logró una plata histórica en la Copa del Mundo de Tiszaujvaros), pero finalmente no logró la clasificación. En 2012, mientras veía los Juegos de Londres con su hermana pequeña, le juró que haría todo lo posible porque los dos estuvieran juntos en Brasil cuatro años después. 

No pudo ser, pero Anna, nacida en Barcelona tan solo unos meses después de que se disputaran allí los Juegos Olímpicos, sabía que por edad todavía podía llegar a los de Tokio. Como si de una carrera de fondo se tratara, la más joven de los Godoy tenía a tiro la clasificación cuando la pandemia aterrizó en nuestras vidas. En lugar de lamentarse, su respuesta fue tan clara como madura: “No tengo rabia, lo que tengo es un año más para seguir mejorando”. 

Anna siempre fue un gran orgullo para la familia. Compitiendo desde los 15, ya en su primera prueba cadete demostró todo su potencial con un segundo puesto. Ahí se dio cuenta de que le gustaba de verdad este deporte. Uno de los momentos que recuerda con mayor emoción fue cuando se proclamó campeona de España júnior: era el primero en el que participaba y logró escaparse de todas sus rivales en la piscina para hacer la bici y la carrera completamente sola. “Aún recuerdo la cara de felicidad de mi padre al cruzar la línea de meta”, contaba la catalana en ‘Triatletas en la Red’.

Por supuesto, su hermano Cesc siempre fue un gran apoyo. “Me siento muy afortunada de tenerle porque me da consejos y me anima. Para mí lo significa todo”. Por él y por su padre luchó porque el apellido Godoy figurase en unos Juegos Olímpicos por primera vez. 2019 fue un año espectacular, participando en 18 competiciones internacionales y logrando quedar entre las cinco primeras en hasta tres pruebas mundiales. Desde que comenzó a correr el ránking olímpico, siempre ocupó una de las dos plazas españolas (la otra, de una Miriam Casillas que se clasificó de forma directa tras acabar 2019 entre las 30 primeras). Tras la pandemia, la falta de competiciones y el miedo a contagiarse de covid-19 le llevó a entrenar duro por su cuenta y a formar parte solo de campeonatos cercanos, a ser posible en distancias olímpicas. Aunque en Leeds no pudo acabar al ser doblada en el apartado ciclista, se desquitó semanas después en Lisboa con una meritoria 26ª posición.

La plaza a Tokio parecía asegurada, pero no fue confirmada del todo hasta esta misma semana, cuando el seleccionador español, que tenía la última palabra, anunció el equipo que competirá este verano en la cita olímpica: Noya, Mola, Alarza, Casillas y una Anna que cumplirá su sueño y el de toda la familia Godoy. “Estoy súper orgullosa de poder ser yo la primera que vaya a unos Juegos Olímpicos; porque también iré un poco en representación de ellos dos», aseguró a EFE tras el acto celebrado en la sede del Comité Olímpico Español. Ahora le espera el mes más exigente de su carrera, entrenando en los Pirineos para llegar a tope a los Juegos. Hay que recordar que la prueba en Japón contará con 1,5 kilómetros en el agua, 40 en bicicleta y 10 corriendo, con más de 30 grados y un 90% de humedad, algo que afectará a las competidoras sobre todo bajo el agua, la gran especialidad de Anna. “Nunca he competido en esas condiciones, va a ser muy dura”, aseguró.

A sus 28 años, lo que no pudieron conseguir su padre (el triatlón no fue olímpico hasta Sydney 2000) y su hermano (se quedó cerca en Rio) lo ha logrado la pequeña, la que no quería dedicarse a un deporte que poco a poco se convirtió en una pasión. Ha colocado el apellido de la familia en el mayor escaparate posible, ahora toca defenderlo como siempre lo ha hecho. Con uñas y dientes.


Imagen de cabecera: Twitter @AnnitaGodoy92

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