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André Silva: el dragón que se convirtió en águila

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 01-12-2020

Más allá de la aparición de Joao Félix en la élite del fútbol, Portugal añoraba la figura de un delantero centro que fuera algo más que un simple rematador. Casualmente, los lusos ganaron la Eurocopa de 2016 con un solo delantero centro puro en la plantilla, que ni siquiera era titular. Cristiano, Nani y Quaresma, jugadores veteranos e inicialmente de banda, eran los que ocupaban esa posición en el torneo, hasta que en la final, Éder, el único delantero centro real con el que contaba Fernando Santos en la convocatoria, decidió la final con un gol en la prórroga.

Los lusos venían moldeando a dos jugadores que podrían ocupar esa posición en los siguientes años y, ambos, tenían un denominador común, pero distinto nivel de confianza: ser jugadores de la cantera del FC Porto. De estos dos fue André Silva el que mayor expectación despertaba, aunque Gonçalo Paciencia, hijo del mítico Domingos, figura de Do Dragao en los 90, también era un nombre a tener en cuenta. Sin embargo, los dos no podían destacar juntos. Gonçalo, que salió antes, pasó mucho tiempo cedido en varios clubes. André, al contrario, se había quedado en el club. Su primera gran noche llegó en una final de Copa, la de 2016, ante él Braga, con José Peseiro en el banquillo. Salía de titular, ocupando el puesto de Vincent Aboubakar, que por aquel entonces era el ‘9’ del equipo. Cumplida la hora de partido, el Braga se había puesto 0-2 y quedaba un tercio del partido por jugarse. Ahí apareció André, empatando la eliminatoria con goles en el 61’ y en el 91’. Aunque perdieron aquella final en la tanda de penaltis, quedaba claro que la figura de André Silva iba a ser importante los siguientes meses.

Sin el camerunés haciéndole sombra, el ‘hombre gol’ del FC Porto era él, André Silva, con 21 años. Esa temporada respondió con 16 goles, siendo el tercer máximo goleador del equipo. Y aquí es cuando nos encontramos otra de las coincidencias. Ese año, el goleador de la Liga NOS fue Bas Dost, un delantero que marcó el 50% de los goles del Sporting (34) en una liga en la que quedaron terceros. Dost había aterrizado en Portugal tras jugar cinco años en Alemania, en las filas del Wolfsburg. Tras ese año brillante, André Silva probó en Milán, en las filas de un conjunto rossonero que se paseaba sin rumbo por Italia y que veía el fútbol continental como algo casi imposible en lo que volver a competir con garantías. En Milán no salieron las cosas como esperaba y su cesión a Sevilla fue más de lo mismo, un momento de rachas. Tan pronto aparecía, como desaparecía.

Mientras tanto, su irrupción en el combinado nacional dio muy buenas sensaciones, marcando 9 goles en la fase de clasificación para el Mundial de Rusia. Por fin Portugal había conseguido encontrar un ‘9’ que no solo rematara, sino que hiciera jugar a sus compañeros. Todo iba viento en popa en su selección, pero no encontraba su sitio en Milán, ni tampoco en Sevilla. Su gran oportunidad llegaría gracias al Eintracht Frankfurt. En las Águilas (apodo que el Eintracht comparte con el Benfica, gran rival del Porto en el fútbol luso), la delantera formada por el tridente Haller, Rebic, Jovic se desmantelaba tras una temporada increíble. Una de esas salidas, la del croata Ante Rebic, le llevó a Milán y André Silva aterrizó en Frankfurt. Allí ya estaba Gonçalo, el otro futbolista del Porto en el que Portugal depositaba todas sus esperanzas de cara a ser el delantero centro de la selección durante los próximos años, pero tenía un papel más secundario.

En ese verano de 2019, con la temporada ya empezada, el Eintracht incorporó a Bas Dost y André Silva para su delantera, porque el vacío que dejó las salidas de Haller, Rebic y Jovic fue grande. En Frankfurt, como sucedió con los anteriores, las cifras goleadoras se repartieron entre los protagonistas, aunque muy por debajo de los números de sus predecesores. Así las cosas, el papel de Haller era para Dost, André Silva hacía de Jovic y el puesto de Rebic se lo iban repartiendo Paciencia y Kamada. A día de hoy, con la salida de Paciencia rumbo al Schalke 04, queda más que claro que Dost y André Silva forman la dupla atacante del equipo. Gonçalo tuvo muchos problemas físicos que le dejaron fuera de combate a la hora de competir por un puesto con los otros dos.

André fue uno de esos jugadores a los que el parón de la competición por el COVID le vino muy bien. Si antes del parón su aportación goleadora había sido más bien pobre y la de Bas Dost tampoco destacaba, lo que ocurrió al reanudarse la competición fue más que milagroso. André marcó antes del parón 4 goles y, tras la reanudación, el doble. Pero ahí no queda la cosa. En la temporada actual es el máximo goleador del equipo con 7 tantos. La figura de André ha evolucionado y ahora ha dejado de ser el jugador de rachas que fue durante su estancia en Milán y Sevilla. Ahora es otro jugador, con más confianza, con más caché e importancia en el juego.

Puede que el Eintracht Frankfurt eche de menos al trío que deslumbró a toda Europa hace un par de temporadas, pero queda claro que la conexión de la Liga NOS formada por Dost y André Silva le está dando muy buenos resultados a las Águilas alemanas y está siendo favorable para la selección lusa, que espera con los brazos abiertos también a Gonçalo Paciencia al que, si las lesiones le respetan, podrá aportar mucho al combinado nacional.

Imagen de cabecera: Maja Hitij/Getty Images

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Más allá de la aparición de Joao Félix en la élite del fútbol, Portugal añoraba la figura de un delantero centro que fuera algo más que un simple rematador. Casualmente, los lusos ganaron la Eurocopa de 2016 con un solo delantero centro puro en la plantilla, que ni siquiera era titular. Cristiano, Nani y Quaresma, jugadores veteranos e inicialmente de banda, eran los que ocupaban esa posición en el torneo, hasta que en la final, Éder, el único delantero centro real con el que contaba Fernando Santos en la convocatoria, decidió la final con un gol en la prórroga.

Los lusos venían moldeando a dos jugadores que podrían ocupar esa posición en los siguientes años y, ambos, tenían un denominador común, pero distinto nivel de confianza: ser jugadores de la cantera del FC Porto. De estos dos fue André Silva el que mayor expectación despertaba, aunque Gonçalo Paciencia, hijo del mítico Domingos, figura de Do Dragao en los 90, también era un nombre a tener en cuenta. Sin embargo, los dos no podían destacar juntos. Gonçalo, que salió antes, pasó mucho tiempo cedido en varios clubes. André, al contrario, se había quedado en el club. Su primera gran noche llegó en una final de Copa, la de 2016, ante él Braga, con José Peseiro en el banquillo. Salía de titular, ocupando el puesto de Vincent Aboubakar, que por aquel entonces era el ‘9’ del equipo. Cumplida la hora de partido, el Braga se había puesto 0-2 y quedaba un tercio del partido por jugarse. Ahí apareció André, empatando la eliminatoria con goles en el 61’ y en el 91’. Aunque perdieron aquella final en la tanda de penaltis, quedaba claro que la figura de André Silva iba a ser importante los siguientes meses.

Sin el camerunés haciéndole sombra, el ‘hombre gol’ del FC Porto era él, André Silva, con 21 años. Esa temporada respondió con 16 goles, siendo el tercer máximo goleador del equipo. Y aquí es cuando nos encontramos otra de las coincidencias. Ese año, el goleador de la Liga NOS fue Bas Dost, un delantero que marcó el 50% de los goles del Sporting (34) en una liga en la que quedaron terceros. Dost había aterrizado en Portugal tras jugar cinco años en Alemania, en las filas del Wolfsburg. Tras ese año brillante, André Silva probó en Milán, en las filas de un conjunto rossonero que se paseaba sin rumbo por Italia y que veía el fútbol continental como algo casi imposible en lo que volver a competir con garantías. En Milán no salieron las cosas como esperaba y su cesión a Sevilla fue más de lo mismo, un momento de rachas. Tan pronto aparecía, como desaparecía.

Mientras tanto, su irrupción en el combinado nacional dio muy buenas sensaciones, marcando 9 goles en la fase de clasificación para el Mundial de Rusia. Por fin Portugal había conseguido encontrar un ‘9’ que no solo rematara, sino que hiciera jugar a sus compañeros. Todo iba viento en popa en su selección, pero no encontraba su sitio en Milán, ni tampoco en Sevilla. Su gran oportunidad llegaría gracias al Eintracht Frankfurt. En las Águilas (apodo que el Eintracht comparte con el Benfica, gran rival del Porto en el fútbol luso), la delantera formada por el tridente Haller, Rebic, Jovic se desmantelaba tras una temporada increíble. Una de esas salidas, la del croata Ante Rebic, le llevó a Milán y André Silva aterrizó en Frankfurt. Allí ya estaba Gonçalo, el otro futbolista del Porto en el que Portugal depositaba todas sus esperanzas de cara a ser el delantero centro de la selección durante los próximos años, pero tenía un papel más secundario.

En ese verano de 2019, con la temporada ya empezada, el Eintracht incorporó a Bas Dost y André Silva para su delantera, porque el vacío que dejó las salidas de Haller, Rebic y Jovic fue grande. En Frankfurt, como sucedió con los anteriores, las cifras goleadoras se repartieron entre los protagonistas, aunque muy por debajo de los números de sus predecesores. Así las cosas, el papel de Haller era para Dost, André Silva hacía de Jovic y el puesto de Rebic se lo iban repartiendo Paciencia y Kamada. A día de hoy, con la salida de Paciencia rumbo al Schalke 04, queda más que claro que Dost y André Silva forman la dupla atacante del equipo. Gonçalo tuvo muchos problemas físicos que le dejaron fuera de combate a la hora de competir por un puesto con los otros dos.

André fue uno de esos jugadores a los que el parón de la competición por el COVID le vino muy bien. Si antes del parón su aportación goleadora había sido más bien pobre y la de Bas Dost tampoco destacaba, lo que ocurrió al reanudarse la competición fue más que milagroso. André marcó antes del parón 4 goles y, tras la reanudación, el doble. Pero ahí no queda la cosa. En la temporada actual es el máximo goleador del equipo con 7 tantos. La figura de André ha evolucionado y ahora ha dejado de ser el jugador de rachas que fue durante su estancia en Milán y Sevilla. Ahora es otro jugador, con más confianza, con más caché e importancia en el juego.

Puede que el Eintracht Frankfurt eche de menos al trío que deslumbró a toda Europa hace un par de temporadas, pero queda claro que la conexión de la Liga NOS formada por Dost y André Silva le está dando muy buenos resultados a las Águilas alemanas y está siendo favorable para la selección lusa, que espera con los brazos abiertos también a Gonçalo Paciencia al que, si las lesiones le respetan, podrá aportar mucho al combinado nacional.

Imagen de cabecera: Maja Hitij/Getty Images

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