_Fútbol Internacional

De nacer en un campo de refugiados a hacer historia en el Mundial

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 30-11-2022

El 6 de septiembre de 2018, entre toda la controversia surgida en Estados Unidos por ‘el Caso Kaepernick’, Nike se puso claramente del lado del jugador y publicó un spot publicitario con el Quarterback (ya sin equipo) como narrador de una historia en la que aparecían algunos de los mejores deportistas de siempre y que contaban con vidas y trayectorias que inspiraban a los demás. Ahí, entre LeBron James, Kipchoge o Serena Williams, aparecía un chico que marcaba un gol con la selección de Canadá y al que aún no se conocía demasiado en el viejo continente. “Si naces como refugiado, no dejes que eso te impida jugar al fútbol… Para el equipo nacional… A la edad de 16 años”, decía Kaepernick. Aquellas palabras venían acompañadas de un vídeo de unos muchachos jugando en un campo de refugiados en un lodazal y se convertían en las de un chico marcando un gol con la camiseta de Canadá en un estadio abarrotado. En las dos aparecía Alphonso Davies, porque esa es su historia. Seguramente, ni siquiera los creadores de Nike, cuando llevaron a cabo este anuncio, imaginaban que ese chico de 16 años sería el encargado de meter el primer gol de Canadá en la historia de la Copa del Mundo.

A Alphonso Davies le conocemos, sobre todo, porque le fichó el Bayern Múnich y porque en un partido contra el Barcelona (aquel famoso del 8-2) pasó de ser un jugador más del equipo alemán a uno de los tipos más desequilibrantes del mundo. Pero hay mucho más detrás del que hoy es estrella de Canadá y es un absoluto todocampista que juega con la libertad de ser, posiblemente, el jugador más desequilibrante de la historia del país.

Davies nació en un campo de refugiados en Ghana en 2000. Sus padres, de Liberia, escaparon como pudieron del país, que estaba entonces inmerso en una Segunda Guerra Civil que duró cuatro años y dejó tras de sí unos 50.000 muertos y casi medio millón de desplazados. Allí, en Ghana, vivió y creció los primeros 5 años de su vida. Fue entonces cuando desde Canadá se les dio oficialmente la condición de refugiados y los Davies pudieron mudarse a vivir a Edmonton. Allí, en un país que vive por y para el hockey, en mayor medida, y que tiene como deportes mayoritarios también el lacrosse, el baloncesto y todos los deportes típicamente de invierno, Davies empezó a jugar al fútbol (en el Edmonton Strikers) con una soltura y una habilidad que le llevaron a quemar etapas más rápido de lo habitual.

Por eso, con 15 años se mudó a Vancouver, dejó a su familia (que más tarde le acabaría acompañando) y empezó a jugar en la academia de los Vancouver Whitecaps, equipo que pese a ser canadiense juega en la Major League Soccer. Poco duró su experiencia juvenil, porque unos meses después y con 16 años, no solo estaba debutando en la MLS, sino que ya estaba jugando (y marcando) con la selección absoluta de Canadá. Para eso, claro está, le hizo falta recibir la nacionalidad del país, que se le dio solo 15 días antes de enfundarse la camiseta nacional. Davies debutó en la MLS con solo 15 años y con Canadá lo hizo a los 16. Nunca pasó por las categorías inferiores, con una sola excepción (jugó un partido amistoso con la Sub20 a los 15).

Su posición siempre fue la de extremo, fuera por el perfil que fuera. Si jugaba en el flanco zurdo, se valía de ello para ganar línea de fondo y sumar buenos centros. Si lo hacía por el diestro, se acomodaba hacia el interior y soltaba potentes zapatazos que acababan en gol. Era un peligro imprevisible. Pero el fútbol norteamericano, aún menos desarrollado, con peor mercado, le hizo quizás pasar algo desapercibido para los gigantes del balón. Fueron sus actuaciones con Canadá las que más le hicieron destacar y, en julio de 2018, el Bayern anunció que firmaba a ese chico que aún tenía 17 años y que la estaba rompiendo. Por la normativa FIFA respecto al traspaso de futbolistas menores, Davies no pudo llegar a Europa hasta enero de 2019, cuando cumplió los 18 años. El equipo muniqués desembolsó 13 millones de euros fijos, una cantidad que, en función de objetivos, podría haber llegado a casi el doble.

En ese primer medio año en Alemania apenas jugó. Niko Kovac nunca le dio oportunidades. Aquel prodigio de la naturaleza que hoy vemos no parecía tal entonces. Era mucho más delgado, más flaco. En cambio, una vez terminada la temporada, su actuación en la Copa Oro 2019 hizo saber a todos en el equipo teutón que no se habían equivocado en su fichaje. Alphonso Davies era el jugador ideal y poco iba a tardar en demostrarlo. Fiel a su condición de jugador precoz, comenzó a jugar cada vez más (aunque lo hacía como lateral en vez de como extremo) y fue la destitución del técnico croata y la llegada de Flick la que terminó por darle el empujón que le faltaba. Solo tenía 18 años, jugaba en una posición que no conocía, pero de manera meteórica se había convertido en uno de los jugadores más atractivos de ver en todo el mundo en esa nueva demarcación.

A Davies solo le han frenado las lesiones. Primero fue el tobillo, después una miocarditis que, según admitió Naggelsman, ya técnico del Bayern, admitió que le llegó derivado de haber superado el Covid 19 según había revelado el seguimiento médico interno del club. Esto apartó varios meses a Davies de los terrenos de juego, que también se perdió los partidos decisivos en la fase de clasificación en los que Canadá sacó finalmente el billete para el Mundial. “Se suponía que un niño nacido en un campo de refugiados no podría lograrlo. Pero aquí estamos. Vamos a la Copa del Mundo”, escribió el jugador en su perfil de Twitter cuando el seleccionador dio la lista y él estaba incluido. Algo, por cierto, que estuvo en el alambre, porque se había perdido los dos últimos partidos con el Bayern por una lesión muscular. “Nuestros médicos le han evaluado y somos pesimistas”, afirmó el seleccionador canadiense sobre las posibilidades de que Davies llegara al primer partido.

Lo hizo, aunque entre algodones. Ahora, ya en la Copa del Mundo, el futbolista es el auténtico líder de su selección. Poco importa que haya dos veteranos como Hoilett o Hutchinson, que Alphonso Davies es la referencia sobre el campo. Davies se mueve por todo el frente de ataque con soltura y no para de intercambiar posiciones con Jonathan David y Buchanan. Solo la falta de gol les impidió sacar algo mejor en el primer partido, donde pusieron en apuros a Bélgica, y donde Alphonso Davies erró un penalti que podría haber supuesto el empate. Ante Croacia, un gol suyo pasó a los libros de historia, tras convertirse en el primer tanto de Canadá en un Mundial, aunque esa victoria por la mínima acabó siendo dada la vuelta por el equipo balcánico y, con esa derrota, Canadá queda totalmente fuera de la Copa del Mundo. Ahora, Canadá tiene en su mano despedirse del torneo cuajando una buena actuación contra Marruecos. Y con la generación de los Davies, David, Koné o Buchanan, nadie se debería sorprender si en cuatro años vuelven para dar más guerra todavía.

Imagen de cabecera: Getty Images

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El 6 de septiembre de 2018, entre toda la controversia surgida en Estados Unidos por ‘el Caso Kaepernick’, Nike se puso claramente del lado del jugador y publicó un spot publicitario con el Quarterback (ya sin equipo) como narrador de una historia en la que aparecían algunos de los mejores deportistas de siempre y que contaban con vidas y trayectorias que inspiraban a los demás. Ahí, entre LeBron James, Kipchoge o Serena Williams, aparecía un chico que marcaba un gol con la selección de Canadá y al que aún no se conocía demasiado en el viejo continente. “Si naces como refugiado, no dejes que eso te impida jugar al fútbol… Para el equipo nacional… A la edad de 16 años”, decía Kaepernick. Aquellas palabras venían acompañadas de un vídeo de unos muchachos jugando en un campo de refugiados en un lodazal y se convertían en las de un chico marcando un gol con la camiseta de Canadá en un estadio abarrotado. En las dos aparecía Alphonso Davies, porque esa es su historia. Seguramente, ni siquiera los creadores de Nike, cuando llevaron a cabo este anuncio, imaginaban que ese chico de 16 años sería el encargado de meter el primer gol de Canadá en la historia de la Copa del Mundo.

A Alphonso Davies le conocemos, sobre todo, porque le fichó el Bayern Múnich y porque en un partido contra el Barcelona (aquel famoso del 8-2) pasó de ser un jugador más del equipo alemán a uno de los tipos más desequilibrantes del mundo. Pero hay mucho más detrás del que hoy es estrella de Canadá y es un absoluto todocampista que juega con la libertad de ser, posiblemente, el jugador más desequilibrante de la historia del país.

Davies nació en un campo de refugiados en Ghana en 2000. Sus padres, de Liberia, escaparon como pudieron del país, que estaba entonces inmerso en una Segunda Guerra Civil que duró cuatro años y dejó tras de sí unos 50.000 muertos y casi medio millón de desplazados. Allí, en Ghana, vivió y creció los primeros 5 años de su vida. Fue entonces cuando desde Canadá se les dio oficialmente la condición de refugiados y los Davies pudieron mudarse a vivir a Edmonton. Allí, en un país que vive por y para el hockey, en mayor medida, y que tiene como deportes mayoritarios también el lacrosse, el baloncesto y todos los deportes típicamente de invierno, Davies empezó a jugar al fútbol (en el Edmonton Strikers) con una soltura y una habilidad que le llevaron a quemar etapas más rápido de lo habitual.

Por eso, con 15 años se mudó a Vancouver, dejó a su familia (que más tarde le acabaría acompañando) y empezó a jugar en la academia de los Vancouver Whitecaps, equipo que pese a ser canadiense juega en la Major League Soccer. Poco duró su experiencia juvenil, porque unos meses después y con 16 años, no solo estaba debutando en la MLS, sino que ya estaba jugando (y marcando) con la selección absoluta de Canadá. Para eso, claro está, le hizo falta recibir la nacionalidad del país, que se le dio solo 15 días antes de enfundarse la camiseta nacional. Davies debutó en la MLS con solo 15 años y con Canadá lo hizo a los 16. Nunca pasó por las categorías inferiores, con una sola excepción (jugó un partido amistoso con la Sub20 a los 15).

Su posición siempre fue la de extremo, fuera por el perfil que fuera. Si jugaba en el flanco zurdo, se valía de ello para ganar línea de fondo y sumar buenos centros. Si lo hacía por el diestro, se acomodaba hacia el interior y soltaba potentes zapatazos que acababan en gol. Era un peligro imprevisible. Pero el fútbol norteamericano, aún menos desarrollado, con peor mercado, le hizo quizás pasar algo desapercibido para los gigantes del balón. Fueron sus actuaciones con Canadá las que más le hicieron destacar y, en julio de 2018, el Bayern anunció que firmaba a ese chico que aún tenía 17 años y que la estaba rompiendo. Por la normativa FIFA respecto al traspaso de futbolistas menores, Davies no pudo llegar a Europa hasta enero de 2019, cuando cumplió los 18 años. El equipo muniqués desembolsó 13 millones de euros fijos, una cantidad que, en función de objetivos, podría haber llegado a casi el doble.

En ese primer medio año en Alemania apenas jugó. Niko Kovac nunca le dio oportunidades. Aquel prodigio de la naturaleza que hoy vemos no parecía tal entonces. Era mucho más delgado, más flaco. En cambio, una vez terminada la temporada, su actuación en la Copa Oro 2019 hizo saber a todos en el equipo teutón que no se habían equivocado en su fichaje. Alphonso Davies era el jugador ideal y poco iba a tardar en demostrarlo. Fiel a su condición de jugador precoz, comenzó a jugar cada vez más (aunque lo hacía como lateral en vez de como extremo) y fue la destitución del técnico croata y la llegada de Flick la que terminó por darle el empujón que le faltaba. Solo tenía 18 años, jugaba en una posición que no conocía, pero de manera meteórica se había convertido en uno de los jugadores más atractivos de ver en todo el mundo en esa nueva demarcación.

A Davies solo le han frenado las lesiones. Primero fue el tobillo, después una miocarditis que, según admitió Naggelsman, ya técnico del Bayern, admitió que le llegó derivado de haber superado el Covid 19 según había revelado el seguimiento médico interno del club. Esto apartó varios meses a Davies de los terrenos de juego, que también se perdió los partidos decisivos en la fase de clasificación en los que Canadá sacó finalmente el billete para el Mundial. “Se suponía que un niño nacido en un campo de refugiados no podría lograrlo. Pero aquí estamos. Vamos a la Copa del Mundo”, escribió el jugador en su perfil de Twitter cuando el seleccionador dio la lista y él estaba incluido. Algo, por cierto, que estuvo en el alambre, porque se había perdido los dos últimos partidos con el Bayern por una lesión muscular. “Nuestros médicos le han evaluado y somos pesimistas”, afirmó el seleccionador canadiense sobre las posibilidades de que Davies llegara al primer partido.

Lo hizo, aunque entre algodones. Ahora, ya en la Copa del Mundo, el futbolista es el auténtico líder de su selección. Poco importa que haya dos veteranos como Hoilett o Hutchinson, que Alphonso Davies es la referencia sobre el campo. Davies se mueve por todo el frente de ataque con soltura y no para de intercambiar posiciones con Jonathan David y Buchanan. Solo la falta de gol les impidió sacar algo mejor en el primer partido, donde pusieron en apuros a Bélgica, y donde Alphonso Davies erró un penalti que podría haber supuesto el empate. Ante Croacia, un gol suyo pasó a los libros de historia, tras convertirse en el primer tanto de Canadá en un Mundial, aunque esa victoria por la mínima acabó siendo dada la vuelta por el equipo balcánico y, con esa derrota, Canadá queda totalmente fuera de la Copa del Mundo. Ahora, Canadá tiene en su mano despedirse del torneo cuajando una buena actuación contra Marruecos. Y con la generación de los Davies, David, Koné o Buchanan, nadie se debería sorprender si en cuatro años vuelven para dar más guerra todavía.

Imagen de cabecera: Getty Images

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