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Algo bueno pasa en Elche

Cuando Matthew McConaughey va a llevar a sus hijos al colegio nada más arrancar Interstellar, una rueda se pincha por el camino. “La ley de Murphy”, dice el hermano mayor ante la desolación de Murph, que no entiende por qué sus padres le pusieron el nombre de “algo malo”. “La ley de Murphy no significa que va a pasar algo malo, sino que si algo puede pasar, pasará” le responde su padre con una sonrisa. En realidad, se cree que Edward Murphy nunca dijo la frase que se acabó popularizando (“si algo malo puede pasar, pasará) y que se suele relacionar con la tostada que cae al suelo por el lado de la mantequilla. Uno cree por aquí, como el personaje de McConaughey, que si algo bueno tiene que pasar, también pasará. Y eso es precisamente lo que le ha pasado al Elche y su afición.

Al Elche ya le había pasado algo muy malo. Fue un problema a largo plazo, que se veía de lejos. Una muerte anunciada. El club de las palmeras, que cumplía su segunda temporada en Primera División después de 24 años sin hacerlo, descendería no por méritos deportivos, sino por una crisis económica que no permitía ni pagar en condiciones a los futbolistas. El endeudamiento fue tal (6,7 millones con Hacienda y 5,5 millones con la Asociación de Futbolistas) que obligó a la Liga a tomar una drástica decisión. Ni el cambio de directiva (que prometió pagarlo todo en plazo), ni el crowdfunding, ni las protestas ni los precedentes (Sevilla y Celta debieron bajar en 1995 por una situación parecida, pero las presiones de ambas aficiones terminaron por admitir una Liga de 22 equipos) salvaron al Elche del primer descenso administrativo de la historia de Primera División.

Solo duraría dos años en la categoría de plata. Saldadas las deudas con AFE, el Elche evitó otro descenso administrativo a Segunda B, pero tuvo que armar un equipo a contrarreloj que le impidió luchar por el ascenso con garantías de la mano de Rubén Baraja y con Sergio León (22 goles) como máximo goleador. Una temporada después, un equipo totalmente nuevo descendería esta vez sí en el campo, regresando 18 años al abismo y completando ya por fin un cúmulo de desgracias que, éstas sí, eran tan previsibles como angustiosas. La ‘ley de Murphy’, lo llaman.

Pero hasta que no se quemó en el infierno no pudo recoger fuerzas para volver al cielo. El Elche volvió a renovarse en busca de un ascenso meteórico (solo se mantuvieron dos jugadores, Nino y Albacar) y tras tres entrenadores y play-off mediante, lo consiguió. Apenas un año y medio después el representante argentino Christian Bragarnik compró el club. “Tenía ganas de demostrar que un argentino puede hacer un buen proyecto en el fútbol europeo”. Desde su llegada todo salió bien, como si se hubiese traído la Ley de Murphy (la buena) bajo el brazo. Cuando se hizo oficial la adquisición en diciembre de 2019, el Elche marchaba séptimo con 27 puntos y el objetivo no era otro que el de la permanencia. Pero Bragarnik dejó claro desde el principio que, a medio plazo, el objetivo era estar en Primera División.

Posiblemente el club alicantino era el menos favorito de todos los aspirantes, no solo para ascender sino para ocupar una plaza en el play-off. Con el quinto peor presupuesto de la competición, la plantilla perdió a dos jugadores importantes en el mercado de invierno: Gonzalo Villar y Yacine Qasmi (aunque llegaron otros como Jonathas y Víctor Rodríguez, piezas clave en el Elche de Escribá años atrás).  Entonces llegó la pandemia y la incertidumbre.

A la vuelta, el Elche se clasificó para el play-off de la forma más inimaginable. En la última jornada necesitaba ganar y que el Fuenlabrada no lo hiciera, pero el club madrileño fue gravemente afectado por el coronavirus (más de 15 positivos) que provocaron el aplazamiento de su partido ante el Deportivo, que se jugaba la permanencia. Aquel día el Elche jugó condicionado, sabiendo que hiciera lo que hiciera su rival por la sexta plaza ya conocería su resultado antes de saltar al campo. Por si acaso el Elche haría los deberes con un agónico gol en el 81’ de Pere Milla ante un Oviedo ya salvado. Semanas después se dio el milagro: el Dépor, ya descendido, remontó al Fuenlabrada con un gol en el 84’ y otro de penalti en el 95’. De locos.

En el play-off se sucederían las adversidades, y con ellas, además de la firme voluntad del Elche por ascender, los pequeños detalles que le llevaron a la gloria. Primero eliminó al Zaragoza, que jugó durante una hora con uno más en la ida por expulsión de Jonathas (siete goles desde su llegada) que se perdería dos partidos más por sanción. Lo logró  gracias a un gol de Nino con 40 años y a un penalti detenido por Edgar Badía en el 87’. Ante el Girona, el gran favorito, resistió en el Martínez Valero (0-0) y ganó en Montilivi con un gol en el último segundo de Pere Milla (96’). El Elche era de Primera cinco años después y nadie se lo podía creer.

Expectativas funestas

No era precisamente aquel Elche de Escribá un equipo virtuoso. Sin estrellas, con jugadores de perfil medio-bajo y un estilo muy poco atractivo para el espectador. Pero su solidez defensiva (en el Martínez Valero se secó hasta el propio Messi) y el acierto en momentos clave llevó a que el ‘Aromas Ilicitanos’ se escuchara con fuerza en la máxima categoría durante dos años completos. Las apuestas le señalaban como principal candidato al descenso, aunque sus posibilidades eran altísimas comparadas con la esperanza dada al equipo de Pacheta, un inquilino fuera de sitio, que había sido invitado a la fiesta por casualidad y que necesitaba una reconstrucción en tiempo récord: cuando arrancó la Liga necesitaba al menos 12 fichajes. El último día de mercado firmó cuatro de ellos hasta alcanzar las 13 llegadas (seis argentinos), además de la del técnico Jorge Almirón. Un mes y medio después del ascenso solo se mantuvieron diez jugadores.

Fran Escribá salvó al Elche pero no pudo evitar el descenso administrativo. (Manuel Queimadelos Alonso/Getty Images)

Las previsiones, además de situar al Elche en Segunda tan solo un año después, auguraban un inicio difícil por los múltiples cambios y la dificultad para organizar una plantilla confeccionada en tiempo récord. Pero parece evidente que en Elche sí tienen que pasar cosas buenas desde hace tiempo, porque en estas cinco jornadas ha firmado los mejores números de su historia en Primera División. Los de Almirón suman ya 10 puntos tras ganar en Mendizorroza e Ipurúa, además de al Valencia el pasado viernes en el Martínez Valero. Para llegar a esa cifra el Elche de Escribá necesitó ¡12 partidos! en su última campaña en la máxima categoría.

El equipo franjiverde no pierde desde la primera jornada (0-3 ante la Real) y marcha octavo con dos partidos menos que la mayoría de sus rivales. Los que vaticinaban un descenso express ya no lo creen tanto, y es que cuando tienes la Ley de Murphy a tu favor, todo es mucho más fácil, ¿no creen?

Imagen de cabecera: Imago

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Cuando Matthew McConaughey va a llevar a sus hijos al colegio nada más arrancar Interstellar, una rueda se pincha por el camino. “La ley de Murphy”, dice el hermano mayor ante la desolación de Murph, que no entiende por qué sus padres le pusieron el nombre de “algo malo”. “La ley de Murphy no significa que va a pasar algo malo, sino que si algo puede pasar, pasará” le responde su padre con una sonrisa. En realidad, se cree que Edward Murphy nunca dijo la frase que se acabó popularizando (“si algo malo puede pasar, pasará) y que se suele relacionar con la tostada que cae al suelo por el lado de la mantequilla. Uno cree por aquí, como el personaje de McConaughey, que si algo bueno tiene que pasar, también pasará. Y eso es precisamente lo que le ha pasado al Elche y su afición.

Al Elche ya le había pasado algo muy malo. Fue un problema a largo plazo, que se veía de lejos. Una muerte anunciada. El club de las palmeras, que cumplía su segunda temporada en Primera División después de 24 años sin hacerlo, descendería no por méritos deportivos, sino por una crisis económica que no permitía ni pagar en condiciones a los futbolistas. El endeudamiento fue tal (6,7 millones con Hacienda y 5,5 millones con la Asociación de Futbolistas) que obligó a la Liga a tomar una drástica decisión. Ni el cambio de directiva (que prometió pagarlo todo en plazo), ni el crowdfunding, ni las protestas ni los precedentes (Sevilla y Celta debieron bajar en 1995 por una situación parecida, pero las presiones de ambas aficiones terminaron por admitir una Liga de 22 equipos) salvaron al Elche del primer descenso administrativo de la historia de Primera División.

Solo duraría dos años en la categoría de plata. Saldadas las deudas con AFE, el Elche evitó otro descenso administrativo a Segunda B, pero tuvo que armar un equipo a contrarreloj que le impidió luchar por el ascenso con garantías de la mano de Rubén Baraja y con Sergio León (22 goles) como máximo goleador. Una temporada después, un equipo totalmente nuevo descendería esta vez sí en el campo, regresando 18 años al abismo y completando ya por fin un cúmulo de desgracias que, éstas sí, eran tan previsibles como angustiosas. La ‘ley de Murphy’, lo llaman.

Pero hasta que no se quemó en el infierno no pudo recoger fuerzas para volver al cielo. El Elche volvió a renovarse en busca de un ascenso meteórico (solo se mantuvieron dos jugadores, Nino y Albacar) y tras tres entrenadores y play-off mediante, lo consiguió. Apenas un año y medio después el representante argentino Christian Bragarnik compró el club. “Tenía ganas de demostrar que un argentino puede hacer un buen proyecto en el fútbol europeo”. Desde su llegada todo salió bien, como si se hubiese traído la Ley de Murphy (la buena) bajo el brazo. Cuando se hizo oficial la adquisición en diciembre de 2019, el Elche marchaba séptimo con 27 puntos y el objetivo no era otro que el de la permanencia. Pero Bragarnik dejó claro desde el principio que, a medio plazo, el objetivo era estar en Primera División.

Posiblemente el club alicantino era el menos favorito de todos los aspirantes, no solo para ascender sino para ocupar una plaza en el play-off. Con el quinto peor presupuesto de la competición, la plantilla perdió a dos jugadores importantes en el mercado de invierno: Gonzalo Villar y Yacine Qasmi (aunque llegaron otros como Jonathas y Víctor Rodríguez, piezas clave en el Elche de Escribá años atrás).  Entonces llegó la pandemia y la incertidumbre.

A la vuelta, el Elche se clasificó para el play-off de la forma más inimaginable. En la última jornada necesitaba ganar y que el Fuenlabrada no lo hiciera, pero el club madrileño fue gravemente afectado por el coronavirus (más de 15 positivos) que provocaron el aplazamiento de su partido ante el Deportivo, que se jugaba la permanencia. Aquel día el Elche jugó condicionado, sabiendo que hiciera lo que hiciera su rival por la sexta plaza ya conocería su resultado antes de saltar al campo. Por si acaso el Elche haría los deberes con un agónico gol en el 81’ de Pere Milla ante un Oviedo ya salvado. Semanas después se dio el milagro: el Dépor, ya descendido, remontó al Fuenlabrada con un gol en el 84’ y otro de penalti en el 95’. De locos.

En el play-off se sucederían las adversidades, y con ellas, además de la firme voluntad del Elche por ascender, los pequeños detalles que le llevaron a la gloria. Primero eliminó al Zaragoza, que jugó durante una hora con uno más en la ida por expulsión de Jonathas (siete goles desde su llegada) que se perdería dos partidos más por sanción. Lo logró  gracias a un gol de Nino con 40 años y a un penalti detenido por Edgar Badía en el 87’. Ante el Girona, el gran favorito, resistió en el Martínez Valero (0-0) y ganó en Montilivi con un gol en el último segundo de Pere Milla (96’). El Elche era de Primera cinco años después y nadie se lo podía creer.

Expectativas funestas

No era precisamente aquel Elche de Escribá un equipo virtuoso. Sin estrellas, con jugadores de perfil medio-bajo y un estilo muy poco atractivo para el espectador. Pero su solidez defensiva (en el Martínez Valero se secó hasta el propio Messi) y el acierto en momentos clave llevó a que el ‘Aromas Ilicitanos’ se escuchara con fuerza en la máxima categoría durante dos años completos. Las apuestas le señalaban como principal candidato al descenso, aunque sus posibilidades eran altísimas comparadas con la esperanza dada al equipo de Pacheta, un inquilino fuera de sitio, que había sido invitado a la fiesta por casualidad y que necesitaba una reconstrucción en tiempo récord: cuando arrancó la Liga necesitaba al menos 12 fichajes. El último día de mercado firmó cuatro de ellos hasta alcanzar las 13 llegadas (seis argentinos), además de la del técnico Jorge Almirón. Un mes y medio después del ascenso solo se mantuvieron diez jugadores.

Fran Escribá salvó al Elche pero no pudo evitar el descenso administrativo. (Manuel Queimadelos Alonso/Getty Images)

Las previsiones, además de situar al Elche en Segunda tan solo un año después, auguraban un inicio difícil por los múltiples cambios y la dificultad para organizar una plantilla confeccionada en tiempo récord. Pero parece evidente que en Elche sí tienen que pasar cosas buenas desde hace tiempo, porque en estas cinco jornadas ha firmado los mejores números de su historia en Primera División. Los de Almirón suman ya 10 puntos tras ganar en Mendizorroza e Ipurúa, además de al Valencia el pasado viernes en el Martínez Valero. Para llegar a esa cifra el Elche de Escribá necesitó ¡12 partidos! en su última campaña en la máxima categoría.

El equipo franjiverde no pierde desde la primera jornada (0-3 ante la Real) y marcha octavo con dos partidos menos que la mayoría de sus rivales. Los que vaticinaban un descenso express ya no lo creen tanto, y es que cuando tienes la Ley de Murphy a tu favor, todo es mucho más fácil, ¿no creen?

Imagen de cabecera: Imago