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Álex Moreno, arriba y abajo

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 29-11-2019

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Álex Moreno Betis

Si hay un nombre que ha destacado con regularidad desde el inicio de la temporada en el todavía problemático Betis de Rubi ese es el de Álex Moreno. El catalán es uno de los pocos futbolistas verdiblancos que ha encontrado un contexto favorecedor entre el maremágnum táctico y el estilo aún indefinido del conjunto bético, caracterizado básicamente por los ritmos altos, la poca pausa, el ida y vuelta y por un juego marcadamente exterior en el que Álex Moreno, aunque no sea un futbolista especialmente productivo de forma directa, se está imponiendo por su facilidad para profundizar y generar ventajas a base de su velocidad y desborde, tanto cuando arranca desde parado como cuando llega en carrera al último tercio del campo por la banda izquierda.

Además, Álex Moreno ha venido siendo, con la línea defensiva de cuatro integrantes, la salida más clara y sencilla que tenía Rubi para estirar a su equipo y transportarlo hacia la mitad rival a través de sus incisivas conducciones y sus impulsos individuales, seguramente más exuberantes que buenos, más vistosos que efectivos y más enfocados en la cantidad que en la calidad de un ataque bien organizado, pero muy amenazantes para el equipo contrario por la facilidad que tiene para ganar metros y superar marcas por sí mismo. Sin embargo, en un Betis mejor estructurado como lo fue el de la última jornada y que parece querer reordenarse definitivamente bajo unos preceptos similares a los que vertebraban al equipo el curso pasado, su rendimiento podría pasar de ser meramente vistoso y exuberante a convertirse en un arma ofensiva tremendamente desequilibrante también para el sistema. Una potencial y jugosa mejoría tanto a nivel individual como colectivo.

A través del 3-4-2-1 en fase ofensiva y en la salida de pelota y de un cariz posicional que da sentido a casi todo y a casi todos en la disposición táctica y en la plantilla verdiblancas, aún a la espera del mediocentro especialista que el equipo lleva dos años echando en falta, Álex Moreno podría recibir más liberado y más arriba para extraer aún más ventajas y sacar así a relucir una mejor versión de su juego. Una versión que sea más eficiente y productiva, capaz de generar no solo jugadas, sino también ocasiones a través de ataques colectivos organizados y que, a través de ese mayor orden posicional de todas las piezas, termine, en definitiva, por provocar remates y goles. Un techo que ya se vio perfectamente en el encuentro ante el Valencia, donde el Betis atacó más del 50% del tiempo por el carril izquierdo, provocando que el bloque che, aunque condicionado por el parche que supone Jaume Costa en el lateral derecho, terminase por echarse muchos metros hacia atrás y cediendo completamente el dominio debido a la pujanza bética por ese sector.

Con Joaquín pinchado arriba, esperándolo como muy pocos saben hacer con su lateral, dividiendo atenciones, tomando decisiones constantemente, sabiendo lanzarlo por fuera y siendo además una opción de pase interior permanente, aumentar el rendimiento es más sencillo. Tanto es así que, ante el Valencia, Álex Moreno dio su primera asistencia de la temporada y fue el tercer futbolista bético con una altura posicional media más elevada, lo que no hace otra cosa que beneficiar su fútbol. Si a sus condiciones es capaz de sumar un segundo de pausa y una capacidad decisoria superior a la hora de soltar el pase atrás y si, a su vez, el Betis logra encontrar a Canales, a Fekir y a Joaquín en los escalones adecuados en los que poder incidir y juntarse para después abrir hacia el costado liberado donde apareciese en carrera Álex Moreno, el exjugador rayista podría tener una autopista en la que exaltar sus condiciones y ofrecer un nivel similar al de Junior Firpo, que tantas veces llegaba arriba para incluso pisar área y cuyo pase horizontal fue una de las fuentes goleadoras más estables del Betis por medio de las finalizaciones de Canales o Lo Celso llegando al punto de penalti.

Atrás, en cambio, Álex Moreno es un futbolista mucho más deficitario. Un motivo de peso más para que sus condiciones puedan agradecer el cambio de paradigma que está llevando a cabo Rubi, no sin aparentes reparos, visto lo que ha tardado en recuperar una fase de inicio que involucre a tres centrales en lugar de solo a dos. El ‘15’ verdiblanco es un defensor que concede demasiada distancia a su marca en situaciones de uno para uno, cuya espalda puede ser un agujero difícil de tapar al mínimo desajuste o falta de ayudas o coberturas y que se perfila de una manera a menudo problemática, lo que le lleva a ser un futbolista fácil de superar a pesar de la gran velocidad que posee. De hecho, si bien es cierto que por su banda el Betis realizó la mitad de sus ataques y progresiones ante el cuadro de Albert Celades, no es menos cierto que el Valencia hizo lo propio por el sector derecho, especialmente a través de un cada vez más peligroso, continuo y brillante Ferrán Torres. No hay contención defensiva por su carril, sobre todo si el apagafuegos Guardado no juega en la controvertida zona de la medular o no está a su mejor nivel, como lleva siendo habitual en todo este 2019.

Álex Moreno asegura una gran cantidad de acciones, provoca que pasen cosas y de esa forma y entre el caos circundante ha sido el nombre más destacado del equipo en este primer tercio de La Liga, pero el Betis, si retoma definitivamente la senda de un estilo más asociativo y posicional, necesita mucho más que las acciones de su carrilero izquierdo se den en los momentos adecuados y que tengan la suficiente cuota de calidad como para que su regate, su desborde, su conducción y su desequilibrio se traduzcan en continuidad en la fabricación de ocasiones. Y para ello, debe conectar con él lo más cerca del pico del área, con el panorama por delante lo más despejado posible y con un bloque bien situado y colocado en campo rival que, como añadido, beneficie que, ante una eventual pérdida de balón, el equipo se mantenga ordenado y alejado de los dominios de Joel Robles. Por tanto, un plan que permita a Álex Moreno pasar la mayor parte de su tiempo sobre el terreno de juego corriendo hacia delante y pisando campo rival, en lugar de hacerlo hacia atrás o defendiendo en estático en campo propio. Álex Moreno no puede ser la individualidad más destacada del equipo, sino más bien un hilo del que el Betis pueda tirar para competir mejor y con el que hilvanar acciones ofensivas colectivas que aseguren profundidad y amenacen el pico del área tras haber sido lanzado hacia ahí instantes antes por medio de una apertura que llegue desde la zona de tres cuartos y no desde el central. Una forma de encontrarlo para que pueda incidir que reduzca el recorrido de sus conducciones, que le hagan llegar por sorpresa y no por rutina, que le lleven a marcar diferencias más con su cambio de ritmo que con su velocidad sostenida y que sean una guinda y no todo el pastel. Álex Moreno no tiene evidentemente el grado de determinación, ni la finura técnica, ni la visión de juego o la calidad productiva suficiente como para ser el ‘hombre-sistema’ de su entrenador como venía siéndolo. Por todos esos motivos debe ser, más bien, un puñal al servicio de la causa global, un estilete que se vea potenciado por esta y que le dé su particular cuchillo al sistema para ser muy profundo, muy ancho y muy dañino en el último tercio. Si tanto el equipo como el jugador logran entenderse en la misma medida, ambos deberían saber crecer de la mano mucho más allá del incipiente paso adelante que supuso el partido ante el Valencia.

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Si hay un nombre que ha destacado con regularidad desde el inicio de la temporada en el todavía problemático Betis de Rubi ese es el de Álex Moreno. El catalán es uno de los pocos futbolistas verdiblancos que ha encontrado un contexto favorecedor entre el maremágnum táctico y el estilo aún indefinido del conjunto bético, caracterizado básicamente por los ritmos altos, la poca pausa, el ida y vuelta y por un juego marcadamente exterior en el que Álex Moreno, aunque no sea un futbolista especialmente productivo de forma directa, se está imponiendo por su facilidad para profundizar y generar ventajas a base de su velocidad y desborde, tanto cuando arranca desde parado como cuando llega en carrera al último tercio del campo por la banda izquierda.

Además, Álex Moreno ha venido siendo, con la línea defensiva de cuatro integrantes, la salida más clara y sencilla que tenía Rubi para estirar a su equipo y transportarlo hacia la mitad rival a través de sus incisivas conducciones y sus impulsos individuales, seguramente más exuberantes que buenos, más vistosos que efectivos y más enfocados en la cantidad que en la calidad de un ataque bien organizado, pero muy amenazantes para el equipo contrario por la facilidad que tiene para ganar metros y superar marcas por sí mismo. Sin embargo, en un Betis mejor estructurado como lo fue el de la última jornada y que parece querer reordenarse definitivamente bajo unos preceptos similares a los que vertebraban al equipo el curso pasado, su rendimiento podría pasar de ser meramente vistoso y exuberante a convertirse en un arma ofensiva tremendamente desequilibrante también para el sistema. Una potencial y jugosa mejoría tanto a nivel individual como colectivo.

A través del 3-4-2-1 en fase ofensiva y en la salida de pelota y de un cariz posicional que da sentido a casi todo y a casi todos en la disposición táctica y en la plantilla verdiblancas, aún a la espera del mediocentro especialista que el equipo lleva dos años echando en falta, Álex Moreno podría recibir más liberado y más arriba para extraer aún más ventajas y sacar así a relucir una mejor versión de su juego. Una versión que sea más eficiente y productiva, capaz de generar no solo jugadas, sino también ocasiones a través de ataques colectivos organizados y que, a través de ese mayor orden posicional de todas las piezas, termine, en definitiva, por provocar remates y goles. Un techo que ya se vio perfectamente en el encuentro ante el Valencia, donde el Betis atacó más del 50% del tiempo por el carril izquierdo, provocando que el bloque che, aunque condicionado por el parche que supone Jaume Costa en el lateral derecho, terminase por echarse muchos metros hacia atrás y cediendo completamente el dominio debido a la pujanza bética por ese sector.

Con Joaquín pinchado arriba, esperándolo como muy pocos saben hacer con su lateral, dividiendo atenciones, tomando decisiones constantemente, sabiendo lanzarlo por fuera y siendo además una opción de pase interior permanente, aumentar el rendimiento es más sencillo. Tanto es así que, ante el Valencia, Álex Moreno dio su primera asistencia de la temporada y fue el tercer futbolista bético con una altura posicional media más elevada, lo que no hace otra cosa que beneficiar su fútbol. Si a sus condiciones es capaz de sumar un segundo de pausa y una capacidad decisoria superior a la hora de soltar el pase atrás y si, a su vez, el Betis logra encontrar a Canales, a Fekir y a Joaquín en los escalones adecuados en los que poder incidir y juntarse para después abrir hacia el costado liberado donde apareciese en carrera Álex Moreno, el exjugador rayista podría tener una autopista en la que exaltar sus condiciones y ofrecer un nivel similar al de Junior Firpo, que tantas veces llegaba arriba para incluso pisar área y cuyo pase horizontal fue una de las fuentes goleadoras más estables del Betis por medio de las finalizaciones de Canales o Lo Celso llegando al punto de penalti.

Atrás, en cambio, Álex Moreno es un futbolista mucho más deficitario. Un motivo de peso más para que sus condiciones puedan agradecer el cambio de paradigma que está llevando a cabo Rubi, no sin aparentes reparos, visto lo que ha tardado en recuperar una fase de inicio que involucre a tres centrales en lugar de solo a dos. El ‘15’ verdiblanco es un defensor que concede demasiada distancia a su marca en situaciones de uno para uno, cuya espalda puede ser un agujero difícil de tapar al mínimo desajuste o falta de ayudas o coberturas y que se perfila de una manera a menudo problemática, lo que le lleva a ser un futbolista fácil de superar a pesar de la gran velocidad que posee. De hecho, si bien es cierto que por su banda el Betis realizó la mitad de sus ataques y progresiones ante el cuadro de Albert Celades, no es menos cierto que el Valencia hizo lo propio por el sector derecho, especialmente a través de un cada vez más peligroso, continuo y brillante Ferrán Torres. No hay contención defensiva por su carril, sobre todo si el apagafuegos Guardado no juega en la controvertida zona de la medular o no está a su mejor nivel, como lleva siendo habitual en todo este 2019.

Álex Moreno asegura una gran cantidad de acciones, provoca que pasen cosas y de esa forma y entre el caos circundante ha sido el nombre más destacado del equipo en este primer tercio de La Liga, pero el Betis, si retoma definitivamente la senda de un estilo más asociativo y posicional, necesita mucho más que las acciones de su carrilero izquierdo se den en los momentos adecuados y que tengan la suficiente cuota de calidad como para que su regate, su desborde, su conducción y su desequilibrio se traduzcan en continuidad en la fabricación de ocasiones. Y para ello, debe conectar con él lo más cerca del pico del área, con el panorama por delante lo más despejado posible y con un bloque bien situado y colocado en campo rival que, como añadido, beneficie que, ante una eventual pérdida de balón, el equipo se mantenga ordenado y alejado de los dominios de Joel Robles. Por tanto, un plan que permita a Álex Moreno pasar la mayor parte de su tiempo sobre el terreno de juego corriendo hacia delante y pisando campo rival, en lugar de hacerlo hacia atrás o defendiendo en estático en campo propio. Álex Moreno no puede ser la individualidad más destacada del equipo, sino más bien un hilo del que el Betis pueda tirar para competir mejor y con el que hilvanar acciones ofensivas colectivas que aseguren profundidad y amenacen el pico del área tras haber sido lanzado hacia ahí instantes antes por medio de una apertura que llegue desde la zona de tres cuartos y no desde el central. Una forma de encontrarlo para que pueda incidir que reduzca el recorrido de sus conducciones, que le hagan llegar por sorpresa y no por rutina, que le lleven a marcar diferencias más con su cambio de ritmo que con su velocidad sostenida y que sean una guinda y no todo el pastel. Álex Moreno no tiene evidentemente el grado de determinación, ni la finura técnica, ni la visión de juego o la calidad productiva suficiente como para ser el ‘hombre-sistema’ de su entrenador como venía siéndolo. Por todos esos motivos debe ser, más bien, un puñal al servicio de la causa global, un estilete que se vea potenciado por esta y que le dé su particular cuchillo al sistema para ser muy profundo, muy ancho y muy dañino en el último tercio. Si tanto el equipo como el jugador logran entenderse en la misma medida, ambos deberían saber crecer de la mano mucho más allá del incipiente paso adelante que supuso el partido ante el Valencia.

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La estrella del norte

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05-12-2019

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