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Álex Collado, el mejor actor de reparto

Xavi Vallés @xavivalles14 27-02-2020

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Álex Collado

Si le definiera como una debilidad personal, me quedaría corto. Y es normal, porque en esto del fútbol uno no vive muchos amores a primera vista. Siempre con alguna sospecha, alguna duda, algún “y si” que hace contenerte… Pero con él sucedió. Y no digo esto para asegurarme un futuro “yo ya os dije que…” si su talento le convierte en una pieza importante en el primer equipo. Simplemente pasó. Y no me escondo: tampoco hace tanto tiempo de este flechazo. Álex Collado era un desconocido para mí hasta la final de Youth League que el FC Barcelona gana en 2018. En esa época, consumía partidos del primer equipo y filial de forma habitual, pero no controlaba demasiado al Juvenil A. Pese a ello, consideré y sigo considerando que una final europea es de visionado obligatorio. De paso me serviría para ver si los jugadores que pronto se iban a incorporar al Barça B (que ya estaba a las órdenes de Francesc Xavier Garcia Pimienta) tenían la calidad suficiente para regalarme una buena próxima temporada. Y ahí estaba el ‘10’ de este equipo juvenil que, en un intervalo de noventa minutos, consiguió mostrarse ante un novato como yo como un talento diferencial, sacar todo su esplendor como jugador y hacerme suyo futbolísticamente hablando.

La presencia de Álex Collado en las convocatorias del primer equipo empieza a no ser noticia. Seguramente más propiciada por las bajas que ha sufrido el primer equipo que por otra cosa, pero el multifuncional jugador del filial ha empezado a asomar la cabeza en el espacio de primera línea mediática que ocupa un equipo como el FC Barcelona. Y eso es algo nuevo (y no sabemos si muy cómodo) para Álex Collado, un chaval acostumbrado a moverse algo alejado del sitio al que van dirigidos los focos. Tengo la sensación de que parte de este comportamiento surge por iniciativa propia, y va ligado a una personalidad forjada a lo largo de una vida en la que ha tenido que superar varias dificultades personales y familiares. Pero por otra parte, creo que es algo a lo que se ha visto abocado por el hecho de ser coetáneo del centro del campo con el gran conocido para el público ‘estándar’ culé y jugador del filial al que apuntan la inmensa mayoría de focos mediáticos: Riqui Puig.

A Collado no le ha quedado otra que aprender a brillar desde el segundo plano, partiendo de una menor atención hacia él por parte de la mayoría de elementos que forman parte de la social, futbolística, periodística y mediática estructura que hay montada alrededor del filial. Collado no ha tenido tantos ojos y cámaras encima como los que ha tenido su compañero. No ha tenido a televisiones del club y de la capital catalana haciéndole un seguimiento especial y posterior vídeo resumen de sus highlights el día después de cada partido. No ha formado parte del clickbait fácil del estilo de “La increíble ruleta + asistencia por la que Riqui debería ser convocado con el primer equipo” con el que medios de comunicación del Barça captan la atención de sus espectadores de todo el mundo para generar debate futbolístico. Álex Collado ha ejercido de actor de reparto durante esta temporada y media que lleva comandando y (sí, como lo estáis leyendo) liderando el filial. Un líder silencioso, un ejecutor invisible pero altamente efectivo. Por suerte, el que no es menor es el rango que el cuerpo técnico le está otorgando, algo que debería tranquilizarnos ya que son los que saben más de eso, los que conocen mejor qué puede aportar el jugador y los que tienen el poder de decisión sobre sus próximos pasos. Y bajo esta premisa, no tengo ninguna duda de que, a lo largo de esta última etapa formativa en la que se encuentra el sabadellense, harán lo que haríamos todos: considerarle una de las perlas con mayor potencial del club. Valorar su impactante inteligencia sobre el terreno de juego, que le lleva a poseer una endiablada concepción del juego que se vuelve más efectiva a medida que pasan las jornadas, los meses de competición. Tener en cuenta esta valiosa capacidad que ha integrado de -más allá de su posición inicial como interior- poder jugar y aportar desde las tres posiciones del ataque, con un despliegue técnico y táctico que ha aportado al equipo en todos y cada uno de los contextos que se está encontrando en la siempre complicada Segunda División B. Potenciar el Collado al que no le quema el balón en los pies en momentos donde hace falta un líder que, ya sea porque hay que remontar o tener que conservar el resultado, quiera dar el paso adelante, ofrecerse como muelle de descarga para sus compañeros y coger las riendas del equipo. Considerar su habilidad para ser diferencial entre líneas, siendo capaz de abastecer al delantero de balones medidos al espacio. Valorar la lectura que hace del importante papel que juegan los laterales en el sistema de García Pimienta (el de su banda y el de la banda contraria) y moverse adecuadamente para optimizar los recursos que ofrecen. Así parece entenderle el técnico del filial, que considera a Álex Collado uno de los puntales más sólidos de los que dispone. Como apreciación personal, creo que se trata del primer jugador que se habría llevado con él si se le hubiera dado la oportunidad de entrenar al primer equipo tras la destitución de Valverde. No quiero dejar pasar la oportunidad de añadir que me parecería una decisión totalmente lógica y que sería la misma por la que apostaría un servidor.

¿Y el día que acabe pasando? Pues a seguir trabajando, sabiendo que -por desgracia y de forma muy injusta- el hecho de ser canterano parece una dificultad añadida en el camino hacia el éxito con el primer equipo. No le quedará más remedio que hacerse un hueco con paciencia y siendo diferencial a través de su fútbol. A seguir remando ante una presión mediática que puede dejarle un poco de lado o, directamente, jugarle en contra. Estos y algunos más serán los obstáculos a superar para Álex Collado, algo que no es nada nuevo para él. Ojalá su forma de ser le ayude a ello. Porque ser algo hermético en un mundo tan expuesto debe, merece tener cosas a favor. Porque quienes agachan la cabeza ante una nube de micrófonos en zona mixta en vez de ir hacia ellos y comérselos también me representan. Me niego a pensar que esta burbuja futbolístico-mediática no tenga reservado un sitio para los amantes del segundo plano, para quienes no están del todo cómodos ante las luces, cámaras y acción, para quienes no encuentran en las ruedas de prensa o en los documentales de RakutenTV su hábitat predilecto, por mucho que estemos hablando de un club irremediablemente instalado en la primera línea mediática como el FC Barcelona. Quiero verle ahí. Por su fútbol, pero también para comprobar como un perfil así es capaz de encajarlo, integrarlo y (a partir de ahí) explotarlo desde ese papel de mejor actor de reparto.

Leyéndome de nuevo me doy cuenta de que la descripción anterior encaja con el prototipo de jugador que fue el primer Andrés Iniesta. Y eso es muy positivo, porque su trayectoria nos debe recordar algo muy importante: los mejores actores de reparto también optan, tarde o temprano, a volver a casa con el mayor de los premios bajo el brazo.

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Si le definiera como una debilidad personal, me quedaría corto. Y es normal, porque en esto del fútbol uno no vive muchos amores a primera vista. Siempre con alguna sospecha, alguna duda, algún “y si” que hace contenerte… Pero con él sucedió. Y no digo esto para asegurarme un futuro “yo ya os dije que…” si su talento le convierte en una pieza importante en el primer equipo. Simplemente pasó. Y no me escondo: tampoco hace tanto tiempo de este flechazo. Álex Collado era un desconocido para mí hasta la final de Youth League que el FC Barcelona gana en 2018. En esa época, consumía partidos del primer equipo y filial de forma habitual, pero no controlaba demasiado al Juvenil A. Pese a ello, consideré y sigo considerando que una final europea es de visionado obligatorio. De paso me serviría para ver si los jugadores que pronto se iban a incorporar al Barça B (que ya estaba a las órdenes de Francesc Xavier Garcia Pimienta) tenían la calidad suficiente para regalarme una buena próxima temporada. Y ahí estaba el ‘10’ de este equipo juvenil que, en un intervalo de noventa minutos, consiguió mostrarse ante un novato como yo como un talento diferencial, sacar todo su esplendor como jugador y hacerme suyo futbolísticamente hablando.

La presencia de Álex Collado en las convocatorias del primer equipo empieza a no ser noticia. Seguramente más propiciada por las bajas que ha sufrido el primer equipo que por otra cosa, pero el multifuncional jugador del filial ha empezado a asomar la cabeza en el espacio de primera línea mediática que ocupa un equipo como el FC Barcelona. Y eso es algo nuevo (y no sabemos si muy cómodo) para Álex Collado, un chaval acostumbrado a moverse algo alejado del sitio al que van dirigidos los focos. Tengo la sensación de que parte de este comportamiento surge por iniciativa propia, y va ligado a una personalidad forjada a lo largo de una vida en la que ha tenido que superar varias dificultades personales y familiares. Pero por otra parte, creo que es algo a lo que se ha visto abocado por el hecho de ser coetáneo del centro del campo con el gran conocido para el público ‘estándar’ culé y jugador del filial al que apuntan la inmensa mayoría de focos mediáticos: Riqui Puig.

A Collado no le ha quedado otra que aprender a brillar desde el segundo plano, partiendo de una menor atención hacia él por parte de la mayoría de elementos que forman parte de la social, futbolística, periodística y mediática estructura que hay montada alrededor del filial. Collado no ha tenido tantos ojos y cámaras encima como los que ha tenido su compañero. No ha tenido a televisiones del club y de la capital catalana haciéndole un seguimiento especial y posterior vídeo resumen de sus highlights el día después de cada partido. No ha formado parte del clickbait fácil del estilo de “La increíble ruleta + asistencia por la que Riqui debería ser convocado con el primer equipo” con el que medios de comunicación del Barça captan la atención de sus espectadores de todo el mundo para generar debate futbolístico. Álex Collado ha ejercido de actor de reparto durante esta temporada y media que lleva comandando y (sí, como lo estáis leyendo) liderando el filial. Un líder silencioso, un ejecutor invisible pero altamente efectivo. Por suerte, el que no es menor es el rango que el cuerpo técnico le está otorgando, algo que debería tranquilizarnos ya que son los que saben más de eso, los que conocen mejor qué puede aportar el jugador y los que tienen el poder de decisión sobre sus próximos pasos. Y bajo esta premisa, no tengo ninguna duda de que, a lo largo de esta última etapa formativa en la que se encuentra el sabadellense, harán lo que haríamos todos: considerarle una de las perlas con mayor potencial del club. Valorar su impactante inteligencia sobre el terreno de juego, que le lleva a poseer una endiablada concepción del juego que se vuelve más efectiva a medida que pasan las jornadas, los meses de competición. Tener en cuenta esta valiosa capacidad que ha integrado de -más allá de su posición inicial como interior- poder jugar y aportar desde las tres posiciones del ataque, con un despliegue técnico y táctico que ha aportado al equipo en todos y cada uno de los contextos que se está encontrando en la siempre complicada Segunda División B. Potenciar el Collado al que no le quema el balón en los pies en momentos donde hace falta un líder que, ya sea porque hay que remontar o tener que conservar el resultado, quiera dar el paso adelante, ofrecerse como muelle de descarga para sus compañeros y coger las riendas del equipo. Considerar su habilidad para ser diferencial entre líneas, siendo capaz de abastecer al delantero de balones medidos al espacio. Valorar la lectura que hace del importante papel que juegan los laterales en el sistema de García Pimienta (el de su banda y el de la banda contraria) y moverse adecuadamente para optimizar los recursos que ofrecen. Así parece entenderle el técnico del filial, que considera a Álex Collado uno de los puntales más sólidos de los que dispone. Como apreciación personal, creo que se trata del primer jugador que se habría llevado con él si se le hubiera dado la oportunidad de entrenar al primer equipo tras la destitución de Valverde. No quiero dejar pasar la oportunidad de añadir que me parecería una decisión totalmente lógica y que sería la misma por la que apostaría un servidor.

¿Y el día que acabe pasando? Pues a seguir trabajando, sabiendo que -por desgracia y de forma muy injusta- el hecho de ser canterano parece una dificultad añadida en el camino hacia el éxito con el primer equipo. No le quedará más remedio que hacerse un hueco con paciencia y siendo diferencial a través de su fútbol. A seguir remando ante una presión mediática que puede dejarle un poco de lado o, directamente, jugarle en contra. Estos y algunos más serán los obstáculos a superar para Álex Collado, algo que no es nada nuevo para él. Ojalá su forma de ser le ayude a ello. Porque ser algo hermético en un mundo tan expuesto debe, merece tener cosas a favor. Porque quienes agachan la cabeza ante una nube de micrófonos en zona mixta en vez de ir hacia ellos y comérselos también me representan. Me niego a pensar que esta burbuja futbolístico-mediática no tenga reservado un sitio para los amantes del segundo plano, para quienes no están del todo cómodos ante las luces, cámaras y acción, para quienes no encuentran en las ruedas de prensa o en los documentales de RakutenTV su hábitat predilecto, por mucho que estemos hablando de un club irremediablemente instalado en la primera línea mediática como el FC Barcelona. Quiero verle ahí. Por su fútbol, pero también para comprobar como un perfil así es capaz de encajarlo, integrarlo y (a partir de ahí) explotarlo desde ese papel de mejor actor de reparto.

Leyéndome de nuevo me doy cuenta de que la descripción anterior encaja con el prototipo de jugador que fue el primer Andrés Iniesta. Y eso es muy positivo, porque su trayectoria nos debe recordar algo muy importante: los mejores actores de reparto también optan, tarde o temprano, a volver a casa con el mayor de los premios bajo el brazo.

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