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Alex Bolt: reencontrarse para volver a ser tenista

David Sánchez @dasanchez__ 22-01-2019

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La primera semana del Abierto de Australia deja un nombre propio lejos de los focos que siguen acaparando los principales favoritos al primer Grand Slam de la temporada. Con 26 años, el jugador local, Alex Bolt, sorprendió colándose en la tercera ronda del major aussie. Ganó al americano Jack Sock y al francés Gilles Simon antes de despedirse ante Alexander Zverev. Nunca antes había conseguido un triunfo en uno de los cuatro Grandes del año.

Pero la historia de Bolt es especial porque llegó a abandonar el circuito en 2016. “No sentía la pasión para jugar y, pensé, no tiene mucho sentido seguir. Así que me fui a casa nueve meses”, le confesaba en 2017 al diario The Age.

Hastiado de los continuos viajes y del escaso rédito económico en un circuito donde los más privilegiados otean por los 150 primeros puestos, a sus 23 años, decidió tomarse un respiro y vivir otra vida en el sector de la construcción.

“El tenis era todo lo que sabía hacer. No había hecho otro trabajo”, afirmaba en la web de la ATP. “Recibí una llamada de mi cuñado, que se encontraba trabajando en una instalación. Me dijo que necesitaba un par de personas para sacar adelante el proyecto y me uní. Tampoco tenía otra cosa que hacer”, añadía.

El jugador nacido en la localidad de Murray Bridge, al sur de Australia, dejaba de esta forma, el mundo del tenis por un tiempo. “¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué estoy jugando? ¿Cuándo podré irme a casa?”, esas eran algunas de las cuestiones que le rondaron por la cabeza en los meses previos a marcharse del circuito.

“Era gracioso porque en los entrenamientos me lo pasaba genial. Pero, cuando llegaba el partido, mi mente estaba en todas partes menos en la pista de tenis. Me equivoqué y me hice preguntas en lugar de resolver los problemas”, reconocía.

Y es que muchos jugadores comienzan en el tenis intentando progresar cada día. Pero escalar, hasta llegar a lo más alto, es un camino muy complicado. “Cuando eres niño, todos soñamos con convertirnos en el próximo Roger Federer o Rafa Nadal. Piensas en jugar partidos de Grand Slam”, afirmaba.

“Subir en la clasificación ATP es más complicado de lo que parece. Tienes que hacerlo muy bien en torneos Futures, luego en los Challenger y, finalmente, en los eventos ATP. Trabajas duro, día tras día, y, a veces, no es suficiente y te quedas atascado. Puede ser frustrante”.

Así que ataviado con mono, cubo y paleta, Bolt se armó de valor para comenzar una nueva vida, como albañil, montando muros de contención. “No sabía mucho lo que estaba haciendo pero lo estaba haciendo”.

El joven aussie intentó continuar, incluso se apuntó a un equipo de fútbol australiano, el Mypolonga FC, para seguir practicando deporte. Aquello le ayudó. Se reencontró con viejos amigos y, poco a poco, fue recuperando los ánimos mientras veía a viejos compañeros del circuito, como Jordan Thompson, romper la barrera de los 100 mejores del mundo.

Entonces, una llamada lo cambió todo. Al otro lado del teléfono se encontraba Todd Langman, actual entrenador del actual número 144 del ranking y también australiano Thanasi Kokkinakis. “¿Estás listo para empezar de nuevo?”.

Bolt aceptó regresar. Todo le parecía raro. La vuelta, una rutina extraña; un dejà vu pero, esta vez, con sentido. “Dejar el tenis es lo mejor que jamás pude hacer. Antes del parón, mi vida dependía de lo que hacía en la pista. Al regresar, mi mente fue diferente”.

Tanto que ha pasado de estar más allá del puesto 600 del ranking a entrar entre los 200 primeros. Ganó su segundo torneo Challenger el año pasado y accedió a su primer cuadro principal de un Grand Slam en Wimbledon 2018. Zverev doblegó a Bolt en Melbourne pero la derrota no es la lección que mejor se sabe un tenista que ha hecho de la resiliencia su seña de identidad.

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La primera semana del Abierto de Australia deja un nombre propio lejos de los focos que siguen acaparando los principales favoritos al primer Grand Slam de la temporada. Con 26 años, el jugador local, Alex Bolt, sorprendió colándose en la tercera ronda del major aussie. Ganó al americano Jack Sock y al francés Gilles Simon antes de despedirse ante Alexander Zverev. Nunca antes había conseguido un triunfo en uno de los cuatro Grandes del año.

Pero la historia de Bolt es especial porque llegó a abandonar el circuito en 2016. “No sentía la pasión para jugar y, pensé, no tiene mucho sentido seguir. Así que me fui a casa nueve meses”, le confesaba en 2017 al diario The Age.

Hastiado de los continuos viajes y del escaso rédito económico en un circuito donde los más privilegiados otean por los 150 primeros puestos, a sus 23 años, decidió tomarse un respiro y vivir otra vida en el sector de la construcción.

“El tenis era todo lo que sabía hacer. No había hecho otro trabajo”, afirmaba en la web de la ATP. “Recibí una llamada de mi cuñado, que se encontraba trabajando en una instalación. Me dijo que necesitaba un par de personas para sacar adelante el proyecto y me uní. Tampoco tenía otra cosa que hacer”, añadía.

El jugador nacido en la localidad de Murray Bridge, al sur de Australia, dejaba de esta forma, el mundo del tenis por un tiempo. “¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué estoy jugando? ¿Cuándo podré irme a casa?”, esas eran algunas de las cuestiones que le rondaron por la cabeza en los meses previos a marcharse del circuito.

“Era gracioso porque en los entrenamientos me lo pasaba genial. Pero, cuando llegaba el partido, mi mente estaba en todas partes menos en la pista de tenis. Me equivoqué y me hice preguntas en lugar de resolver los problemas”, reconocía.

Y es que muchos jugadores comienzan en el tenis intentando progresar cada día. Pero escalar, hasta llegar a lo más alto, es un camino muy complicado. “Cuando eres niño, todos soñamos con convertirnos en el próximo Roger Federer o Rafa Nadal. Piensas en jugar partidos de Grand Slam”, afirmaba.

“Subir en la clasificación ATP es más complicado de lo que parece. Tienes que hacerlo muy bien en torneos Futures, luego en los Challenger y, finalmente, en los eventos ATP. Trabajas duro, día tras día, y, a veces, no es suficiente y te quedas atascado. Puede ser frustrante”.

Así que ataviado con mono, cubo y paleta, Bolt se armó de valor para comenzar una nueva vida, como albañil, montando muros de contención. “No sabía mucho lo que estaba haciendo pero lo estaba haciendo”.

El joven aussie intentó continuar, incluso se apuntó a un equipo de fútbol australiano, el Mypolonga FC, para seguir practicando deporte. Aquello le ayudó. Se reencontró con viejos amigos y, poco a poco, fue recuperando los ánimos mientras veía a viejos compañeros del circuito, como Jordan Thompson, romper la barrera de los 100 mejores del mundo.

Entonces, una llamada lo cambió todo. Al otro lado del teléfono se encontraba Todd Langman, actual entrenador del actual número 144 del ranking y también australiano Thanasi Kokkinakis. “¿Estás listo para empezar de nuevo?”.

Bolt aceptó regresar. Todo le parecía raro. La vuelta, una rutina extraña; un dejà vu pero, esta vez, con sentido. “Dejar el tenis es lo mejor que jamás pude hacer. Antes del parón, mi vida dependía de lo que hacía en la pista. Al regresar, mi mente fue diferente”.

Tanto que ha pasado de estar más allá del puesto 600 del ranking a entrar entre los 200 primeros. Ganó su segundo torneo Challenger el año pasado y accedió a su primer cuadro principal de un Grand Slam en Wimbledon 2018. Zverev doblegó a Bolt en Melbourne pero la derrota no es la lección que mejor se sabe un tenista que ha hecho de la resiliencia su seña de identidad.

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