_Alemania

Agarrarse a un clavo ardiendo

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 16-06-2020

Tres son las balas que le quedan a un histórico como el Werder Bremen para evitar el que sería el segundo descenso de su historia a la 2.Bundesliga. Esto pasa tras años coqueteando con la zona baja, pensando que, desde la salida de Thomas Schaaf y Klaus Allofs, el equipo no ha encontrado su identidad y ha estado varios años en la cuerda floja, dándole las riendas a ex jugadores del club para que, al menos, la afición se sienta identificada con su cuerpo técnico, como sucediera con Schaaf, toda una leyenda en Bremen. Pero eso no funcionó. El único activo que tiene el club es su cantera y ejemplos como los hermanos Eggestein son prueba de ello. Es verdad que, como dice el dicho, cuando uno juega con fuego se acaba quemando. Años sufriendo, viendo incluso como a sus vecinos les ocurrió lo mismo y ahora luchan por volver, aunque les está costando. En Bremen no quieren eso, quieren seguir en la élite. Porque, aunque no lo crean, el conjunto del Weserstadion lidera una clasificación histórica, la de partidos de Bundesliga disputados, puesto que el Bayern se perdió las dos primeras ediciones.

Siendo generoso, de las tres balas hay una que prácticamente descartan, aunque sea en casa. Y es que les visita un Bayern que, ganando, será matemáticamente campeón. Un equipo que, con Hans-Dieter Flick, es imparable y al que nadie ha tosido desde que arrancaron la racha espectacular de victorias que mantienen, solo interrumpida por un empate ante el RB Leipzig. Ese es el primero de los tres rivales que tiene que superar el Werder Bremen para quedarse en la máxima categoría. Solo vale la victoria, pero ante el Bayern no llega desde 2008, pero claro, eran otros tiempos. Por aquel entonces, en el Werder había jugadores como Mertesacker, Diego Ribas, Mesut Özil o Claudio Pizarro. Estos jugadores vencieron en el Allianz Arena a los bávaros por 2-5. Eran otros tiempos. Ahora, ver un resultado así se antoja poco probable.

Kohfeldt y los suyos han llegado a este punto con todo merecimiento. El equipo ha tenido momentos en los que no había ni juego, ni gol. No salía nada. Justo en el momento del parón por la crisis sanitaria del coronavirus, el Bremen estaba a ocho puntos de la permanencia y cuatro de la Relegation, con tiempo por delante para poder solucionarlo, pero con un calendario complicado y, como ya nombré antes, unas sensaciones algo pobres. Incluso, cuando se especulaba con la posibilidad de suspender el campeonato y que no hubiera descensos, los de Marco Bode se apuntaron a esa idea puesto que, tal vez, sobre el césped no iban a conseguirlo. La competición se reanudó y la sorpresa fue mayúscula. Victorias ante el SC Freiburg, Schalke 04 y SC Paderborn, empate ante el Gladbach… La imagen del equipo había mejorado notablemente y, sobre todo, llegaban los resultados. Quizás empañados por la derrota ante el Eintracht Frankfurt, en partido aplazado por la carambola de la Europa League y esa misma semana ante el Wolfsburg. Contra el Eintracht tuvieron la oportunidad de salir del descenso y la desperdiciaron.

El Werder Bremen debe hacer un gran final de temporada si no quiere descender.

Ahora la situación es diferente. De los clubes de la zona baja, el que mejor está es el de Kohfeldt, pero los partidos hay que jugarlos y un partido ante el Bayern, si te pilla en un mal momento, puede ser devastador. Solo hay que ver el marcador de algunos de los duelos entre ambos. Desde un 0-7 en 2013 hasta un 6-1 (dado en dos ocasiones), un 6-0 (también dos veces) o 0-5 (que se dio también a favor del Bayern, en su estadio). Lejos queda el 2-5 de 2008 y, desde aquel día, todo ha ido cuesta abajo. Por eso digo que el partido del Bayern no cuenta. Aunque intentarán competir, viendo la trayectoria de los de Flick (17 victorias y un empate en este 2020), más bien les toca esperar a que pase cuanto antes ese duelo y que el rival levante la copa en tu propia casa, para luego afrontar lo que de verdad importa y es más asequible.

Esto le pasa a un club histórico como el Werder Bremen, campeón de cuatro Bundesligas (cada una en una década diferente), un club que ha disputado todas las ediciones de la máxima categoría del fútbol alemán menos una, la temporada 1979-80. Que hizo doblete en 2004, ganando Liga y Copa. Un club que cuenta con un título europeo, el de la Recopa. No es un club cualquiera, pero la historia no da méritos en el presente. No se engaña a nadie si se dice que el Bremen actual es una sombra al que fue la década pasada. Que ahora el equipo está más cerca de la parte baja que de la gloria continental. Todo eso se puede solucionar con estas últimas tres balas que quedan. Hubiera sido diferente si esas tres se hubieran gastado cuando reinaba la normalidad, con el público alentando a los jugadores, puesto que dos de estos encuentros que quedan son en casa. No obstante, hasta en eso ha tenido mala suerte, puesto que toca jugarlos a puerta cerrada. Toca sufrir, no depender de uno mismo, sino también de lo que hagan otros. Otros años han conseguido salir airosos, pero en esta ocasión, nunca mejor dicho, deben agarrarse a un clavo ardiendo para conseguir el objetivo y seguir siendo el club con más partidos en la historia de la Bundesliga, honor que le quitaron a sus vecinos.

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Tres son las balas que le quedan a un histórico como el Werder Bremen para evitar el que sería el segundo descenso de su historia a la 2.Bundesliga. Esto pasa tras años coqueteando con la zona baja, pensando que, desde la salida de Thomas Schaaf y Klaus Allofs, el equipo no ha encontrado su identidad y ha estado varios años en la cuerda floja, dándole las riendas a ex jugadores del club para que, al menos, la afición se sienta identificada con su cuerpo técnico, como sucediera con Schaaf, toda una leyenda en Bremen. Pero eso no funcionó. El único activo que tiene el club es su cantera y ejemplos como los hermanos Eggestein son prueba de ello. Es verdad que, como dice el dicho, cuando uno juega con fuego se acaba quemando. Años sufriendo, viendo incluso como a sus vecinos les ocurrió lo mismo y ahora luchan por volver, aunque les está costando. En Bremen no quieren eso, quieren seguir en la élite. Porque, aunque no lo crean, el conjunto del Weserstadion lidera una clasificación histórica, la de partidos de Bundesliga disputados, puesto que el Bayern se perdió las dos primeras ediciones.

Siendo generoso, de las tres balas hay una que prácticamente descartan, aunque sea en casa. Y es que les visita un Bayern que, ganando, será matemáticamente campeón. Un equipo que, con Hans-Dieter Flick, es imparable y al que nadie ha tosido desde que arrancaron la racha espectacular de victorias que mantienen, solo interrumpida por un empate ante el RB Leipzig. Ese es el primero de los tres rivales que tiene que superar el Werder Bremen para quedarse en la máxima categoría. Solo vale la victoria, pero ante el Bayern no llega desde 2008, pero claro, eran otros tiempos. Por aquel entonces, en el Werder había jugadores como Mertesacker, Diego Ribas, Mesut Özil o Claudio Pizarro. Estos jugadores vencieron en el Allianz Arena a los bávaros por 2-5. Eran otros tiempos. Ahora, ver un resultado así se antoja poco probable.

Kohfeldt y los suyos han llegado a este punto con todo merecimiento. El equipo ha tenido momentos en los que no había ni juego, ni gol. No salía nada. Justo en el momento del parón por la crisis sanitaria del coronavirus, el Bremen estaba a ocho puntos de la permanencia y cuatro de la Relegation, con tiempo por delante para poder solucionarlo, pero con un calendario complicado y, como ya nombré antes, unas sensaciones algo pobres. Incluso, cuando se especulaba con la posibilidad de suspender el campeonato y que no hubiera descensos, los de Marco Bode se apuntaron a esa idea puesto que, tal vez, sobre el césped no iban a conseguirlo. La competición se reanudó y la sorpresa fue mayúscula. Victorias ante el SC Freiburg, Schalke 04 y SC Paderborn, empate ante el Gladbach… La imagen del equipo había mejorado notablemente y, sobre todo, llegaban los resultados. Quizás empañados por la derrota ante el Eintracht Frankfurt, en partido aplazado por la carambola de la Europa League y esa misma semana ante el Wolfsburg. Contra el Eintracht tuvieron la oportunidad de salir del descenso y la desperdiciaron.

El Werder Bremen debe hacer un gran final de temporada si no quiere descender.

Ahora la situación es diferente. De los clubes de la zona baja, el que mejor está es el de Kohfeldt, pero los partidos hay que jugarlos y un partido ante el Bayern, si te pilla en un mal momento, puede ser devastador. Solo hay que ver el marcador de algunos de los duelos entre ambos. Desde un 0-7 en 2013 hasta un 6-1 (dado en dos ocasiones), un 6-0 (también dos veces) o 0-5 (que se dio también a favor del Bayern, en su estadio). Lejos queda el 2-5 de 2008 y, desde aquel día, todo ha ido cuesta abajo. Por eso digo que el partido del Bayern no cuenta. Aunque intentarán competir, viendo la trayectoria de los de Flick (17 victorias y un empate en este 2020), más bien les toca esperar a que pase cuanto antes ese duelo y que el rival levante la copa en tu propia casa, para luego afrontar lo que de verdad importa y es más asequible.

Esto le pasa a un club histórico como el Werder Bremen, campeón de cuatro Bundesligas (cada una en una década diferente), un club que ha disputado todas las ediciones de la máxima categoría del fútbol alemán menos una, la temporada 1979-80. Que hizo doblete en 2004, ganando Liga y Copa. Un club que cuenta con un título europeo, el de la Recopa. No es un club cualquiera, pero la historia no da méritos en el presente. No se engaña a nadie si se dice que el Bremen actual es una sombra al que fue la década pasada. Que ahora el equipo está más cerca de la parte baja que de la gloria continental. Todo eso se puede solucionar con estas últimas tres balas que quedan. Hubiera sido diferente si esas tres se hubieran gastado cuando reinaba la normalidad, con el público alentando a los jugadores, puesto que dos de estos encuentros que quedan son en casa. No obstante, hasta en eso ha tenido mala suerte, puesto que toca jugarlos a puerta cerrada. Toca sufrir, no depender de uno mismo, sino también de lo que hagan otros. Otros años han conseguido salir airosos, pero en esta ocasión, nunca mejor dicho, deben agarrarse a un clavo ardiendo para conseguir el objetivo y seguir siendo el club con más partidos en la historia de la Bundesliga, honor que le quitaron a sus vecinos.

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