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Adriana Cerezo: La Tormenta perfecta

David Orenes @david_lrl 05-03-2022

La naturaleza es sabia y nos avisa cuándo se acerca. Los grillos hacen más ruido, las ranas croan con más fuerza, las aves vuelan más alto. Entonces el aire se transforma en viento, el cielo se encapota y la lluvia entra en acción. Los estruendos y el destello entre las nubes nos indican que la descarga eléctrica ha comenzado.

Solo hay algo peor a que te pille una tormenta en la calle: que te pille en un barco en medio del océano. Aunque lo que tuvo que afrontar el Andrea Gail poco tenía que ver con una tormenta común. Una masa nubosa se juntó con el huracán Grace, que en lugar de avanzar hacia el noroeste (como estaba previsto) retrocedió, volviendo a las costas de Massachusetts para mezclarse con las intensas tormentas que procedían desde Canadá y el océano Atlántico respectivamente. Se dio entonces una circunstancia inusual, los astros se alinearon y aquella zona marítima se convirtió en un peligro mortal. Las olas superaban los 30 metros de altura, el viento soplaba a más de 120km/h y el puerto de Gloucester quedó completamente destrozado, así como algunas de las ciudades costeras. En los escasos restos que quedaron de aquel barco pesquero no se encontraron supervivientes.

A este fenómeno se le llamó primero la ‘Tempestad de Halloween’, pues sucedió entre el 28 de octubre y el 1 de noviembre de 1991. Pero gracias a la novela de Sebastian Junger y posteriormente su adaptación al cine en una película de mucho éxito (protagonizada por George Clooney y Mark Wahlberg), pasó a llamarse la ‘Tormenta perfecta’. Una denominación que hoy en día se utiliza para describir un evento en el que una rara combinación de circunstancias agrava drásticamente una situación, aunque en deporte su significado tiene doble sentido: muy positivo para quien la genera y terriblemente negativo para quien la sufre.

Por suerte, en España contamos con una deportista que las provoca con la misma facilidad que Ororo Monroe en los X-Men. Y no solo dentro del tatami, también fuera de él. La irrupción de Adriana Cerezo en el panorama nacional e internacional ha sido meteórica: de ser una absoluta desconocida a encandilar a propios y extraños. De ganar campeonatos en la sombra a tener pendiente a todo un país en su lucha por ganar el oro en Tokio. Su impacto en redes sociales se vio multiplicado por 20 en los pasados Juegos, un 2.400% solo en Instagram. En esta red contaba con apenas 5.000 seguidores, ahora supera los 130.000.

Dicen que el éxito que proporcionan los Juegos Olímpicos es efímero, que se evapora en cuanto pasan unos meses. Con la madrileña no lo parece. Lo tiene todo para triunfar. Joven, con carisma, ambiciosa y, sobre todo, espectacular en su trabajo. Da igual que sea un entrenamiento que una competición menor, que una Copa del mundo. La presencia de Adriana impone desde el primer momento, y es que el show comienza con una sonrisa desafiante, de pura rebeldía y confianza en sí misma. En Tokio nos frotábamos los ojos viéndola entrar al tatami para disputar su primera final olímpica con apenas 17 años. Mucho tienen que ver las técnicas de meditación que practica desde 2017 para controlar la tensión en los momentos donde acecha el estrés.

A Adriana se le escapó el oro y tuvo que conformarse con la plata tras caer en los instantes finales ante la tailandesa Panipak Wongpattanakit. Pero es que cinco meses atrás ni siquiera sabía que iba a participar en unos Juegos. La Federación apostó por ella tras ver su potencial (55 campeonatos y 48 medallas, más del 90% de oro), primero en el Europeo de Sofía, donde también se proclamó campeona, y después en el Preolímpico, donde se quedaron fuera las hermanas Calvo (Eva, subcampeona olímpica, y Marta). El aplazamiento por la pandemia también le favoreció, ya que en 2020 todavía alternaba júnior y sénior.

En definitiva, se dio la tormenta perfecta. Adriana Cerezo apareció de la nada, sorprendiendo incluso a sus propios rivales (apenas la tenían controlada) y al público general, hambriento de medallas en el primer día de los Juegos. Aquel 24 de julio, el país entero gozó con sus cuatro combates, con la velocidad de sus movimientos, con sus estruendosas victorias (12-4 en octavos, 33-2 en cuartos y 39-19 en semifinales) y con una personalidad eléctrica, que atraviesa la pantalla y emociona.

Su rabia tras perder el oro fue la de todos nosotros, pero con la mayoría de edad recién cumplida, el presente y el futuro ya son suyos. “«Mi objetivo es hacer historia en el mundo del deporte… Para eso hay que hacer muchísimas cosas, no solo vale con ganar el oro, también cuenta la forma de ganarlo y de hacerlo, y creo que el camino es disfrutando del proceso como hasta ahora». Que se preparen sus rivales, ya se oye el sonido de los grillos.

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Imagen de cabecera: Adriana Cerezo

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La naturaleza es sabia y nos avisa cuándo se acerca. Los grillos hacen más ruido, las ranas croan con más fuerza, las aves vuelan más alto. Entonces el aire se transforma en viento, el cielo se encapota y la lluvia entra en acción. Los estruendos y el destello entre las nubes nos indican que la descarga eléctrica ha comenzado.

Solo hay algo peor a que te pille una tormenta en la calle: que te pille en un barco en medio del océano. Aunque lo que tuvo que afrontar el Andrea Gail poco tenía que ver con una tormenta común. Una masa nubosa se juntó con el huracán Grace, que en lugar de avanzar hacia el noroeste (como estaba previsto) retrocedió, volviendo a las costas de Massachusetts para mezclarse con las intensas tormentas que procedían desde Canadá y el océano Atlántico respectivamente. Se dio entonces una circunstancia inusual, los astros se alinearon y aquella zona marítima se convirtió en un peligro mortal. Las olas superaban los 30 metros de altura, el viento soplaba a más de 120km/h y el puerto de Gloucester quedó completamente destrozado, así como algunas de las ciudades costeras. En los escasos restos que quedaron de aquel barco pesquero no se encontraron supervivientes.

A este fenómeno se le llamó primero la ‘Tempestad de Halloween’, pues sucedió entre el 28 de octubre y el 1 de noviembre de 1991. Pero gracias a la novela de Sebastian Junger y posteriormente su adaptación al cine en una película de mucho éxito (protagonizada por George Clooney y Mark Wahlberg), pasó a llamarse la ‘Tormenta perfecta’. Una denominación que hoy en día se utiliza para describir un evento en el que una rara combinación de circunstancias agrava drásticamente una situación, aunque en deporte su significado tiene doble sentido: muy positivo para quien la genera y terriblemente negativo para quien la sufre.

Por suerte, en España contamos con una deportista que las provoca con la misma facilidad que Ororo Monroe en los X-Men. Y no solo dentro del tatami, también fuera de él. La irrupción de Adriana Cerezo en el panorama nacional e internacional ha sido meteórica: de ser una absoluta desconocida a encandilar a propios y extraños. De ganar campeonatos en la sombra a tener pendiente a todo un país en su lucha por ganar el oro en Tokio. Su impacto en redes sociales se vio multiplicado por 20 en los pasados Juegos, un 2.400% solo en Instagram. En esta red contaba con apenas 5.000 seguidores, ahora supera los 130.000.

Dicen que el éxito que proporcionan los Juegos Olímpicos es efímero, que se evapora en cuanto pasan unos meses. Con la madrileña no lo parece. Lo tiene todo para triunfar. Joven, con carisma, ambiciosa y, sobre todo, espectacular en su trabajo. Da igual que sea un entrenamiento que una competición menor, que una Copa del mundo. La presencia de Adriana impone desde el primer momento, y es que el show comienza con una sonrisa desafiante, de pura rebeldía y confianza en sí misma. En Tokio nos frotábamos los ojos viéndola entrar al tatami para disputar su primera final olímpica con apenas 17 años. Mucho tienen que ver las técnicas de meditación que practica desde 2017 para controlar la tensión en los momentos donde acecha el estrés.

A Adriana se le escapó el oro y tuvo que conformarse con la plata tras caer en los instantes finales ante la tailandesa Panipak Wongpattanakit. Pero es que cinco meses atrás ni siquiera sabía que iba a participar en unos Juegos. La Federación apostó por ella tras ver su potencial (55 campeonatos y 48 medallas, más del 90% de oro), primero en el Europeo de Sofía, donde también se proclamó campeona, y después en el Preolímpico, donde se quedaron fuera las hermanas Calvo (Eva, subcampeona olímpica, y Marta). El aplazamiento por la pandemia también le favoreció, ya que en 2020 todavía alternaba júnior y sénior.

En definitiva, se dio la tormenta perfecta. Adriana Cerezo apareció de la nada, sorprendiendo incluso a sus propios rivales (apenas la tenían controlada) y al público general, hambriento de medallas en el primer día de los Juegos. Aquel 24 de julio, el país entero gozó con sus cuatro combates, con la velocidad de sus movimientos, con sus estruendosas victorias (12-4 en octavos, 33-2 en cuartos y 39-19 en semifinales) y con una personalidad eléctrica, que atraviesa la pantalla y emociona.

Su rabia tras perder el oro fue la de todos nosotros, pero con la mayoría de edad recién cumplida, el presente y el futuro ya son suyos. “«Mi objetivo es hacer historia en el mundo del deporte… Para eso hay que hacer muchísimas cosas, no solo vale con ganar el oro, también cuenta la forma de ganarlo y de hacerlo, y creo que el camino es disfrutando del proceso como hasta ahora». Que se preparen sus rivales, ya se oye el sonido de los grillos.

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David Orenes @david_lrl
05-03-2022

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Montse Coque @http://www.twitter.com/MontseCoque
21-04-2017