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Adelantando a la diabetes

Cristina Caparrós @criscaparros 25-03-2019

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Desde los ojos del espectador no se aprecia cada gota de sudor, ni un
grito encerrado en una palabra, la frecuencia cardíaca que provoca
la adrenalina, el valor de una milésima de segundo, o la
concentración lograda entre el abrumador sonido de los motores. Sin
embargo, cada uno de los protagonistas que alcanzan aquellos segundos
de gloria, esconden tras esos instantes un camino para alcanzarla.

Kilian Meyer (4 agosto 2002, Barcelona) es uno
de esos pilotos de automovilismo que trabaja día a día para crecer
y lograr un sueño. El recorrido es muy largo, complejo y exigente,
pero tiene claro dónde se encuentra la bandera de cuadros de su
meta. La diabetes tipo I no ha sido un obstáculo para seguir sus
pasos sino que, a través de las fortalezas y virtudes que definen al
joven piloto, demuestra la compatibilidad entre esta enfermedad y el
deporte de élite.

Acumula en su palmarés la primera posición del Campeonato Valenciano en 2012 y 2013, primero en la Copa Rotax España en 2013 y el título Series Rotax en 2014. A final de temporada del año pasado dio el salto a la Fórmula 4 y en su primera carrera – se corren 3 carreras por evento – logró dos podios. Este año iniciará el campeonato de Fórmula 4 desde el inicio y con un objetivo muy claro: ganar.

Sin obstáculos

El primer año, en
su primer entreno, sufrió “la primera marca de guerra” y
le apodaron Harry Potter. Chocó contra una valla y cuenta sobre
ello: “Me hice una herida en la frente, cicatrizando con una
forma muy similar a la de Harry Potter. También hay otros que al
verme conducir dicen que lo difícil lo hago fácil y al revés, como
Potter”.
Quizás Kilian es también un pequeño mago, y sus
trucos residen en el privilegio de su talento, la gran evolución en
su corta carrera y esa evidente apariencia de responsabilidad siendo
un niño.

Es políglota y
controla seis idiomas. “Gracias a mi padre, que es suizo, y mi
madre, que es española. Ellos me animaron a que aprendiera todos los
idiomas posibles. Estudio en la escuela suiza, donde mi idioma
principal es el alemán. También me enseñan otros idiomas como el
inglés, el francés, el español y el catalán. Además, el año
pasado en Milán también aprendí el italiano”.

Se define como
“cualquier otro adolescente de 16 años”, pero su sensatez
y madurez resulta sorprendente. “Soy responsable gracias al año
que viví en Milán –lejos de mi familia-, y donde debía ser más
cuidadoso con la diabetes. También soy sociable, me encanta conocer
personas y lugares nuevos. Diría que el viajar desde tan pequeño me
ha despertado el gusanillo de conocer el mundo. Por eso he aprendido
varios idiomas. Ahora hablo y escribo seis, pero me encantaría
llegar a 11 como uno de mis tíos. La moda y la música son dos de
mis otras pasiones. Y si tengo que hablar de algún defecto, es que
soy un poco maniático con el orden, me gusta tener mis cosas
controladas y ordenadas”.

Fue diagnosticado de
diabetes a finales de 2015, cuando tenía 13 años. En ese momento,
surgió algo de incertidumbre. “Al inicio tuve dudas, no sabía
qué significaba, pero con el tiempo entendí que mi pasión no
estaba reñida con la diabetes, sino más bien al revés. Me ha
ayudado a ser aún más perseverante y metódico para no romper mi
bienestar”.

Algunas cosas
tuvieron que cambiar en su rutina. Sin embargo, parece haber recogido
el lado positivo para beneficiarse de él: “Mis padres me
hicieron comprender el significado de esta enfermedad, y la
responsabilidad que conlleva con uno mismo para que tu vida continúe
siendo igual de normal que la del resto de personas que no tienen
diabetes. Cambió la manera de comer y, sobre todo, volverme más
consciente de ello. Creo que ser constante y metódico te ayuda mucho
a sobrellevar la rutina, que significa tener que inyectarse insulina
para controlar el azúcar”.

Desde entonces,
fomenta que la práctica deportiva y la diabetes no son
incompatibles, y colabora con diversas empresas e instituciones. “La
fórmula siempre es la misma para ser deportista de alto rendimiento
y si, además, tienes que tener en cuenta tu alimentación, es añadir
un ingrediente más a la perseverancia. Tienes que ser racional y,
aunque a veces sea difícil controlarlo todo, el objetivo te ayuda a
lograrlo. Lucho por un sueño y tomo esto como una profesión, al
igual que aquél que quiere ser arquitecto o médico”.

Kilian es auténtico
reflejo de la perseverancia. Probablemente, toda la madurez que ha
adoptado con la constancia es la base de cómo un chico de su edad
puede compaginar los estudios con la competición y lo que ésta
exige. “Vuelve a ser lo mismo que con la diabetes. Orden,
control y planificación del tiempo. Creo que, sin estos valores, no
podría conseguirlo. Ahora estoy en primero de bachillerato y
requiere de mucho esfuerzo, pero la planificación me ayuda a
compaginarlo todo”

La ilusión y el
compromiso de Kilian se respira en cada una sus palabras. Así define
lo que siente cuando está al volante: “Uf… pasión y
adrenalina. No pienso en nada más que no sea conducir y disfrutar
haciendo lo que más me gusta”.
Recuerda perfectamente la
sensación al subir por primera vez en un kart cuando tenía cuatro
años. Del mismo modo que tiene presente la primera victoria. “Tenía
7 años, mi primer año en la primera categoría y era del campeonato
de Catalunya”

Viaje hacia un sueño 

Tras más de 10 años
conduciendo un kart, tuvo la oportunidad de debutar en un monoplaza
en la Fórmula 4 Española, algo que describe como el momento más
inolvidable de su trayectoria en la competición: “La sensación
que tuve al subirme a un monoplaza fue mágica e inolvidable, ya que
sentí que era un gran paso para conseguir mi sueño”.

Su sueño, como no
podía ser de otra manera para alguien que tiene sus metas tan fijas
es: “llegar a ser piloto de la máxima competición mundial del
automovilismo: la Fórmula 1. No solo creo en él, sino que lucho
cada día para alcanzarlo”.
No obstante, es consciente de la
complejidad. La ayuda de los sponsors debe ser vital para alcanzar
las cimas y es algo complicado de gestionar cuando uno está
compitiendo en categorías más inferiores: “Al tener poca
repercusión mediática, los apoyos económicos son muy difíciles,
casi imposibles de conseguir. Hasta ahora me he apoyado en mi
familia, en personas que me siguen desde siempre o empresas donde
alguno de sus directivos ha sido deportista antes y sabe lo que
cuesta llegar arriba del todo”.

Mientras Kilian
espera el inicio del campeonato de F4, tiene claras sus aspiraciones
y objetivos para este año, donde no olvida exigirse también fuera
de la pista: “Son meses difíciles porque son también los meses
de más exámenes y tengo que compaginarlo con la rutina de mi
preparación física. Aprovecho también para descansar la mente y
empezar el campeonato muy centrado, en la mejor forma posible. Estoy
trabajando fuertemente junto a mi equipo para llevarme el campeonato
de Fórmula 4 a casa. Objetivos menores, pero también importantes,
son la formación personal y mejorar en los errores”.

En el asfalto,
cuanto más difícil se ponen las cosas más fácil le salen. “Es
como si fuera un reto añadido. Algunos lo destacan en mi forma de
conducir. Me gusta darle la vuelta y conseguir que lo difícil sea
fácil, aunque a veces lo fácil se me haga difícil. Creo que otra
de mis cualidades es que escucho y esto hace que aprenda rápido.
Valoro mucho todo lo que mi equipo me apunta, sin el trabajo de todos
no se consiguen resultados”.

A pesar del talento,
muchos factores toman juego en el futuro de esas promesas que se
postulan para escribir parte de la historia del automovilismo. Kilian
Meyer sueña con escribir capítulos importantes, de los que se
escriben en mayúsculas. Acelera con total seguridad, y ha adelantado
a la diabetes, como si de una maniobra se tratara, para mostrarle al
mundo que sí es posible competir con ello. Tienes la sensación de
hablar con alguien que decidió apostar alto, con la certeza y la
convicción de que siente tanta pasión que, como mínimo, debe
intentarlo. Potencial no le falta, y tampoco corazón.    

Descubre más sobre Kilian Meyer: https://www.kilianmeyer.com/

Instagram: https://www.instagram.com/kilianmeyerprat/

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Desde los ojos del espectador no se aprecia cada gota de sudor, ni un
grito encerrado en una palabra, la frecuencia cardíaca que provoca
la adrenalina, el valor de una milésima de segundo, o la
concentración lograda entre el abrumador sonido de los motores. Sin
embargo, cada uno de los protagonistas que alcanzan aquellos segundos
de gloria, esconden tras esos instantes un camino para alcanzarla.

Kilian Meyer (4 agosto 2002, Barcelona) es uno
de esos pilotos de automovilismo que trabaja día a día para crecer
y lograr un sueño. El recorrido es muy largo, complejo y exigente,
pero tiene claro dónde se encuentra la bandera de cuadros de su
meta. La diabetes tipo I no ha sido un obstáculo para seguir sus
pasos sino que, a través de las fortalezas y virtudes que definen al
joven piloto, demuestra la compatibilidad entre esta enfermedad y el
deporte de élite.

Acumula en su palmarés la primera posición del Campeonato Valenciano en 2012 y 2013, primero en la Copa Rotax España en 2013 y el título Series Rotax en 2014. A final de temporada del año pasado dio el salto a la Fórmula 4 y en su primera carrera – se corren 3 carreras por evento – logró dos podios. Este año iniciará el campeonato de Fórmula 4 desde el inicio y con un objetivo muy claro: ganar.

Sin obstáculos

El primer año, en
su primer entreno, sufrió “la primera marca de guerra” y
le apodaron Harry Potter. Chocó contra una valla y cuenta sobre
ello: “Me hice una herida en la frente, cicatrizando con una
forma muy similar a la de Harry Potter. También hay otros que al
verme conducir dicen que lo difícil lo hago fácil y al revés, como
Potter”.
Quizás Kilian es también un pequeño mago, y sus
trucos residen en el privilegio de su talento, la gran evolución en
su corta carrera y esa evidente apariencia de responsabilidad siendo
un niño.

Es políglota y
controla seis idiomas. “Gracias a mi padre, que es suizo, y mi
madre, que es española. Ellos me animaron a que aprendiera todos los
idiomas posibles. Estudio en la escuela suiza, donde mi idioma
principal es el alemán. También me enseñan otros idiomas como el
inglés, el francés, el español y el catalán. Además, el año
pasado en Milán también aprendí el italiano”.

Se define como
“cualquier otro adolescente de 16 años”, pero su sensatez
y madurez resulta sorprendente. “Soy responsable gracias al año
que viví en Milán –lejos de mi familia-, y donde debía ser más
cuidadoso con la diabetes. También soy sociable, me encanta conocer
personas y lugares nuevos. Diría que el viajar desde tan pequeño me
ha despertado el gusanillo de conocer el mundo. Por eso he aprendido
varios idiomas. Ahora hablo y escribo seis, pero me encantaría
llegar a 11 como uno de mis tíos. La moda y la música son dos de
mis otras pasiones. Y si tengo que hablar de algún defecto, es que
soy un poco maniático con el orden, me gusta tener mis cosas
controladas y ordenadas”.

Fue diagnosticado de
diabetes a finales de 2015, cuando tenía 13 años. En ese momento,
surgió algo de incertidumbre. “Al inicio tuve dudas, no sabía
qué significaba, pero con el tiempo entendí que mi pasión no
estaba reñida con la diabetes, sino más bien al revés. Me ha
ayudado a ser aún más perseverante y metódico para no romper mi
bienestar”.

Algunas cosas
tuvieron que cambiar en su rutina. Sin embargo, parece haber recogido
el lado positivo para beneficiarse de él: “Mis padres me
hicieron comprender el significado de esta enfermedad, y la
responsabilidad que conlleva con uno mismo para que tu vida continúe
siendo igual de normal que la del resto de personas que no tienen
diabetes. Cambió la manera de comer y, sobre todo, volverme más
consciente de ello. Creo que ser constante y metódico te ayuda mucho
a sobrellevar la rutina, que significa tener que inyectarse insulina
para controlar el azúcar”.

Desde entonces,
fomenta que la práctica deportiva y la diabetes no son
incompatibles, y colabora con diversas empresas e instituciones. “La
fórmula siempre es la misma para ser deportista de alto rendimiento
y si, además, tienes que tener en cuenta tu alimentación, es añadir
un ingrediente más a la perseverancia. Tienes que ser racional y,
aunque a veces sea difícil controlarlo todo, el objetivo te ayuda a
lograrlo. Lucho por un sueño y tomo esto como una profesión, al
igual que aquél que quiere ser arquitecto o médico”.

Kilian es auténtico
reflejo de la perseverancia. Probablemente, toda la madurez que ha
adoptado con la constancia es la base de cómo un chico de su edad
puede compaginar los estudios con la competición y lo que ésta
exige. “Vuelve a ser lo mismo que con la diabetes. Orden,
control y planificación del tiempo. Creo que, sin estos valores, no
podría conseguirlo. Ahora estoy en primero de bachillerato y
requiere de mucho esfuerzo, pero la planificación me ayuda a
compaginarlo todo”

La ilusión y el
compromiso de Kilian se respira en cada una sus palabras. Así define
lo que siente cuando está al volante: “Uf… pasión y
adrenalina. No pienso en nada más que no sea conducir y disfrutar
haciendo lo que más me gusta”.
Recuerda perfectamente la
sensación al subir por primera vez en un kart cuando tenía cuatro
años. Del mismo modo que tiene presente la primera victoria. “Tenía
7 años, mi primer año en la primera categoría y era del campeonato
de Catalunya”

Viaje hacia un sueño 

Tras más de 10 años
conduciendo un kart, tuvo la oportunidad de debutar en un monoplaza
en la Fórmula 4 Española, algo que describe como el momento más
inolvidable de su trayectoria en la competición: “La sensación
que tuve al subirme a un monoplaza fue mágica e inolvidable, ya que
sentí que era un gran paso para conseguir mi sueño”.

Su sueño, como no
podía ser de otra manera para alguien que tiene sus metas tan fijas
es: “llegar a ser piloto de la máxima competición mundial del
automovilismo: la Fórmula 1. No solo creo en él, sino que lucho
cada día para alcanzarlo”.
No obstante, es consciente de la
complejidad. La ayuda de los sponsors debe ser vital para alcanzar
las cimas y es algo complicado de gestionar cuando uno está
compitiendo en categorías más inferiores: “Al tener poca
repercusión mediática, los apoyos económicos son muy difíciles,
casi imposibles de conseguir. Hasta ahora me he apoyado en mi
familia, en personas que me siguen desde siempre o empresas donde
alguno de sus directivos ha sido deportista antes y sabe lo que
cuesta llegar arriba del todo”.

Mientras Kilian
espera el inicio del campeonato de F4, tiene claras sus aspiraciones
y objetivos para este año, donde no olvida exigirse también fuera
de la pista: “Son meses difíciles porque son también los meses
de más exámenes y tengo que compaginarlo con la rutina de mi
preparación física. Aprovecho también para descansar la mente y
empezar el campeonato muy centrado, en la mejor forma posible. Estoy
trabajando fuertemente junto a mi equipo para llevarme el campeonato
de Fórmula 4 a casa. Objetivos menores, pero también importantes,
son la formación personal y mejorar en los errores”.

En el asfalto,
cuanto más difícil se ponen las cosas más fácil le salen. “Es
como si fuera un reto añadido. Algunos lo destacan en mi forma de
conducir. Me gusta darle la vuelta y conseguir que lo difícil sea
fácil, aunque a veces lo fácil se me haga difícil. Creo que otra
de mis cualidades es que escucho y esto hace que aprenda rápido.
Valoro mucho todo lo que mi equipo me apunta, sin el trabajo de todos
no se consiguen resultados”.

A pesar del talento,
muchos factores toman juego en el futuro de esas promesas que se
postulan para escribir parte de la historia del automovilismo. Kilian
Meyer sueña con escribir capítulos importantes, de los que se
escriben en mayúsculas. Acelera con total seguridad, y ha adelantado
a la diabetes, como si de una maniobra se tratara, para mostrarle al
mundo que sí es posible competir con ello. Tienes la sensación de
hablar con alguien que decidió apostar alto, con la certeza y la
convicción de que siente tanta pasión que, como mínimo, debe
intentarlo. Potencial no le falta, y tampoco corazón.    

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Instagram: https://www.instagram.com/kilianmeyerprat/

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