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Abierto de Australia: preparación a tres velocidades

Alejandro Pérez @aperezgom 21-01-2021

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Australian Open Tenis

El Abierto de Australia 2020 fue el último gran torneo de tenis que se celebró con normalidad. Sin cuarentenas, mascarillas, distancias de seguridad ni gradas vacías. Un año después, el Grand Slam oceánico, se ha adaptado todo lo que ha podido para celebrarse con normalidad. O al menos con las menores restricciones posibles.

La teoría de los protocolos a aplicar sonaba excelente. Un trabajo de meses (los han tenido) para adaptar el circuito a las necesidades de un Grand Slam. Retraso de tres semanas para dar tiempo a todo. Previas fuera de Melbourne (en Doha y Dubái). Dos de las tres semanas previas al torneo liberadas de tenis ATP o WTA (torneos Challenger e ITF no paran) para permitir la cuarentena necesaria y obligatoria a todos los tenistas.

Ya en Melbourne, la organización consiguió ventajas para todos los tenistas en comparación con cualquier turista que visite el Estado de Victoria (donde se encuentra Melbourne) estos días. Cualquier persona, además del preceptivo PCR para poder viajar, debe mantener una estricta cuarentena de dos semanas, incluso con el PCR negativo antes y al llegar a Melbourne. Tales condiciones ya son difíciles para una persona que no se dedique al deporte de alto nivel.

El torneo consiguió que los tenistas, respetando esa cuarentena de 14 días, tuvieran cinco horas al día para entrenar. Evidentemente no es lo ideal para afrontar un Grand Slam, pero no estamos en condiciones normales. Si las condiciones no son las mejores, pero son para todos igual, es cuestión de adaptarse.

La inmensa mayoría de tenistas se alojan en Melbourne. Y un grupo muy selecto de los mejores, en Adelaida (Estado de Australia Meridional): Djokovic, Nadal, Time, Halep, Osaka y Serena. Este grupo, con algún beneficio extra en forma de acompañantes y facilidades de entrenamiento. El motivo de estar en otra ciudad y otro Estado, disputar una exhibición en los días previos al Grand Slam. Hasta aquí la teoría.

Los problemas llegan con la llegada de los tenistas y la puesta en práctica de todo lo preparado. En tres vuelos (procedentes de Los Ángeles, Dubái y Doha) se descubren cinco positivos (cuatro más esta semana). Y aquí viene el primer cambio en el protocolo. De, en teoría, suponer cuarentena para los pasajeros del entorno del positivo, la organización ‘encierra’ a todo el avión. 72 tenistas que se ven sin las cinco horas prometidas de entrenamiento durante dos semanas y encerrados en su habitación de hotel.

El torneo se celebra en condiciones de temperatura y humedad muy elevadas. Y el cuadro masculino a cinco sets. Los esfuerzos a los que se enfrentan los jugadores, realizarlos tras estar 14 días sin pisar una pista de tenis, no es ni mucho menos lo ideal.

El torneo no se ha planteado ningún cambio de protocolo. En realidad, lo que plantee el  torneo no tiene valor. Es el Estado de Victoria y sus regulaciones las que rigen. Se encargó de confirmarlo la delegada para la cuarentena del Estado de Victoria Emma, de forma taxativa.

Los jugadores afectados no rechazan la cuarentena puesto que saben (sabían) que era obligatoria. Lo que ha provocado el malestar es que pese a viajar con el avión al 20% y por secciones, todo el avión ha quedado en cuarentena por un positivo. No eran las condiciones iniciales y les privan de entrenar 14 días. La cuarentena era conocida y aceptada, pero no poder entrenar 14 días si un pasajero del avión daba positivo es lo que ha enfadado a los jugadores afectados.

Las jornadas previas del torneo se desarrollarán a tres velocidades: los tenistas que están en Adelaida con cuarentena, pero más libertad, acompañantes y facilidades de entrenamiento fuera de pista; los tenistas que están en Melbourne, pero pueden salir a entrenar cinco horas al día; y por último los tenistas que estarán 14 días sin salir de la habitación.

Entremedias 14 test para asegurar que están libres de virus cuando el próximo 29 de enero puedan volver a la normalidad. Las semanas previas son más difíciles de lo ya previsto. Cuando se abra Melbourne Park veremos hasta dónde llegan los efectos.

Imagen de cabecera: WILLIAM WEST/AFP via Getty Images

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El Abierto de Australia 2020 fue el último gran torneo de tenis que se celebró con normalidad. Sin cuarentenas, mascarillas, distancias de seguridad ni gradas vacías. Un año después, el Grand Slam oceánico, se ha adaptado todo lo que ha podido para celebrarse con normalidad. O al menos con las menores restricciones posibles.

La teoría de los protocolos a aplicar sonaba excelente. Un trabajo de meses (los han tenido) para adaptar el circuito a las necesidades de un Grand Slam. Retraso de tres semanas para dar tiempo a todo. Previas fuera de Melbourne (en Doha y Dubái). Dos de las tres semanas previas al torneo liberadas de tenis ATP o WTA (torneos Challenger e ITF no paran) para permitir la cuarentena necesaria y obligatoria a todos los tenistas.

Ya en Melbourne, la organización consiguió ventajas para todos los tenistas en comparación con cualquier turista que visite el Estado de Victoria (donde se encuentra Melbourne) estos días. Cualquier persona, además del preceptivo PCR para poder viajar, debe mantener una estricta cuarentena de dos semanas, incluso con el PCR negativo antes y al llegar a Melbourne. Tales condiciones ya son difíciles para una persona que no se dedique al deporte de alto nivel.

El torneo consiguió que los tenistas, respetando esa cuarentena de 14 días, tuvieran cinco horas al día para entrenar. Evidentemente no es lo ideal para afrontar un Grand Slam, pero no estamos en condiciones normales. Si las condiciones no son las mejores, pero son para todos igual, es cuestión de adaptarse.

La inmensa mayoría de tenistas se alojan en Melbourne. Y un grupo muy selecto de los mejores, en Adelaida (Estado de Australia Meridional): Djokovic, Nadal, Time, Halep, Osaka y Serena. Este grupo, con algún beneficio extra en forma de acompañantes y facilidades de entrenamiento. El motivo de estar en otra ciudad y otro Estado, disputar una exhibición en los días previos al Grand Slam. Hasta aquí la teoría.

Los problemas llegan con la llegada de los tenistas y la puesta en práctica de todo lo preparado. En tres vuelos (procedentes de Los Ángeles, Dubái y Doha) se descubren cinco positivos (cuatro más esta semana). Y aquí viene el primer cambio en el protocolo. De, en teoría, suponer cuarentena para los pasajeros del entorno del positivo, la organización ‘encierra’ a todo el avión. 72 tenistas que se ven sin las cinco horas prometidas de entrenamiento durante dos semanas y encerrados en su habitación de hotel.

El torneo se celebra en condiciones de temperatura y humedad muy elevadas. Y el cuadro masculino a cinco sets. Los esfuerzos a los que se enfrentan los jugadores, realizarlos tras estar 14 días sin pisar una pista de tenis, no es ni mucho menos lo ideal.

El torneo no se ha planteado ningún cambio de protocolo. En realidad, lo que plantee el  torneo no tiene valor. Es el Estado de Victoria y sus regulaciones las que rigen. Se encargó de confirmarlo la delegada para la cuarentena del Estado de Victoria Emma, de forma taxativa.

Los jugadores afectados no rechazan la cuarentena puesto que saben (sabían) que era obligatoria. Lo que ha provocado el malestar es que pese a viajar con el avión al 20% y por secciones, todo el avión ha quedado en cuarentena por un positivo. No eran las condiciones iniciales y les privan de entrenar 14 días. La cuarentena era conocida y aceptada, pero no poder entrenar 14 días si un pasajero del avión daba positivo es lo que ha enfadado a los jugadores afectados.

Las jornadas previas del torneo se desarrollarán a tres velocidades: los tenistas que están en Adelaida con cuarentena, pero más libertad, acompañantes y facilidades de entrenamiento fuera de pista; los tenistas que están en Melbourne, pero pueden salir a entrenar cinco horas al día; y por último los tenistas que estarán 14 días sin salir de la habitación.

Entremedias 14 test para asegurar que están libres de virus cuando el próximo 29 de enero puedan volver a la normalidad. Las semanas previas son más difíciles de lo ya previsto. Cuando se abra Melbourne Park veremos hasta dónde llegan los efectos.

Imagen de cabecera: WILLIAM WEST/AFP via Getty Images

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