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1948, rojo puro.

El nueve de abril de 1948 brotaban rosas de sangre en las calles bogotanas. Acababan de asesinar al líder político Jorge Eliécer Gaitán, el impulso del ello capitalino era incontrolable. La arquitectura vermelha, el peligro constante y el corazón del ciudadano no podía estar más a la altura del apasionante color rojo.

Sin embargo la intensidad rojiza iba a adquirir otro significado para finales de ese mismo año. Cinco meses después del ‘Bogotazo’, el 15 de agosto se jugaba la primera fecha del fútbol profesional colombiano en toda su historia. Diez equipos en competencia: Municipal, América, Junior, Deportes Caldas, Deportivo Cali, Once Deportivo, Independiente Medellín, Universidad Nacional y los dos equipos en representación de la zona roja de Colombia: Millonarios y Santa Fe.

FOTO: Archivo EL TIEMPO

FOTO: Archivo EL TIEMPO

Santa Fe, el equipo que llevaba en su uniforme el color innombrable, había quedado con deudas económicas, la escuadra capitalina debió asumir las consecuencias del ‘Bogotazo’. Por aquellos días de abril se había programado un amistoso internacional entre los cardenales y un equipo peruano en Bogotá. El Hotel Regina, sitio donde se hospedaron los peruanos, desafortunadamente fundió en llamas, por ende el expreso rojo debió asumir todos los costos del equipo visitante. No obstante, meses después del caos, el proyecto cardenal se mantuvo en pie, el equipo entró en la lista de equipos para la profesionalización del fútbol en Colombia.

Al inicio del torneo profesional Santa Fe no era el gran favorito. Millonarios y Junior de Barranquilla eran los predilectos para llevarse el campeonato, ambos conjuntos habían aumentado la fuerza de sus colores con gran inversión y poder adquisitivo. A pesar de ello, el rojo iba a empezar a tornarse cardenal, avanzaba el torneo y comenzaba a salir del lado más turbio el ‘rojo sangre’ que en aquel momento manchaba al país.

En diciembre de 1948, con 57 goles a favor y 27 puntos realizados, Santa Fe se coronó como el primer campeón del fútbol profesional colombiano, y nuevamente el rojo se hizo más intenso. Pero era un rojo con otra connotación, era el rojo de la alegría que iba acompañado del blanco del regocijo. En medio de la pomposidad rojiblanca, la tabla de goleadores la comandó el jugador de Los Millonarios Alfredo Castillo, intentando provocar una leve mezcla del esperanzado color azul con el vehemente color rojo que generaba un sutil violeta momentáneo.

 

Foto: historiadesantafe.wordpress.com

«Pero era un rojo con otra connotación, era el rojo de la alegría que iba acompañado del blanco del regocijo»

 

Sin embargo, la mancha azul no fue suficiente para decolorar el año cargado de tesituras rojizas, en medio de la violencia y de las batallas en el campo de juego, ahí estuvo siempre presente el carmesí, que iba cambiando de tonalidad con los hechos, se destilaba un poco, se palidecía por ratos pero jamás se desvaneció. Aquel 1948 fue probablemente el año donde el vigor del rojo ha sido enteramente protagonista, sin tintas verdes ni azules, sólo un poco de blanco que le ayudó a salir del ardiente infierno para llevarlo a la tibieza del purgatorio.

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El nueve de abril de 1948 brotaban rosas de sangre en las calles bogotanas. Acababan de asesinar al líder político Jorge Eliécer Gaitán, el impulso del ello capitalino era incontrolable. La arquitectura vermelha, el peligro constante y el corazón del ciudadano no podía estar más a la altura del apasionante color rojo.

Sin embargo la intensidad rojiza iba a adquirir otro significado para finales de ese mismo año. Cinco meses después del ‘Bogotazo’, el 15 de agosto se jugaba la primera fecha del fútbol profesional colombiano en toda su historia. Diez equipos en competencia: Municipal, América, Junior, Deportes Caldas, Deportivo Cali, Once Deportivo, Independiente Medellín, Universidad Nacional y los dos equipos en representación de la zona roja de Colombia: Millonarios y Santa Fe.

FOTO: Archivo EL TIEMPO

FOTO: Archivo EL TIEMPO

Santa Fe, el equipo que llevaba en su uniforme el color innombrable, había quedado con deudas económicas, la escuadra capitalina debió asumir las consecuencias del ‘Bogotazo’. Por aquellos días de abril se había programado un amistoso internacional entre los cardenales y un equipo peruano en Bogotá. El Hotel Regina, sitio donde se hospedaron los peruanos, desafortunadamente fundió en llamas, por ende el expreso rojo debió asumir todos los costos del equipo visitante. No obstante, meses después del caos, el proyecto cardenal se mantuvo en pie, el equipo entró en la lista de equipos para la profesionalización del fútbol en Colombia.

Al inicio del torneo profesional Santa Fe no era el gran favorito. Millonarios y Junior de Barranquilla eran los predilectos para llevarse el campeonato, ambos conjuntos habían aumentado la fuerza de sus colores con gran inversión y poder adquisitivo. A pesar de ello, el rojo iba a empezar a tornarse cardenal, avanzaba el torneo y comenzaba a salir del lado más turbio el ‘rojo sangre’ que en aquel momento manchaba al país.

En diciembre de 1948, con 57 goles a favor y 27 puntos realizados, Santa Fe se coronó como el primer campeón del fútbol profesional colombiano, y nuevamente el rojo se hizo más intenso. Pero era un rojo con otra connotación, era el rojo de la alegría que iba acompañado del blanco del regocijo. En medio de la pomposidad rojiblanca, la tabla de goleadores la comandó el jugador de Los Millonarios Alfredo Castillo, intentando provocar una leve mezcla del esperanzado color azul con el vehemente color rojo que generaba un sutil violeta momentáneo.

 

Foto: historiadesantafe.wordpress.com

«Pero era un rojo con otra connotación, era el rojo de la alegría que iba acompañado del blanco del regocijo»

 

Sin embargo, la mancha azul no fue suficiente para decolorar el año cargado de tesituras rojizas, en medio de la violencia y de las batallas en el campo de juego, ahí estuvo siempre presente el carmesí, que iba cambiando de tonalidad con los hechos, se destilaba un poco, se palidecía por ratos pero jamás se desvaneció. Aquel 1948 fue probablemente el año donde el vigor del rojo ha sido enteramente protagonista, sin tintas verdes ni azules, sólo un poco de blanco que le ayudó a salir del ardiente infierno para llevarlo a la tibieza del purgatorio.

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