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Zappacosta, Conte y el eco de Marcos Alonso

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Hace exactamente un año, el Chelsea pagaba a un equipo de la Serie A por un carrilero de 25 años prácticamente la misma cantidad que ha pagado ahora a otro equipo italiano por otro carrilero de 25 años, aunque esta vez diestro. El paralelismo entre los fichajes de Marcos Alonso y de Davide Zappacosta por el Chelsea de Antonio Conte es asombroso en cuanto a datos e incluso a nivel táctico, ya que con su compatriota, el técnico italiano parece querer bisar con pequeños matices los efectos conseguidos con el futbolista español, pero esta vez en la banda contraria.

De momento, los 28 millones que ha recibido el Torino y que ha gastado el Chelsea pueden considerarse una mejor venta que un enorme fichaje, pero Conte conoce al dedillo el mercado italiano, conoce las posibilidades del jugador y conoce por supuesto, casi como ningún técnico, las vicisitudes y funcionalidades de la posición de carrilero para la que Zappacosta -que lleva jugando ahí prácticamente toda su carrera- parece encajar tan bien como lo hizo el curso pasado Marcos Alonso. Quizá sin tanta personalidad como el español, pero sí con todo el bagaje táctico, el conocimiento de la posición, el punch para incidir en fase ofensiva y la técnica para hacer mucho daño con el centro.

Su rápida y positiva adaptación al fútbol británico dependerá mucho de la personalidad del propio Zappacosta, porque técnica y tácticamente es un jugador ideal para el juego de carrileros made in Conte pese a que todavía no es un jugador cien por cien asentado en la selección italiana. Algo si no irrelevante, sí circunstancial, ya que hay que tener en cuenta que su homólogo zurdo ni siquiera ha debutado con España y eso no le ha impedido convertirse en un pilar fundamental del campeón de la Premier League y en toda una referencia en su puesto a nivel europeo.

Paradójicamente, no terminó de asentarse en su primer año en el Torino del 3-5-2 de Ventura, que siempre prefirió dentro de su hermetismo táctico el toque puramente improvisador de Bruno Peres, y al que llegó para sustituir a otro carrilero italiano emigrado a las islas como es Darmian, mucho más físico y con unas condiciones naturales técnicas bastante por debajo de la finura de Zappacosta. Sin embargo, el curso pasado con la línea de cuatro de Mihajlovic fue muy positivo para él, sobre todo en cuanto a la mejora paulatina en las ayudas al actuar más expuesto y en cuanto al balance puramente defensivo, para el que Zappacosta todavía es un jugador tibio en ocasiones y al que le cuesta ser reactivo a la hora de correr hacia atrás o de ejecutar una marca con solidez.

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Por ello, tener a su lado a dos centrales sin miedo a desplazarse con asiduidad a los costados y totalmente acostumbrados a salir de zona como son Azpilicueta y Rüdiger será todo un lujo que le posibilitará sentirse más liberado y protegido, y a Conte le permitirá exprimir al máximo su potencial productivo, su visual planta y zancada y su excelente pie para el centro lateral, sobre todo en carrera y con el que el año pasado ya elevó su número de asistencias a cinco en Serie A, casi todas ellas en busca del cabezazo de Belotti en el área. Unos guarismos que bien puede multiplicar en una Premier donde el envío lateral al área es casi religión. Motivos, estos, principales de su aterrizaje en Stamford Bridge, y características de las que Álvaro Morata -que tiene encima la presión de tener que rendir sí o sí- debería sacar muchísimo partido en zona de gol.

Davide Zappacosta tiene estampa de extremo clásico, erguido y gran centrador, pero a pesar de que su salto a la pura élite no es una certeza para nada absoluta, su forma de atacar la amplitud y el timing certero con el que lo hace y la mezcla de estas virtudes con la mesura de su fútbol para la pausa, para reconducir la jugada si fuese necesario y para trazar triangulaciones con sus compañeros en un juego más posicional pero siempre con la intención de hacer avanzar la jugada; le convierten en un carrilero más que apto para competir bien tanto en las típicas transiciones inglesas como a nivel Champions League, otorgándole además al equipo un equilibrio potencial mucho más ajustado y compensado que con un jugador más eléctrico y que no es un especialista de la zona como Victor Moses.

Zappacosta permitirá al Chelsea de Conte una posición elevada de partida y de referencia para sus compañeros en fase ofensiva y pese a que el italiano también sabe ser produndo, lo que le va a otorgar a los blues es sobre todo amplitud, capacidad para recibir al pie bien abierto y aptitud para ganar la banda tras ejecutar el dribbling, del que sale airoso prácticamente siempre debido a su excelente primer paso pese a no poseer un regate con ningún matiz especial. Esa mayor linealidad y menor polivalencia respecto a Marcos Alonso permitirá que el español saque a relucir con mayor frecuencia su gran colmillo y lectura para atacar el segundo palo, para trazar la diagonal hacia el área sin balón, incluso a centro del propio Zappacosta. Una singularidad que, con el tiempo, puede darle al Chelsea muchos puntos y un movimiento que a buen seguro veremos a menudo.

Además de ese y de un latente gran disparo lejano, hay otro matiz táctico que las aptitudes de Zappacosta pueden favorecer y es el paso eventual en repliegue de una línea de cinco defensores a una de cuatro, con el central por derecha actuando a modo de lateral en un movimiento popularizado por Allegri con Barzagli y Cuadrado en la Juventus. En una liga en la que Antonio Conte ha “puesto de moda” el sistema de carrileros, sigue siendo obviamente Conte quien mejor conoce su estructura, sus potencialidades y su funcionamiento. Y el fichaje de Davide Zappacosta no responde a otra que a eso: que a perfeccionar y matizar el fotocopiado modelo de juego que ha convertido al Chelsea en campeón de Inglaterra y a intentar repetir la gesta ante una competencia que esta vez se antoja mucho más dura.

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