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Yerry Mina, el central que vendrá

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Es casi imposible encontrar entre las primeras divisiones de las grandes ligas del planeta fútbol a un defensa central con una mayor facilidad para hacer gol de cabeza en las jugadas de estrategia que Yerry Mina. El zaguero colombiano de sólo 22 años es un verdadero especialista, como demuestran los doce tantos que ha realizado en los 45 partidos que ha disputado desde el año 2016 entre clubes y selección.

Pero más allá de su imponente poderío aéreo, Yerry Mina se ha convertido en el gran central de Sudamérica del presente y el mejor proyecto de futuro dentro de esa misma categoría debido a su espigada planta combinada con una óptima velocidad de reacción para su talla, su valentía para avanzar metros pelota al pie, para lanzar el pase tenso que supere la primera línea de presión rival, y por su tensión competitiva a la hora de encimar y anticipar, lo que le otorga unos galones, una consistencia y unas hechuras que le han hecho evolucionar hasta convertirse en un central de primerísimo nivel. Pendiente, obviamente, de cotejar en el aún más exigente primer nivel europeo, aunque preparado para el reto que con total seguridad llegará.

Tras surgir en el Deportivo Pasto de su país, Yerry Mina comenzó a amasar actuaciones notorias y a dejar buena muestra de su nivel y proyección en Independiente Santa Fe, donde levantó el campeonato colombiano en 2014 y también la Copa Sudamericana en 2015, ganada a Huracán tras el doble 0-0 de una final en el que Yerry Mina, al lado de Meza (hoy en Tigres de México), fue el más destacado de dos partidos muy cerrados.

En el segundo torneo en importancia del continente Mina se licenció como uno de los mejores centrales en crecimiento de toda Sudamérica, pero se quedó en Bogotá para la disputa de la Copa Libertadores de 2016, en la que su equipo no pasó de la primera fase pero que, en lo personal, tuvo su merecido premio con la convocatoria por parte de Pékerman de cara a la Copa América Centenario, en la que disputó sus dos primeros partidos como internacional absoluto para menos de un año después, poder considerarse ya el central derecho titular de los cafeteros.

Entre medias de ambas citas, el Palmeiras estuvo más listo que el resto de los grandes del continente y se hizo con sus servicios por 3’2 millones de euros -un precio asequible a tenor de su potencial- para reforzar la línea trasera del vigente campeón del Brasileirao, que necesitaba añadir baluartes ante la salida inminente de su estrella Gabriel Jesús, para mantener el ritmo y la competitividad en el torneo doméstico. Y Yerry Mina no ha podido responder de mejor forma, con un rendimiento sostenido intachable en su plaza de titular inamovible en el ‘Verdão’.

Como ya hemos referido, al enorme potencial ofensivo por alto en las acciones a balón parado, a lo que también suma capacidad para animarse a pegarle desde fuera con la potencia que le caracteriza, Yerry Mina aúna muchas virtudes puras propias de un excelente defensa central. Sin llegar a ser temerario, es muy valiente para adentrase campo adentro en conducción, tiene una zancada capaz de sacar dos metros por segundo a cada rival, una salida templada y limpia en corto y sabe cuándo tiene que mezclar con envíos largos, los cuales ejecuta con cada vez mejor tino. Además es muy solvente en los cruces y no pierde la concentración pese al ritmo alto con el que siempre juega.

Su poderío físico es algo innegable y a ello añade una capacidad de desenvoltura notable con la pelota, un atrevimiento punzante cuando ve metros por delante y no tiene línea de pase con el que logra elevar el bloque de su equipo. Es potente, bastante rápido para su envergadura, especialmente solidario en las coberturas al lateral de su zona (lo que permite a éste desplegarse muchísimo en ataque), y tiene una capacidad de salto monumental que le convierte en inexpugnable por arriba. No es casualidad que le apoden ‘El Obelisco’, aunque en su salto a Europa debe seguir evolucionando para sosegar la bravura con la que acomete la mayor parte de sus acciones, la cual puede causarle en momentos muy puntuales alguna entrada a destiempo o una mala medición de tiempos.

Hijo y sobrino de porteros, Yerry Mina tiene una planta temible con su 1’93 metros de altura y guarda como central diestro ciertas similitudes técnicas, todavía muy tenues, con Kalidou Koulibaly del Napoli y también, aunque a un nivel inferior, con un Gerard Piqué que podría ser su compañero –además de su espejo- dado el enorme y prolongado interés del FC Barcelona en el central colombiano. Aunque aún tiene un amplio margen de mejora -y ya lo ha venido haciendo de forma palpable-, su talento defensivo para las marcas más pegajosas, para no dejar girarse a su oponente en el caso de que éste se gire es sobresaliente, aunque debe ajustar todavía su velocidad de reacción para no sufrir, especialmente en espacios amplios, si el adversario se anticipa a sus movimientos.

Aún con esos aspectos todavía por pulir, estamos hablando de –seguramente- el mejor de los centrales jóvenes que todavía juegan en el continente americano con un mejor rendimiento y unas virtudes más brillantes para dar sí o sí el salto a una gran liga, ya sea o no enrolado en las filas del Barça, que habría conseguido hace más de un año una opción preferencial por el central colombiano, válida hasta 2019, para hacerse por unos nueve millones de euros con los servicios del defensor caucano, cuya llegada al club culé está prevista para 2018.

Leer más: Así era el penúltimo Palmeiras campeón de Brasil

Su llegada al Palmeiras fue solamente un trampolín desde el que afianzarse para dar el gran salto. La personalidad, la autoconfianza en su juego, su mezcla de virtudes técnicas y físicas, su superioridad en los lances, su buena lectura para la anticipación, su cada vez más domado y exento de precipitación nervio defensivo, y su extraordinaria faceta goleadora; le convierten en un central idóneo para adaptarse ya a ritmos de pura élite. El máximo nivel ya está esperándole.

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