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¿Y si Benítez tenía razón?

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La fórmula con la que Benítez quiso hacer campeón al Madrid, lejos de conseguir su propósito, acabó por hundirle, por hacerle desaparecer de Chamartín y su entorno. Muchos, la gran mayoría, no concebían como viables las ideas que el bueno de Rafa trataba de inculcarle a una plantilla que no creía, ni estaba por la labor de hacerlo. Ya hace más de dos meses que Zidane ocupa el banquillo merengue, y, en los últimos tiempos, el galo parece predicar conforme al ejemplo de su antecesor.

Una de las mayores polémicas que incómodo, y de qué manera, la estancia de Benítez al frente de la ‘Nave Blanca’ fue, sin duda, su postura sobre el centro del campo. Nadie discute que los mediocentros crean, pero también deben destruir, y más en un equipo como el Real Madrid que, más que de posesión y toque, vive de la endiablada rapidez de sus transiciones. Casemiro, puesto que no había otro de similares características, era el elegido, el hombre encargado de ponerse el mono de trabajo y proteger las espaldas de Modric y Kroos. Y es que, precisamente, es el alemán quien más agradece el bailar al lado de un jugador más defensivo, el cual le libera y le permite centrarse de un modo relevante en labores ofensivas. Recordemos que el mejor nivel mostrado por el futbolista germano ha sido en el Bayern Múnich y en la selección alemana, donde actuaba junto a un tal Bastian Schweinsteiger. El mismo caso es aplicable a la figura del croata. Por ende, esta circunstancia relegaba a Isco y James a un más que discutido segundo plano. Difícil lidiar con dos jugadores de tanta calidad que, lógicamente, no aceptan la suplencia o, al menos, no como deberían, pero que tampoco acumulaban minutos francamente buenos sobre el césped. Por tanto, el técnico madrileño se mantenía fiel a su filosofía, y restaba magia para sumar coherencia en la sala de mandos.

Otra cuestión, que también tuvo su aquel, fue la del ‘revulsivo’. Rafa Benítez se fijó desde un primer momento en un chaval de la casa que regresaba tras un periplo de cesión en el Espanyol, donde no le fue nada mal. Lucas Vázquez parecía ser el número doce, la persona a la que acudir cuando algo no marcha bien. Una decisión que derogó en alguna que otra crítica, a pesar de que Lucas salía y, sobre todo, cumplía.

Lo cierto es que todos aquellos, incluida gran parte de la plantilla, que no empatizaban con los postulados defendidos por Rafa Benítez, salieron victoriosos, y el míster tuvo que abandonar, muy a su pesar, el barco. Zinedine aceptó el reto, asumió los galones y cogió las riendas del Real Madrid. Ahora sí, todos los futbolistas ven en su entrenador un estilo claro y definido, un estilo que ha intentado meter con calzador a Isco y a James sin éxito, un estilo que ha acabado por contar con Casemiro para poner orden en medio del caos, y un estilo que apuesta por Lucas Vázquez cuando se masca la tragedia. En definitiva, cada día que pasa, ‘Zizou’ aboga por el legado obtenido, lo que nos conduce a la pregunta referida ut supra.

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