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Y las estrellas se precipitaron sobre la tierra

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Rafael MOLERO | El número uno se eleva vertical y poderoso en el circuito de Sepang y por primera vez en mucho tiempo, detrás no se esconde ni una estrella ni un toro, quien levanta la cabeza y relincha esta vez es el magnético caballo de la Scuderia Ferrari, galopado por el portentoso jinete alemán Sebastian Vettel, quien se emociona, grita, salta y avisa: “Ferrari está de vuelta”.

Y ojalá y así sea, pues otro campeonato monopolizado por las flechas de plata resultaría aburrido y repetitivo, y porque no nos andemos con rodeos, cualquier aficionado a la Fórmula 1 debería dibujar una sonrisa al ver que la escuadra italiana vuelve a ganar carreras. Es bueno para el Mundial, es bueno para el deporte, y es bueno para los aficionados.

Hay quien se estará tirando de los pelos, especialmente los seguidores de Fernando Alonso, al ver como el asturiano lo dio todo, sin éxito, por una Ferrari que ya parece casi ni acordarse de él. Pero el asturiano se pasó cinco años persiguiendo sueños y no realidades, y aguantar otra temporada más por la eterna promesa de los éxitos futuros parecía ya insostenible. Fernando se ha embarcado en un nuevo desafío y pensar que iba a dar frutos de forma instantánea era demasiado optimista e inocente, aunque afirmar que estos resultados eran los que se esperaban al fichar por el binomio McLaren-Honda tampoco es lo que nadie pensaba. Si Alonso acertó al dejar Ferrari o no es algo que sólo el tiempo podrá desvelarnos.

Quien sí que debe estar apesadumbrado por la frustración de recuerdos de un pasado reciente glorioso es Red Bull. Pese a tener a dos buenos pilotos, los toros perdieron a su astro, y ya ni siquiera son capaces de seguir la estela de las flechas plateadas. La situación comienza a ser tan preocupante que su equipo B, con el mismo motor, y comandado por dos de los jóvenes talentos más prometedores que se han visto en los últimos años, les mojan la oreja a dos bandas.

Y es que el ambiente de ilusión que se respira en la que antaño fuera la entrañable Minardi no se ve desde que el que hoy fuera el ganador de la carrera y tetracampeón del mundo estuviera despertando las primeras sorpresas entre los seguidores de este deporte, allá por 2007. Verstappen sigue demostrando que su llegada a la máxima categoría no fue anticipada, mientras Sainz continúa demostrando que el talento se transmite de generación en generación en su reputada familia.

Poco brillantes han estado hoy las flechas plateadas. Y digo las flechas, y no sus pilotos, Hamilton y Rosberg, porque es precisamente el equipo quien parece haberse puesto algo nervioso al encontrarse contra las cuerdas, dando informaciones extrañas y erróneas a sus pilotos, y mostrándose poco hábiles cuando la situación no es la acostumbran a experimentar.

En Australia, Mercedes aventajaba enormemente a sus rivales y hoy, pese a que Ferrari ha dado un gigantesco paso adelante en el ritmo de carrera, se ha visto beneficiada por una estrategia brillante y una torpeza suprema por parte de los alemanes. Habrá que esperar para ver si lo de la Scuderia es flor de un día, o se confirma que los de Maranello han plantado, este año por fin, las semillas de una próspera y exitosa cosecha.

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