Tenis

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De frustrado perdedor a ‘Stanimal’

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La historia del tenis recordará el nombre de Magnus Norman como el de un elegante tenista sueco que llegó a la final de Roland Garros en el año 2000, consiguió ganar 12 títulos ATP y se consagró como uno de los mayores especialistas de tierra batida de finales de la década de los años 90 y principios del siglo XXI. Sin embargo, este discreto escandinavo será también parte de la historia de este deporte en su faceta de entrenador. Y es que fue el hombre que revitalizó a Stan Wawrinka.

El caso del tenista suizo es, cuanto menos, curioso. Campeón junior de Roland Garros en 2003, Wawrinka llegó al profesionalismo como una de las mayores promesas del deporte de la raqueta, compartiendo una generación inolvidable con Nadal, Djokovic, Murray, Monfils o Gasquet. Pero al helvético le costó arrancar. Su descomunal talento, con un revés a una mano espectacular, no se correspondía con una mentalidad digna de un campeón. Acumulaba victorias sorprendentes con fracasos estrepitosos.

Y es que en 2010, cuando ya tenía 25 años, apenas tenía un título en su palmarés, el conseguido en Bastad en 2006, habiendo perdido otras cinco finales, incluyendo la de un Masters Series, el de Roma en 2008, frente a Djokovic. El suizo ya era un fijo en el top-20, con cierto respeto entre compañeros de profesión y periodistas, pero le faltaba dar un paso adelante en su mentalidad para aspirar a ganar grandes torneos. Y ese revulsivo llegó con la contratación de Magnus Norman, en abril de 2013, cuando Wawrinka era número 12 del mundo y, con 28 años, ya miraba el reloj de arena agotarse.

Los resultados no tardaron en llegar: realizó una buena gira de arcilla, alcanzando la final de Madrid, y posteriormente estuvo cerca de batir a Djokovic en las semifinales del US Open, rozando su primera final de Grand Slam. Ese año ya jugó por primera vez la Copa Masters, pero sólo fue el principio. Lo mejor estaba por llegar. El Open de Australia de 2014 sería el torneo que cambiaría, para siempre, la vida de Stan Wawrinka. En concreto, su partido de cuartos de final.

Al otro lado de la red estaba Djokovic, el hombre que le había batido en sendos ‘thrillers’ en Australia y Nueva York el año anterior. De nuevo, el partido fue una batalla a tumba abierta que se prolongó hasta el quinto set. Allí parecía que el débil Wawrinka volvería a sucumbir, pero, por primera vez, usó su miedo para ganar, tumbando al ganador de las tres ediciones anteriores del Grand Slam transoceánico con un vibrante 9-7 en la quinta manga. La historia de ese torneo es conocida por todos: Wawrinka se plantó en la final ante un Nadal pletórico, con pocas esperanzas de ganar, pero el estado de forma del suizo y la inoportuna lesión del español le dio a Stan su primer Grand Slam, ante la incredulidad de todos.

Lo que en ese momento parecía flor de un día no lo sería. Ese mismo curso, Wawrinka ganó su primer Masters 1000 en Montecarlo y ante Federer, y estuvo a punto de batir a su compatriota en una vibrante semifinal de la Copa Masters, días antes de que ambos ganaran juntos la Copa Davis en Lille. Wawrinka cerraba 2014 como número 4 del mundo, sólo por detrás de Djokovic, Federer y Nadal. Algo que nadie hubiese esperado o especulado tras un discreto inicio de trayectoria profesional.

Al año siguiente, combinó buenas actuaciones con cuestionadas desapariciones hasta que en Roland Garros dio una de las mayores sorpresas del siglo. Primero, tumbó a Federer en cuartos de final sin ceder un solo set, y luego, en la final, ante el mejor Novak Djokovic de todos los tiempos, Wawrinka estropeó la fiesta del serbio, cuando todos le daban como campeón -al fin- del torneo parisino. Fue ese día cuando se ganó el sobrenombre de ‘Stanimal’. Un jugador hecho -no nacido, porque este cambio fue obra de Magnus Norman- para grandes finales, para grandes citas. Donde muchos se empequeñecían, donde muchos veían gigante a Djokovic, él se crecía. Y sacó de la pista a Novak, que lloró en la ceremonia de trofeos, a base de palos.

Por desgracia para el serbio, esto no quedaría aquí. Relajado tras su triunfo en Roland Garros en 2016, Djokovic se volvía a encontrar con Wawrinka en la final del US Open. Como en la ocasión de París, el suizo llegaba sin buenos resultados previos y, en esta ocasión, salvando una bola de partido en el partido de tercera ronda ante el británico Daniel Evans. Tumbó a Del Potro en cuartos y a Nishikori en semifinales y, en la final, remontó el set inicial que se anotó Djokovic para volver a convertirse en ‘Stanimal’, una especie imparable en los momentos ‘clutch’.

Ahora, tras un año de lesiones y con un Norman que quiere dedicar más tiempo a su familia, se abre una nueva etapa en el tenis virtuosista de Wawrinka. Se ha acabado la era Norman, pero para siempre quedará en el recuerdo como el hombre que despertó a Stan del letargo en el que estaba sumido. El sueco que transformó a un frustrado perdedor en una bestia a la que los mejores de la historia siempre querían evitar. Norman siempre estará ligado a ‘Stanimal’.

 

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