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Warriors, Spurs y un asterisco

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Los Warriors ya están en las finales. Tres barridos consecutivos para plantarse en ellas con el mejor bagaje de siempre en post temporada. Los Lakers de Shaq y Kobe lo hicieron en 2001, pero por entonces la primera ronda se jugaba al mejor de cinco encuentros. Aquel equipo acabaría con un registro de 15-1 en playoffs. La única derrota llegaría en el primer partido de las finales, ante los Sixers de un Allen Iverson que nos regalaría aquella postal tras anotar después de haber hecho trizas en una esquina a Tyronn Lue.

Cuando me preguntan por dominio, siempre pienso en aquellos Lakers. Y en el ‘artículo 34’, que decía Andrés Montes. Es cierto que en Regular Season entregaron la cuchara en hasta 26 ocasiones. Pero el instinto asesino de quienes saben cuándo es el momento de actuar decanta mi pensamiento. La apisonadora amarilla no daba lugar a la duda. En un oeste salvaje por entonces, con potencias que habrían triturado a las franquicias del otro lado del país, hicieron camino hasta la final sin mostrar fisuras. Quizás los márgenes de victoria no fuesen tan llamativos, pero en el subconsciente de sus rivales permanecía muy viva la sensación de inferioridad.

Los chicos de la Bahía han apartado en 2017 a unos Blazers inmaduros, con una de las parejas de más talento en el backcourt de la competición, pero que necesitan más consistencia, más banquillo, más tablas. Y a Jusuf Nurkic, todo sea dicho. Sin el pívot bosnio desaparece un equilibrio hallado en la última fase del curso, cuando aterrizaba como inexplicable regalo de un enemigo directo en la lucha por colarse en el bracket final. En cualquier caso, los de Oregon siguen verdes. Los Jazz fueron el segundo escollo. Y no es que estos no sean más competitivos que los de Portland. Solo que siguen siendo un proyecto a mitad de desarrollo. Por primera vez en muchos años superaron la primera ronda, ante unos Clippers que pagaron la baja de Blake Griffin. Sin embargo, los chicos dirigidos por Quin Snyder no parecían rival serio para los de Oakland. Quizás con George Hill hubieran peleado un triunfo parcial, pero poco más. Destacable esto último, en todo caso. En el momento clave, los mormones se vieron sin el timón cuando las aguas se presentaron más bravas. En plena tormenta, carentes de brújula. Que el temporal les arrasara pronto era algo esperado en esas condiciones. Y aunque es cierto que se sobrepusieron durante toda la campaña a las continuas bajas, ahora se trataba de un desafío mayor; imposible a decir verdad. Conclusión: otro 4-0 que llevarse a la boca en el Pacífico.

San Antonio Spurs es otra cosa. La mejor franquicia de los que llevamos de siglo. Que alguien ose ponerlo en duda… Todos los años quieren matarlos, pero ya me cuestiono su inmortalidad. Reinventándose una y otra vez. Pese a las despedidas de mitos que firmaron momentos de esplendor. Pese a la evolución del juego; si bien sus primero anillos llegan desde el barro, el último sigue en nuestra retina como la mayor demostración de juego colectivo de todos los tiempos, la excelencia absoluta, el más grande homenaje de pureza a este deporte. Y nos preguntábamos los seguidores (sí, me incluyo, esto no es nuevo para quien me haya leído antes) cuánto de competitivos podríamos ser tras la marcha de nuestro mejor jugador de siempre. La defensa sin Tim Duncan. Las carencias en la pintura, a pesar de una capacidad ofensiva ya demostrada por quienes iban a ocupar ese espacio (Aldridge – Gasol). Y se receló del esquema de Popovich. Y se preguntaron muchos si una pizarra que contemplaba sistemas para un único jugador como no se recuerdan en la ‘era Pop’ era lo más conveniente. Que si era contraproducente, que si sufrirían por predecibles… El coach, que algo sabe de esto, decide en base a lo que tiene. Renunciar a las aptitudes de un baloncestista como Kawhi Leonard sería un disparate. El mejor jugador si sumamos su contribución a ambos lados de la cancha. ‘All around player’ por definición, ‘point-foward’ por evolución… Y por necesidad tras la lesión de Tony Parker.

Así se presentaban los del Álamo en la serie de las series. Esa que queríamos hace un año y no se dio. Sin el base francés, que justo había mostrado, desde mediados de abril, su mejor versión de los últimos tiempos. Con todo, había eliminatoria. En Regular Season un 2-1 a favor de los texanos hacía presagiar que el incordio para los californianos sería real. Por fin un desafío que mostrase la altura real de una escuadra diseñada para ser historia. Si bien todos dábamos como favoritos a los actuales subcampeones, la exigencia frente a unos tipos acostumbrados a competir planteaba un escenario con el que salivábamos todos los devotos de la pelota naranja. Y la puesta en escena fue inmejorable. Leonard dominando en los dos aros, y los Spurs como ciclón que arrasaba el Oracle Arena en ese Game 1. La veintena de puntos al descanso, y un hito que hay que poner en relieve: durante toda la temporada, los Warriors han llegado a estar veinte puntos o más abajo solo en siete ocasiones. Cuatro de ellas, los cuatro partidos que les habían enfrentado a los de San Antonio hasta ese instante. Tres, la suma de los duelos frente a las otras 28 franquicias juntas. De un modo u otro, Gregg Popovich había conseguido colarse por las fisuras de un ejército indestructible. El dato es demoledor. Steve Kerr es de los mejores técnicos de la liga. A mi entender, top3. Sin él para ajustar en el momento, las nubes en el horizonte dorado se amontonaban sin clemencia alguna. Que sí, que los aficionados estábamos deseando ver la respuesta al reto.

Y llegó el pie de Zaza Pachulia. Kawhi Leonard, que se había perdido ya el sexto choque de la eliminatoria frente a Rockets, se torcía el tobillo por tercera vez en apenas una semana, segunda en una noche. El esguince se agravó y su físico dijo basta. No voy a entrar en la voluntariedad del georgiano. Eso lo puede valorar cada uno, con su cabeza propia, y sus ganas o no de prensar (importante detalle). Pero sería de necios negar que ahí terminaron las opciones texanas, y que en ese momento los fans de este hermoso deporte se quedaron a medias. Sin tarta en un día de cumpleaños. Sin regalos la noche de reyes. Así pues, sin Leonard, que abandonó el parquet con 55-78 a favor de San Antonio, los locales se sintieron liberados de ese yugo que les bajaba la cabeza cada vez que intentaban mirar a los ojos de sus rivales. Y se desataron. Y destrozaron a unos Spurs desequilibrados en ataque y defensa.

Hoy es 23 de mayo. Los Spurs han sido barridos por unos Warriors lanzados a por el anillo. Al fondo, LeBron queda como única esperanza de resistencia al vendaval, en ese deseo mutuo de presenciar una batalla en condiciones. Pero eso es parte del mañana. El hoy nos dice que en Texas tendrán que esperar doce meses. Y en el aire flota cierto tufillo a, si no injusticia, sí impotencia. Tuiteaba antes del partido que podría ser el 4-0 más condicionado de siempre. Me recordó entonces Andrés Aragón (@SextoHombre) las finales de 1989. Posiblemente haya más casos. Pero en el dolor del momento, me cuesta hacer memoria para dar con algo similar. Decíamos antes que era la eliminatoria de la que nos privaron en 2016. Pero tampoco la tuvimos en 2017. Quiero pensar que se dará. Con todos. Incluido Manu Ginóbili, al que pudimos haber visto por última vez en una cancha de baloncesto. Porque hasta ahí llega el pie de Pachulia. El irreparable daño que, a posta o no, nos ha hecho a todos.

Manifestaba mi compañero Iván Libreros (@IvanLibreros95) desde su cuenta que al 12-0 de Warriors le corresponde un asterisco. Y que en las Finales del Oeste, del más que posible 0-1 se pasó a un 4-0 sin compasión, lo cual calificó de drama para un equipo histórico al que desde muchos sitios le han dado la espalda. Da igual, no es la primera vez, ni será la última. San Antonio no siempre ha gustado. Y las modas son así. Surgen talentos jóvenes, más atractivos para el televidente, y los nuevos en esto se rinden. Es normal. Y lícito. Los datos de los pupilos de Kerr están ahí. Son un tsunami de highlights, un huracán de juego. Lo bueno es que lo que no está de moda, tampoco pasa de moda. Y los Spurs han capeado fiebres amarillas, Bad Boys o Big Threes. El año que viene volverán. Siempre lo han hecho. En años de asterisco ( como el del primer anillo, según Phil Jackson, o este curso), y en años de puntos suspensivos…

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