Miscelánea

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Verano, no me gustas

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La mayoría de gente, sobre todo los más pequeños, empiezan el año deseando que llegue junio y esas vacaciones de verano tan ansiadas para olvidarse del cole, de los deberes y de madrugar. Algunos adolescentes y mayores también. Tiempo de piscina, playa, cervezas con los amigos y de dejar a un lado a ese jefe que tienes detrás durante todo el año. De desconectar. De vivir.

Pero si te pones a pensar, surge la gran pregunta: ¿y el fútbol? Quién no piensa en el fútbol. Quién no está deseando que llegue finales de agosto para que eche el balón a rodar en los campos de fútbol, volver al campo, a la previa, a las cervezas y a saltar del asiento cada vez que tu equipo tiene una ocasión de gol. Por no hablar de si marca. Quién no está deseando ver la nueva camiseta que vestirá su equipo, enfundársela en cuanto salga y no quitársela en todo el año. Por no hablar del momento en el que abres el buzón de casa y encuentras el abono de la próxima temporada. Qué de sensaciones. Bendito fútbol.

 

 

Verano, esa estación del año en la que se mueve más dinero y más personas que todo un país de vacaciones yendo de un lado al otro. Esa estación en la que oyes, escuchas y comentas quién es el jugador que vestirá la camiseta de tu equipo la siguiente temporada. Nombres conocidos que desearías que llegaran, otros que no sabes ni quién son pero oye, si es bueno bienvenido sea. Pero todo rumores. Un día las portadas de los diarios abren con tres nombres para un equipo, al día siguiente son otros totalmente distintos. Desconcierto. No sabes ni qué creer.

Calmas tus ganas de fútbol con Eurocopas, Mundiales (el año que haya) y con amistosos de tu equipo que indican que la vuelta está cerca, que la cuenta atrás para que los fines de semana sean de fútbol ha empezado. No te pueden acostumbrar a que haya partidos seis de siete días a la semana, da igual quién juegue, a que no puedas ver ni un entrenamiento. No se puede. Debería estar prohibido.

Por eso verano, no me gustas. No me gustas nada. Me quedo con ese frío del mes de enero que hace que se te congelen hasta los dedos de los pies en un campo de fútbol; con la lluvia que hace que estés más pendiente de que no te dé paraguas que tienes delante que de lo que pasa en el terreno de juego; con el viento que impide que veas bien ese partido que llevabas esperando tanto tiempo; y hasta con la nieve que te cala por dentro provocándote un frío que no sabías que podías sentir en tu cuerpo. Yo, me quedo con todo eso si es viendo lo que más me gusta: tú, fútbol.

 

 

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