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Un dolor que no conocíamos

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Si de algo sabe el fútbol venezolano es de tristezas. De la tristeza de ver cómo sus equipos son goleados, de la tristeza de que sus equipos lleguen en aventuras solitarias lejos en copas internacionales para quedar eliminados ante gigantes del continente, del dolor de ilusionarse con la clasificación a un Mundial que se esfuma cuando se ve cercana o del sufrimiento de ver cómo equipos exitosos cambian de nombre o desaparecen dejando huérfanos a muchos seguidores en Venezuela.

Pero algo está cambiando. Aunque aún se sufre, empiezan a existir nuevas y diferentes alegrías. La de encontrarse con un seleccionado sub-17 femenino en las semifinales de un Mundial, dos clasificaciones a un Mundial sub-20, una histórica Copa América o un venezolano, Tomás Rincón, siendo campeón de Italia enfundado en la camiseta de un club histórico como la Juventus.

Sin embargo para este dolor no nos preparó nadie. Llegar a la final de un Mundial y sentir que se podía ganar, que ser los mejores del mundo en un deporte que nos acostumbró a las derrotas era totalmente posible. Que tras dejar en el camino a equipos que saben lo que es ser los mejores, doblegar a los creadores del fútbol, que además fueron quienes trajeron el balompié a estas tierras, era un sueño, pero que no tenía nada de imposible.

Pero el fútbol, ese deporte que es como la vida misma, tenía guardada una de esas cartas crueles. Peñaranda, uno de los mejores jugadores de esta selección que puso a los venezolanos a cambiar los sueños de madrugada por realidades, falló un penal y es imposible no acordarse, sin necesidad de mencionarlos, de varios gigantes del fútbol que pasaron por lo mismo. ¿Será premonitorio?

Sin embargo el dolor se marchó rápido, quizás duró unos minutos, porque aunque sabíamos el valor de lo que se escapaba, el valor de lo logrado es incluso más grande que un título, una copa y una medalla, quizás, solo el tiempo lo dirá, el fútbol venezolano terminó de cambiar para siempre en la cancha, porque la ilusión de que el presente y este futuro acerque a Venezuela a un Mundial, de los que siempre hemos visto por televisión, parece que deja ser un sueño y empieza a ser una realidad, que se puede materializar o no, pero que ya no se ve lejana e indefinida.

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