Real Valladolid

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Valladolid 1-1 Real Madrid, naufragio a la pucelana

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Alejandro CENTELLASCristiano se retiró del campo lesionado antes de los 10 minutos de partido y se sumó a una lista de extrañezas de origen. Casillas volvía a jugar en Liga, tantísimo tiempo después, Sergio Ramos estrenaba madurez paternal y Pepe lacia melena. No menos extraño fue ver al Valladolid, que por necesidad se tiró a la piscina sin comprobar si había agua o no, apretar en ataque hasta tener la ocasión más clara de los primeros minutos de encuentro. El cabezazo de Javi Guerra se fue, quizás por el místico trance que sufren los delanteros delante de Iker. Lo fácil se convierte en imposible. Incluso Isco, que suplía a un fustigado Illarramendi, tuvo la misma experiencia nerviosa que le invadió al tolosarra. De sus pérdidas de balón llegaron las internadas del Valladolid, que encontraron en los extremos del campo las fugas del equipo de Ancelotti.

Poco a poco el Madrid se fue desperezando, comprendió que tres toques eran demasiados para salir de la presión y se encomendó a Xabi Alonso para las tareas de reparto. Fue ganando consistencia conforme el equipo pucelano perdía el óxido nitroso que le impulsó al inicio. Fue el momento de la confirmación – una más- del estado dulce que vive Sergio Ramos. El central se ha convertido en faraón de Camas, emperador de Roma y ayatolá de Irán. Con las ausencias de Cristiano y Bale por problemas musculares, el sevillano asumió las riendas de una falta al borde del área. El disparo fue un obús, que descendió con una furia incontestable y que se fue centrando hasta descubrir las vergüenzas de Jaime. Fue el desatascador necesario para el Madrid, que se encontró con problemas de circulación en centro del campo, incluso teniendo a Modric, Alonso e Isco como finos bordadores.

El Valladolid reseteó el equipo y volvió a olvidar los complejos, recuperó la certidumbre de que se le estaba escapando la permanencia, que el rival no era excusa ni los naranjas butanos debían asustarles. Los veinte minutos de la segunda parte fue una historia tantas veces repetida en las salidas del Madrid que tuvimos la sensación de dèja-vu: marcador con ventaja mínima, un estadio volcado y un equipo menor haciéndose grande por momentos. Hasta que llega el gol, o al menos así la hemos visto tantas veces. Javi Guerra respondió a un centro de Jeffren con una media chilena de tronío, que de haber sido gol y firmada por Cristiano, Messi o Costa, estaríamos hablando de un gol universalmente mediático. No fue la única, las llegadas se sucedían y los defensas blancos (hoy naranjas) se tuvieron que ganar las lentejas.


Iker Casillas no pudo evitar el empate del Valladolid | Getty Images 

El partido se abrió peligrosamente, sobre todo para el Madrid. En otros encuentros esto hubiera sido una ventaja con los contrataques fulminantes comandados por Cristiano y Bale. Pero por lo derroteros en los que se desarrolló el partido, los jugadores de ataque del Madrid no estaban por la labor de descubrirse como los atletas que Guardiola mencionó. El timón de un partido roto lo cogió, quién si no, un croata desmelenado que se hace llamar Modric y que sabe en todo momento qué hacer y qué no hacer. El carácter camaleónico del jugador báltico le hace adaptarse a todas las situaciones y siempre, o casi siempre, elegir la opción correcta que oxigena a su equipo.

Pero así son las cosas cuando los ricos visitan a los barrios de los pobres. Cuando todo parecía propicio para hablar de una lucha heroica del Valladolid, de un equipo que plantó cara a todo un Real Madrid y murió con dignidad, el deja-vu se transformó en certeza, en constatación de un hecho que la experiencia ha confirmado. El gol del Valladolid se avecinaba hasta que se consumó en un córner, con el fallo de marcaje de un Illarramendi fuera de toda órbita, para poner la Liga patas arriba y desconcertar a los futurólogos. Un Madrid que retrocedió, que acabó jugando con Marcelo de extremo, lo que confirmó que los laterales son más eficaces con la arrancada en territorio patrio, y que sintió la punzada de un historia repetida en tantas ocasiones y en el mismo escenario.

A pocas semanas de la final de la Champions, el Madrid se ha tirado de cabeza en un mar de dudas, con lesionados y tocados por doquier y una sensación de inseguridad instalada en las entrañas de los jugadores. El Madrid volvió a tener un desliz que le puede condenar, casi definitivamente, al ostracismo liguero. Siempre y cuando el azar no vuelva a jugar con las quinielas. Otro empate y más dudas. El Barça depende de sí mismo, el Atleti también y el Madrid espera expectante. Hagan juego.

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