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‘Va por ti, pequeña’

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Sábado 12 de diciembre de 2015. Las cinco y treinta y dos minutos de la tarde marcan los relojes en el Dean Court de Bournemouth, ahora Vitality Stadium por razones de patrocinio. Dos minutos del duelo que enfrenta al Bournemouth con el todopoderoso Manchester United, y Junior Stanislas se inventa un magistral saque de esquina que dibuja una parábola perfecta y se cuela en la portería de David de Gea. El 19 cherrie, hasta hace poco más acostumbrado a calentar banquillo que a la luz de los focos, y hoy fundamental en la buena dinámica del Bournemouth (y uno de los grandes beneficiados de su plaga de lesiones, todo sea dicho), acaba de hacer uno de los tantos de la temporada en la Premier League.

Apresuradamente, Stanislas se quita el brazalete negro que, como todos sus compañeros, luce en su brazo izquierdo. Lo besa, y alza la mirada en busca del eje vertebral de su equipo, Harry Arter. Corre veloz hacia él y le dedica con rabia el tanto, otro beso, y el más sentido de sus abrazos. El resto de jugadores cherries hacen lo mismo, y el Bournemouth se funde en una piña, mientras la afición corea el nombre del ‘ocho’.

A mediados de semana, Harry y su pareja, Rachel, sufrieron en sus carnes el mayor de los dolores. El corazón de su hija, a la que llevaban varios meses mimando, cuidando y esperando, se detuvo durante su alumbramiento, y la pequeña llegó sin vida al mundo. La trágica pérdida conmocionó al vestuario cherrie, pero lejos de querer hacerla pública y de captar la atención de todo el planeta, el mediocentro solo dio una consigna. Habló con su entrenador, Eddie Howe, y le fue claro: quería jugar el partido del sábado ante el United costase lo que costase. Pero no solo eso. Quería ganarlo y dedicárselo a su pequeña.

Los intentos del técnico por detenerle y pedirle que descansara fueron baldíos. Y el sábado, su nombre sonó a toda voz en la megafonía del Dean Court. Tal era el secretismo al respecto que muchos de los allí presentes, de hecho, ni siquiera sabían en un primer momento el porqué de los brazaletes negros de los jugadores cherries.

Y tras noventa minutos intensos, el Bournemouth ganó. Logró una victoria tan triste como histórica para completar una semana de ensueño seis días después de asaltar Stamford Bridge. Y lo hizo, tal y como reconoció el propio Howe después del duelo, “en el mejor partido de Arter con diferencia en lo que va de campaña”. Hay que recordar que el playmaker cherrie, el capataz del centro del campo de la ciudad de Frankenstein, y pieza más que fundamental en los ascensos del Bournemouth primero a la Championship y dos años después a la Premier, se lesionó de su cadera el pasado siete de junio, curiosamente en el partido de su debut con la selección de Irlanda ante la vecina Irlanda del Norte. Una de esas típicas dolencias que se estiran mucho más de lo deseado, y que le hizo no poder volver a los terrenos de juego hasta el pasado 28 de octubre, en la derrota ante el Liverpool en los Octavos de la Capital One por 1-0.

 

Arter volvió cuando su equipo, sumido en una alarmante epidemia de lesiones, más lo necesitaba, y poco le ha costado recuperar las riendas de un club en el que, a sus 25 años, es crucial y suma 188 partidos oficiales. En el minuto 86 del encuentro ante el United, y con el definitivo 2-1 en el electrónico, Howe le sustituyó para que pudiera sentir el calor y el cariño de la afición del Bournemouth. Con los sentimientos a flor de piel, Arter dejó el campo entre lágrimas, saludó con mimo a Eunan O’Kane, su reemplazo sobre el verde, y se unió en un abrazo con su entrenador, en una imagen para el recuerdo que se repetiría cuando el colegiado decretó el final del partido.

En sala de prensa, Howe no pudo ser más claro: “Hoy teníamos que ganar por Harry, por su pareja, y por su hija. Estoy muy orgulloso de él. Sus compañeros también lo están. Hoy más que nunca ha demostrado ser un verdadero ejemplo”. Las palabras de Arter, conmovido y emocionado, también hablaron por sí solas. “Sentía que tenía que jugar, por mi familia y por todos los que se han volcado conmigo en este club, que ha hecho que estos días no los vaya a olvidar jamás. Era lo mejor que podía hacer: ganar para dedicarle el triunfo a mi niña y a mi familia. Mi novia y yo siempre que miremos atrás, recordaremos el día de hoy con muchísimo orgullo”.

El día en el que un padre, roto por el dolor, pudo dedicarle su mayor victoria a su bebé fallecido. El día en el que esta pequeña ciudad del sur de Hampshire se hermanó en un mismo sentir: “Va por ti, pequeña”, en uno de esos instantes que sacan la mejor cara del fútbol, y que recuerdan por qué suele decirse que este deporte es la más importante de las cosas menos importantes del planeta.

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