Uruguay

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Uruguay cultiva sus talentos desde las semillas

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Daniel PRAT – Al menos estadísticamente, a Jurgen Klinsmann y a Luiz Felipe Scolari se les debería hacer más sencillo encontrar once buenos jugadores para armar las alineaciones sus selecciones. El primero es el entrenador de Estados Unidos, el cuarto país más poblado del mundo, donde conviven 317 millones de personas; el segundo es el seleccionador brasilero, quien debe elegir a los 23 convocados de entre los 202 millones de habitantes que tiene el país suramericano. No debe ser casualidad que cinco de los diez países más poblados del planeta estén citados en Brasil para jugar el Mundial. Más no siempre es mejor pero sí que ayuda.

Cuando se ordenan los 32 clasificados por población, Uruguay aparece en lo más hondo con apenas 3,2 millones de personas, lo que representa el 1% de la cantidad de habitantes de Estados Unidos. Apenas unos pocos más que todos los habitantes de Fortaleza, donde debutará el 14 de junio contra Costa Rica. Cuatro días después enfrentará Sao Paulo, donde viven tres veces más personas que en todo el mapa uruguayo, a Inglaterra que también le dobla en esa estadística. Luego cerrará contra Italia, que tiene casi 19 veces más habitantes.

¿CÓMO HACE ENTONCES URUGUAY PARA SER COMPETITIVO?
Ya que no pueden tener más jugadores que sus rivales, Uruguay se ha empeñado en tener mejores futbolistas. Para lograrlo, en el país se ha construido desde hace cerca de 70 años una red de formación conocida como baby fútbol. Por ese sistema, por ejemplo, pasó Luis Suárez, quien antes de ser figura del Liverpool lo fue del Urreta, un equipo que tiene su cancha propia sobre lo que en los años 50 era una plaza vieja.


Cavani-Suárez, la delantera uruguaya creció en el baby fútbol | Getty Images

Al igual que casi todos sus compañeros, Suárez entró al entramado con apenas 5 años. Una de las claves que, de acuerdo al técnico Oscar Washington Tabárez, le permite a la selección uruguaya conseguir tantos buenos futbolistas.

De acuerdo al diario El País de Uruguay, en todo el territorio tienen 62 equipos de baby fútbol en los que juegan 61.000 niños entre 5 y 13 años de edad. Nada más en la liga de Montevideo hay más de 70 campos para ellos. Por ese proyecto pasó no solo Suárez; también Diego Forlán, Edinson Cavani, Diego Godín, Álvaro Pereira y tres o cuatro generaciones anteriores de futbolistas uruguayos.

Se juega en campos de 9×9 y los clubes son financiados en su mayoría por los padres ya que la red no tiene nada que ver con la AUF, la federación uruguaya. Una vez que cumplen los 14 años de edad, los jóvenes pasan a formar parte de las categorías de los equipos profesionales, en ese momento ya tienen casi 300 partidos y cerca de 2.000 horas de trabajo entre entrenamientos y partidos oficiales.

Adentro de Uruguay, hay quienes consideran que en la práctica, el sistema ha terminado perdido por culpa de los empresarios, quienes ven en el proyecto una mina de oro y se acercan a niños de ocho y nueve años para ofrecerles contratos a largo plazo. Para otros, esta realidad termina sirviendo como una especie de principio darwiniano, en el que solo los más fuertes sobreviven.


Torneo de Baby fútbol, categoría 99 | ligainterbalnearia.com

EL FÚTBOL COMO ELEMENTO SOCIAL
Todo el sistema se apoya en varias cosas pero principalmente en la importancia del fútbol en la sociedad. “De cada 100 niños, 98 juegan al fútbol”, dice Andreé González, un ex jugador de la selección venezolana quien se formó en esos campos hace 20 años. La cifra puede ser algo exagerada pero no mucho. En los últimos Juegos Olímpicos, la delegación uruguaya fue la segunda mayor de su historia con 29 atletas, de los cuales 18 eran de la selección de fútbol, la única que le ha dado una medalla de oro al país, en los Juegos de París 1924 y Ámsterdam 1928, aquella que les valió para organizar la primera Copa del Mundo en 1930.

Con unas bases tan bien formadas, no extraña que Uruguay haya sido un habitual competidor en las categorías inferiores, asistiendo a 18 de los últimos 34 mundiales juveniles que ha organizado FIFA. El talento nunca faltó. Paolo Montero, Álvaro Recoba, Marcelo Zalayeta, Enzo Francescoli o Daniel Fonseca. Sin embargo, el rompecabeza no terminó de calzar hasta el regreso de Tabárez. Antes de él, por el banco celeste pasaron 11 entrenadores distintos entre 1990 y 2006. La estabilidad y la mano del “Maestro” terminó de encarrilar al equipo y potenció la calidad de plantilla rica pero corta. Las buenas decisiones de la base del árbol se combinaron con otras buenas elecciones arriba. Así es la única manera que Uruguay, el país más pequeño del Mundial, sea capaz de retar a los gigantes con los que tendrá que luchar en Brasil.

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