Ciclismo

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Una tragedia evitable

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Uno de los episodios más tristes del Tour de Francia en los últimos años fue el atropello de Johnny Hoogerland y Juan Antonio Flecha por un coche que sin ningún tipo de decencia intentaba adelantarles y causó importantes lesiones al ciclista del neerlandés en 2011.

Desde entonces, lejos de reducirse, este tipo de accidentes -y negligencias- han aumentado considerablemente durante las carreras, recordamos, de ciclistas profesionales. Le ocurrió a Jesse Sergent -que se rompió la clavícula- y a Sebastien Chavanel en el Tour de Flandes; a Jakob Fuglsang en el Tour de Francia; a Greg Van Avermaet en la Clásica de San Sebastián; a Peter Sagan en la Vuelta a España. Todos en 2015, todos en carreras World Tour, la élite del ciclismo. También a Gert Doeckx en la última Kuurne-Brussels-Kuurne, hace menos de un mes.

Afortunadamente todos ellos pudieron contarlo y seguir con sus carreras. No podrá hacerlo Antoine Demoitié: 25 años, ciclista del equipo belga Wanty, que le daba la oportunidad de correr en la élite tras dos años de buenos resultados con un equipo Continental en las semiclásicas del norte y que soñaba con destacar en alguna de las grandes clásicas del ciclismo. En una de ellas, en la Gent-Wevelgem, se cayó y fue atropellado por una moto que iba demasiado cerca y le pasó por encima. Falleció unas horas después en Lille.

Una tragedia evitable. No cabe lugar a dudas. Pero una vez más, parece que solo se van a tomar medidas cuando lo peor ya ha sucedido. Y no será por falta de avisos, porque la lista de atropellos en el último año y medio es terrorífica. El mundo del ciclismo, que apenas tímidamente había protestado por este tema hasta ahora, evidentemente se ha levantado para despedir a Antoine y exigir mayores medidas de seguridad frente a este peligro mortal para los ciclistas.

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Sería injusto culpabilizar completamente a los motoristas, sino más bien pedir responsabilidades a las organizaciones de las carreras. El número de motos -y vehículos motorizados en general- es absolutamente excesivo, hasta el punto de dar lugar a imágenes como esta, en la que ni siquiera se puede ver al ciclista fugado, Viacheslav Kuznetsov, oculto tras una maraña ingente de motociclistas.

Las motos son imprescindibles en carrera para garantizar un mínimo de seguridad para los ciclistas, control de competición y calidad en las retransmisiones. Pero no de manera masiva como ocurre actualmente. De hecho, en esa misma Gent-Wevelgem, había más de 60 motos en carrera, una por cada tres ciclistas, tal y como informa el diario local Het Nieuwsblad. Y estas deben ser conducidas por profesionales que sepan moverse con inteligencia, control y prudencia entre un grupo que puede llegar a rondar los 200 ciclistas, vulnerables siempre ante situaciones de peligro.

Está por ver si la UCI, que apenas ha sabido reaccionar a la muerte de Demoitié con un indigno y escueto comunicado, es capaz de tomar medidas con celeridad para cortar de raíz este tipo de sucesos, absolutamente evitables, y que no vuelvan a ocurrirle a nadie en el futuro.

Aun así, siempre será tarde para Antoine. Descanse en paz.

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