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Una Roma a dos bandas

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Ya lo acusó la temporada pasada. La combinación de un equipo con aspiraciones reales en la Serie A y con ambiciones comprensibles, por el lujo del escenario, en Liga de Campeones pasó factura a la Roma en ambos torneos, especialmente tras el batacazo histórico ante el Bayern de Múnich en el Olímpico. Competitivamente, este año, al conjunto giallarosso le sigue costando horrores aunar continuidad de buenos resultados continuos y un juego convincente en el exigente partido a partido de cada tres días.

También tácticamente, el equipo de Rudi García está construido sobre la dualidad de sus jugadores de banda. Por derecha, Florenzi y Salah llevan la contundencia de los ataques. Ambos son jugadores directos, de gusto por las arrancadas, muy verticales y más autónomos a la hora de punzar ofensivamente. En el otro lado, Digne y Falque. Más metódicos y académicos. Tanto el francés como el español prefieren los apoyos compartidos para participar mucho más de la construcción pausada y tienen la idea del desdoble totalmente interiorizada. Por ello, los primeros juegan más separados y los segundos más juntos entre sí. En los cuatro basa Rudi García las potencialidades de su sistema. Y las limitaciones. Un esquema ideado para posicionarse muy abierto sobre el rectángulo verde y para tener el armazón consistente y pulido propio de un equipo sobón y mandón, de hecho la Roma es quien más tiempo pasa en campo contrario de toda la Serie A, pero que naufraga en zonas interiores.

Hay una problemática evidente en la zona central de la Roma que deriva, forzosamente, en una estructura doble tanto en términos de plantilla, los recursos humanos disponibles se antojan escasos para hacer reformas eficaces sobre la marcha, como en términos posicionales, aspectos donde la Roma sigue sin lograr coligarse con cables de fútbol combinativo que le otorguen la ansiada tutela autoritario de los encuentros. Y es que no existe un circuito interior asociativo de calidad para responder con garantías al guión de una nueva temporada planteada con aires de grandeza. Totalmente justificados, seguramente.

 

Pjanic, obligado a la polifuncionalidad sin un socio a su altura por dentro, deja a deber, por pura imposibilidad, tanto en la mediapunta y en la última entrega cuando tiene que bajar a efectuar la salida, como en la regia y en el primer pase si se instala en campo rival, su zona más natural. El bosnio no es suficiente pegamento para enlazar las dos vertientes de una Roma que, paradójicamente, viene desperdiciando toda su efectividad contragolpeadora porque ha perdido capacidad de sorpresa al acotar sus ataques a los límites de las líneas de cal laterales. Su vicio y su virtud, a partes iguales. Sí, casi siempre domina territorialmente pero no ejerce un tempo y un control de suficiente categoría como para situarse a la altura de las pretensiones y expectativas. Una escasez que sigue redundando en grandes sufrimientos en las transiciones defensivas, acentuados por los errores individuales puntuales y por la incapacidad de Nainggolan, otro lobo solitario como Pjanic aunque en una tarea diferente, para la omnisciencia y para, por tanto, quitar aún más pelotas a los contrarios.

Todos estos aspectos redundan, a su vez, en una mentalidad, a la hora de afrontar los encuentros, que también se divide en dos hemisferios. La defensa adelantada habitual requiere de un temple sobresaliente y tenaz que la Roma extravía a la mínima cuando recibe el primer contratiempo en forma de gol rival para dar paso, frecuentemente, a la precipitación, buscando así, con más énfasis pero con mayor nerviosismo y aceleración con la pelota, a sus dos divergentes bandas, sin terminar de aprovechar hasta el momento, la capacidad de Dzeko para fijar a los centrales, recibir y soltar de espaldas e incorporar a jugadores de segunda línea. Otra vez aquí las oquedades interiores.

Rudi García, como sus pupilos sobre el césped, se halla en el medio de un proceso que no termina de concluir. El ya citado golpe del 1-7 del Bayern de Guardiola el año pasado sigue pesando sobre los hombros del técnico galo y su Roma de pecho descubierto entonces continúa sopesando si su estilo es la construcción desde atrás con los centrales en la medular, la asunción de riesgos y el rock ‘n’ roll pasada la divisoria o si debe recortar su romanticismo para dar paso a un mayor pragmatismo y empaque, como demostró ante todo un transatlántico como el Barça, aunque fuese de forma excepcional. Mientras tanto, tras el descalabro ante el BATE Borisov después de un primer tiempo horrible que expuso a las claras déficits y dilemas, una derrota en Leverkusen en la próxima jornada de la Champions League prácticamente podría, por segunda vez consecutiva, dilapidar todas las opciones romanistas de estar en octavos de final. Los conceptos de Rudi, en su tercer año al frente de la Roma, siguen dudando entre asentarse o adaptarse. Y el tiempo, antiguo aliado, ya ha dejado de correr a su favor.

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