Osasuna

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Una presión innecesaria en Osasuna

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Osasuna empató en la primera jornada (1-1 contra el Sevilla Atlético) y ha perdido en la segunda (2-1 contra la Cultural Leonesa). Estos resultados han puesto los pies en la tierra al club rojillo y a parte de su afición. Es verdad que las diez altas han dado un salto de calidad en comparación a lo acontecido la pasada campaña –la peor de la historia de Osasuna–, pero eso no quiere decir que el club vaya a subir en enero, aunque desde dentro de la entidad el objetivo de ascender esté en la primera línea de la parrilla.

Si ya resulta complicado competir en Segunda División, más si se trata de un equipo nuevo. Esto es lo que le está ocurriendo a Osasuna en el inicio de liga, donde no ha encontrado continuidad en el juego y tan solo ha sido competitivo por tramos. Tan solo ha conseguido algo de brillantez arriba, donde parece que David Rodríguez y Quique se complementan muy bien y trabajan para todo el equipo.

El 4-2-3-1 ha sido el esquema utilizado en el comienzo de la competición oficial. Sergio Herrera, Oier, Aridane, Unai García, Clerc, Arzura, Mérida, Torres, Quique, De Las Cuevas (Sebas Coris) y David Rodríguez. Un equipo que, de base, no tiene nada que ver a lo que ofreció Osasuna el año pasado en primera. Se aprecia en que en conjunto es un equipo ordenado, con una idea de juego más o menos clara –seguimos en agosto– y con un entrenador que transmite profesionalidad –eso es lo que se dice en Tajonar–. Pero Mérida en el doble pivote sigue sin explotar, Clerc vuelve a evidenciar que su punto fuerte no es defender y que la creatividad sigue siendo muy memorable.

Es verdad que todo lo acontecido hace meses en el club pone a este nuevo Osasuna en ventaja. Sin embargo, la ilusión que ha despertado tanto cambio –se ha llenado El Sadar, ya nadie más puede conseguir un abono– ha hecho que los jugadores y el cuerpo técnico jueguen con presión. Lo han dicho ellos mismos. La comunicación del club no ha sido la adecuada, pues asegurar que somos “el equipo a batir” no es bueno para nadie, y menos cuando todavía no había empezado la liga. Más allá de los problemas con la cantera o las posibles elecciones en noviembre, los aficionados se esperaban un fútbol brillante, mucho más rico en matices, y al no verlo después de casi dos meses juntos la desilusión ha sido mayor.

Que este Osasuna está compuesto para competir por los puestos de arriba de la clasificación es un hecho, pero el club sabe de primera mano lo complicada y larga que es la Segunda División, una competición donde todos los entrenadores se encargan de recordar que no hay favoritos. Suena repetitivo, pero es la realidad. Y a Osasuna se lo hecho saber un filial (el Sevilla Atlético) y un recién ascendido (la Cultural Leonesa). Conforme avance la competición el equipo de Diego Martínez verá mejorada su imagen –parece casi imposible que no sea así–, pero ni somos el equipo a batir ni el primer puesto iba a ser nuestro de principio a fin.

Imagen principal: Diario de Navarra

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