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Un Valencia líder deja de sentirse extranjero

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Se ha declarado el estado de felicidad. El retozo y la festividad vuelven a ser primera página en el diario de cada aficionado valencianista. La tropa de Nuno ha logrado dibujar el bienestar poniéndole forma a una ilusión machacada con martillo de alabastro. Atrás quedaron las aflicciones y pesadumbres de estos años acaecidos donde el Valencia transitaba sin norte por cada rincón del continente. Como si fuera fútil e insignificante. Como si los suyos sintieran orgullo de la desidia.

Un reflejo de la filosofía del absurdo, una sensación de alienación, de desencanto frente a la vida. Desde el molde del doblete, el murciélago estaba sometido al aburrimiento, a una cotidianidad que lo hacía insensible, indiferente y hasta casi despiadado. Era el recuerdo de Meursault, el protagonista de “El Extranjero” del escritor francés Albert Camus. Parecía que daba lo mismo ver un Valencia que otro. No resultaba relevante observar una senda  traumática en los despachos o una travesía de flojedad e inapetencia. La costumbre en la apatía engulló cualquier posibilidad de recobrar la identidad. Pero, afortunadamente, es un episodio que forma parte del pasado.

Peter Lim, Salvo, Rufete y Nuno han metido la ropa sucia a la lavadora y están tendiéndola al sol ya sin lamparones, mostrando un lustre como recién sacadas de la botica de la Plaza Mayor. El Valencia vuelve a trastornar a los suyos, vuelve a forjar orgullo, vuelve a abrigarse con toga de líder.

El murciélago ya se reconoce en el campo, ya sabe que juega a lo que le hizo temible hace una década. Sus colmillos salivan ganas de ajustar cuentas pendientes y posa bocabajo esperando oportunidades. Cómodo y hambriento sabedor que ya no vive una realidad paralela. Vuelve a ser esa bandada ordenada, tácticamente jugosa, con una retaguardia que pone el precinto, un bello centro del campo asfixiante y un ataque vandálico, canallesco y demoledor.

El Valencia vuelve a galantear el espacio por encima de todas las cosas. Se echaban de menos las estampidas de sus antílopes. ‘Sosó’ reúne el antes y el después. Perpetúa a Meursault hasta en su origen. Dos argelinos que viven en la indiferencia, que son el firme reflejo del aburrimiento, anclados en un mundo que no pertenecía a su especie. Nuno ha conseguido transformarlo en un ñu africano, devolverlo a su umbral. Feghouli es ese bóvido que se siente cómodo en el trabajo solidario y que desmenuza los ataderos cuando sale al contraataque.

Como Piatti. El petiso se ha alejado del toque inoperante e infructuoso que le sacaba a relucir todas sus escaseces y vive con Nuno placentero en sillón de cheslong. A su trabajo incansable se le ha encontrado acomodo en su mejor vertiente, su salida al contragolpe. La que provocó que el Valencia en su momento se fijara en él.

Rodrigo, a diferencia de la obra de Camus, sí tiene una meta, sí huye de la indiferencia, no quiere entregarse al más absurdo y absoluto silencio. Ha venido a Valencia a meter ruido. A tocar melodías con el arpa. No se siente un extranjero. Una fina gacela para las estampidas de Nuno.

Y aquí cabría también Alcácer. Un novillo por edad que se ha saltado el aprendizaje a la torera. Su irrupción ha sido superlativa, propia de un alumno aventajado. Un superdotado del gol. Seguro que Albert Camus no escribió su novela pensando en Paco porque tendría que haber cambiado el título. El de Torrent es “El de la casa”. Y si hablamos de bovinos, qué decir del bisonte. Aún no ha debutado pero hay expectación máxima por ver a Negredo. Encarna todo lo que busca el entrenador, también para salir a buscar a los rivales al espacio.

Para esas escapadas en tromba, el técnico de Santo Tomé cuenta con una lanzadera extraordinaria. André Gomes, la zancada poderosa y excelsa, está enamorando no solo a su afición sino a la competición en toda su extensión. A su planta imponente se le suma un talento exquisito para circular el cuero, darle salida de primeras y proyectar jugadas a máxima electricidad. Además Nuno está consiguiendo lo jamás pensado: que en solo cinco jornadas un imberbe chaval portugués, al que ya se le presuponía mucha clase, se haya puesto el mono azul de mecánico. Un pedazo de futbolista.

En este Valencia líder que abraza búfalos con descargas automatizadas y vibrantes sobresalen también Otamendi y Gayà. El argentino es de esos jugadores  a los que no apetece enfrentarte nunca como rival. Por entusiasmo, convicción y fortaleza. El balón o el rival. Para Nico no hay debate. Primero atropella, después consulta. La extensión de Nuno en el campo. Su misma mentalidad. Por su parte, el expreso de Pedreguer es uno de los futbolistas que pertenecen a la generación JASP (Jóvenes aunque sobradamente preparados). Con solo 19 primaveras da la sensación de un aplomo soberano e insultante. Como si fuera su quinta temporada en el primer equipo. El tiempo dirá dónde lo ubica el fútbol pero, por sensaciones, va a ser el mejor lateral izquierdo del continente. Aventurado pero convencido.

Muchos son los nombres que han hecho posible que el Valencia sea líder de la Liga Española, pero ya habrá tiempo para encaramarlos como merecen. De lo que no hay duda es del presente. El preceder casi inhumano de antaño, el aceptar el devenir como algo automático, el socavamiento de identidades fruto de cotidianidad ha quedado enterrado. Los blanquinegros ya no se sienten extranjeros.

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