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Un Valencia de guerra engrasado por militares

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Un armatoste de competición. Con pocos rasguños, sin demasiadas picaduras en la base y dispuesto a la exposición en cualquier escenario de combate. El Valencia de Nuno Espirito Santo está quemando etapas a mayor velocidad de la esperada. Formado por el grupo de militares más jóvenes de la Liga se está permitiendo el lujo de ilustrar la dificultad que conlleva ser derrotado por cualquier rival. Y en cualquier circunstancia. Es capaz de imponerse en su territorio a cualquier escuadrón. Sea cual sea su nombre. Y el pasado domingo demostró que también en territorio comanche está preparado para no sucumbir a la encerrona. Y eso que por allí anduvo un pistolero suelto dejando caer balas de colores. Principalmente amarillas.

Su fútbol, industrial por momentos y con pocos tocados o abalorios, no ha impedido que la suma de esfuerzos tenga su recompensa. Una puntuación estratosférica a estas alturas de campeonato avala el trabajo de los oficiales blanquinegros y la de su Capitán General. Hace 13 años (2002), en la temporada que se volvió a levantar una Liga, el Valencia lideraba el campeonato con un punto menos (53) de los que tiene en la actualidad (54). Sin embargo, hoy, solo le basta para ser cuarto. Datos que demuestran la dificultad de competir de tú a tú hoy en día con los dos gigantes y que manifiestan la asombrosa temporada que están realizando los de Mestalla a pesar de llevar solo 8 meses compartiendo barracón en Paterna. Tras las tablas en el barro del Vicente Calderón, el Valencia tiene en su mano convertirse en el mejor local de la Liga si consigue la victoria el próximo viernes ante el Deportivo de la Coruña. Bárbara munición para un ‘tanque Leopard 2A4’ recién estrenado.

Como buen grupo jerárquicamente organizado dispone de futbolistas que huyen de las distinciones que cuelgan del pecho de los Oficiales Generales pero que, al mismo tiempo, asumen su rango sin rechistar. El Capitán es el hombre escoba del Valencia. Una voz autorizada dentro del vestuario que consiguió convencer a Nuno el pasado verano cuando sus minutos como valencianista parecían agotarse. Se trata de un jugador poco común en el fútbol moderno pero que todos los entrenadores matarían por tener a golpe de corneta. Solidaridad, esfuerzo, trabajo y honestidad. Javi Fuego se ha convertido en necesario en un entramado defensivo que funciona a la perfección.

El Comandante es de la casa. Criado entre paellas y pólvora. Un fenómeno extraordinario de solo 19 años llamado a ser el mejor del mundo en su puesto. José Luís Gayà es el regalo que merecía el valencianismo después de tanta ofuscación y desfachatez. Mientras algún iluminado se atrevió a llamar culón a un fuera de serie como Isco y se resistió a claudicar ante su talento, en la Costa del Sol supieron ver lo que el resto de la humanidad distinguía con un parche en un ojo. El de Pedreguer es de la misma estirpe que Francisco Román Alarcón. Supone el entusiasmo, la concentración, la daga centelleante y la entereza de un veterano. Y todo con alma de portador de brazalete. Indispensable.

Si hablamos del Teniente Coronel lo hacemos del guardián de llaves del Valencia. Un hombre que aguantó por poderío mental su duelo con Guaita sin caer a la lona y que el tiempo le ha premiado como merecía. Diego Alves es el mejor portero del campeonato. Por números, sensaciones y nivel. Un devorador de penaltis, un torrente de reflejos y un generador de puntos. Sin descanso. Posiblemente estemos ante el jugador más determinante del conjunto valencianista.

Pero por encima de todos, en la cúspide, mirándolos a todos de forma desafiante como marca su rango máximo de oficial, está el Coronel. El que vocifera, arrolla, espolea, rasca y manda. El futbolista en torno al cual se ha de solidificar el Valencia de Champions de los próximos cursos. El que llena de orgullo a los suyos partido tras partido. Aquél que mira al miedo a los ojos y acaba acongojando a la aprensión. El hípster más fiero y entrañable del continente: Nicolás Otamendi. Capaz de correr los San Fermines en sentido inverso, capaz de utilizar taladradoras de columnas para hacerse acupuntura, de utilizar un Chivas para después del afeitado y estar preparado para pedirle cuentas a los mismísimos Lucky Luciano o Carlo Gambino. Un prodigio de la naturaleza que ya es el ídolo de Mestalla. Imprescindible.

No solo de Oficiales vive el Valencia. El resto de la tropa es la clave para que la máquina de combate esté perfectamente engrasada. Un ente único que funciona casi milimétricamente. Ni siquiera un mal partido ofensivo en el Calderón sirvió para que se hincara la rodilla. El vigente campeón de Liga y subcampeón de la Champions League comprobó en sus carnes lo espinoso que es ganar en la actualidad al Valencia. Quedan campos de minas por inspeccionar hasta final de temporada y zonas sitiadas que conquistar. El artilugio de Nuno está preparado.

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