Fútbol italiano

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¿Un Toro de vacas flacas o de brotes verdes?

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“El 10 de enero tendremos cerrados los fichajes invernales. Llegarán un centrocampista ofensivo y dos puntas. Los tifosi pueden estar seguros de que haré la inversión necesaria y de que el Toro será mejor”. Son declaraciones del presidente del Torino realizadas a Tuttosport el pasado mes de diciembre. Urbano Cairo ha incumplido su promesa y ya acumula una ristra de fútil palabrería que es uno de los motivos principales que han provocado que la masa social granata se haya vuelto contra el palco pidiendo explicaciones al grito de “Cairo braccino, vendi il Torino” (Cairo tacaño, vende el Torino).

El ambiente en el Toro se ha ido enrareciendo desde el inicio de la temporada al tiempo que los resultados no acompañaban y que los fichajes no respondían a las expectativas. El resto lo han hecho las malas sensaciones de juego y la pérdida de ilusión en una campaña ideada para disfrutar de la vuelta a Europa veinte años después y concebida como escalón ineludible para conseguir un Torino estable en el tiempo en el top 10 de la Serie A.

 

Mala planificación deportiva

Las raíces del descontento general se hunden hasta el pasado verano. Era obvio que las salidas de Cerci e Immobile iban a afectar al devenir inmediato del equipo en cuanto a rendimiento se refiere pero no que la planificación fuese a resultar tan desastrosa. Salvo Josef Martínez y Bruno Peres –los dos fichajes más underground y dos nombres más de futura proyección que de esplendoroso presente- ninguna de las nuevas caras ha estado a la altura del listón marcado y buscado como demuestra que futbolistas como Nocerino, Rubén Pérez y alguno más que falta (veáse Sánchez Miño) por salir, ya hayan tomado la puerta de atrás para dejar el plantel tras haber llegado hace apenas seis meses.

 

El equipo ha perdido frescura, electricidad, pólvora y, además, se ha envejecido.

Delanteros del corte de Amauri y el recién llegado Maxi López y de un Quagliarella en pleno bajón físico, no están hechos para mantener los mecanismos ofensivos del Toro del año pasado, un conjunto de bloque bajo y capaz de salir como una centella a través de sus dos puntas de lanza a treinta metros de distancia del arco rival para hacer gol. Sin ir más lejos, el propio Fabio Quagliarella tiene, pese a ser junto al capitán Kamil Glik (!) el máximo goleador del equipo en Serie A, unos registros paupérrimos que le colocan como el futbolista con peor porcentaje en cuanto a disparos realizados y tantos conseguidos, además de ser el jugador del Calcio que más veces cae en fuera de juego. Y eso que el ex juventino estaba llamado a ser, junto al desaparecido en combate Omar El Kaddouri, el líder de este nuevo proyecto del Torino que ha venido dejando muchas más sombras que luces.

 

Una crisis de resultados relativa

El estoicismo del lacónico Giampiero Ventura ha ido amainando el temporal en las últimas jornadas pese a algunas declaraciones fuera de tono en las que llegó recriminar directamente a la afición sus incesantes y, para él, injustificadas protestas y a la toma de algunas decisiones tácticas ciertamente extrañas. El Toro ya no tiene el brío del pasado curso pero sí ha mantenido y enfatizado su solidez defensiva, pilar fundamental para el técnico genovés. El equipo parece querer adquirir poco a poco un mayor espíritu de lucha mayor y una disposición no tan alargada sobre el rectángulo de juego que, al menos contra equipos de una entidad similar o inferior, ha permitido al Toro jugar más cerca del área rival, aumentar sus ínfimos guarismos goleadores y sumar seis partidos de liga sin conocer la derrota.

Seis partidos entre los que se cuela más de un empate escaso pero que han servido para alejar posibles fantasmas de Serie B y para traer una ligera calma al seno del club, al menos deportivamente hablando. En el ecuador del campeonato, Ventura ha puesto los primeros ladrillos para un reinicio esperanzador de cara a la segunda mitad de temporada de un Toro que, por extraño que pueda parecer, solo suma cuatro puntos menos que el de la 2013/2014 a estas alturas del año. La crisis de resultados es, por tanto, relativa, sin embargo, no lo ha sido en cuanto a sensaciones acumuladas y a la traumática pérdida de gol –17 tantos menos a favor en Serie A- pese a estar recibiendo menos que el curso anterior en estos primeros cinco meses de competición.

La resituación amén de la llegada de uno o dos fichajes que estén a la altura y que rindan desde el primer día se antoja imprescindible. Los tifosi granata siguen apretando a Urbano Cairo para que gaste los millones ingresados por Cerci e Immobile que él dice haberse ya gastado en verano y no se van a contentar con más medianías a coste cero. Quieren ver ya el proyecto estable por el que llevan esperando demasiado tiempo y que pareció comenzar el año pasado. La que es quizá, la hinchada más nostálgica del Calcio ha perdido la paciencia y quiere que las promesas se cumplan, que vuelvan los goles y las victorias y que el equipo sea capaz de recuperar sensaciones antes del cruce contra el Athletic en la Europa League. Una eliminatoria que supone, sin duda, el gran desafío de la temporada.

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