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Un taxista de renombre

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Son las doce de la mañana en Madrid. Hace demasiado sol para que Marcos, que va a renovar su DNI, vaya andando hasta el lugar al que debe ir. Lo mejor será ir en taxi. Tras cinco minutos de conversación con el conductor sale a relucir el país del que proviene: Bolivia. El taxista, nacido en España, afirma que él proviene de Bolivia porque allí estuvo dándole patadas al balón en el Club Jorge Wilstermann. Marcos, sorprendido, le lanza una cuestión que es prácticamente una afirmación: “¿Es usted Gerardo Berodia?”. Ante la positiva respuesta del piloto, el pasajero se dedica todo lo que queda de trayecto haciéndolo fotos para enviárselo a sus amigos. Había visto a un crack.

Ese taxista inició su andadura en el fútbol en la cantera del Real Madrid, donde pronto se le vio que tenía calidad para ser importante en cuanto creciera. Su progresión era estelar. El enganche, que además tenía una gran capacidad goleadora, ganaba trofeos individuales y colectivos por doquier y a los 14 años consiguió un contrato para Nike. Comandaba un conjunto en el que Casillas, Aganzo o Corona compartían vestuario con él. A los quince años su tobillo empezó a causarle molestias. Y con el paso de las semanas el daño se multiplicaba. La visita al médico fue una de las peores de su vida: tenía un tumor en el tobillo izquierdo.

 

Su recuperación, a pesar de su dilación (tres años), pudo haber sido peor. Durante muchos momentos los doctores tuvieron en mente amputar su pie izquierdo. El madrileño, tras tanto sufrimiento, decidió emprender su carrera. En el Real Madrid la mayoría de sus compañeros ya habían probado la primera división. Él, sin embargo, tuvo que conformarse con los campos de segunda B y tercera división durante muchos cursos. Pero en 2013 todo cambió. El Wilstermann boliviano llamó a su puerta para emprenderse en una aventura en el extranjero. Una oportunidad difícil de desaprovechar.

Las actuaciones del ex del Real Madrid, desde su llegada, dejaron helados a todos los aficionados sudamericanos. No era solo su increíble facilidad para meter goles sino su buena imagen lo que le empezaron a construir una imagen de estrella. Salir al cine podía convertirse en firmar autógrafos durante una hora. Se había creado el fenómeno Berodia.

Asimismo, el infortunio volvió a darle en todos los morros. Un grave accidente de su hijo en su urbanización provocó la idea de una vuelta a España por parte de su mujer. El ex blanco tenía que decidir. Su carrera o su familia. Escogió la segunda para volver a tercera. Una categoría donde la calidad sobra pero el dinero, las oportunidades y el seguimiento escasean. Y así llegó al Navalcarnero donde sigue metiendo goles a pares en la actualidad sin olvidar, por supuesto, su taxi ya que no se puede ganar la vida con el fútbol. Si van por la capital quizás se encuentren con un taxista de renombre.

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