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Un revés inolvidable que abrió la "Edad de Oro"

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España, aunque no lo parezca, siempre ha sido un país de tenis. A los pioneros Orantes, Santana y Gimeno les siguieron los Bruguera, Moyà, Costa, Corretja y un sinfín de tenistas que alcanzaron, como mínimo, el Top 10 de la ATP.

Lo tenía todo. Instalaciones, una preparación que con los años se fue profesionalizando… Pero faltaba lo más importante: los títulos. España no tenía ni una sola Copa Davis a principios del s. XXI. Se acariciaron las ensaladeras en 1965 y 1967, años en los que Australia (campeona en esas dos ediciones) y Estados Unidos eran los dictadores del circuito: de 1937 y hasta 1973 se repartieron todas las Copas Davis.

Hasta que llegó el principio de siglo. España presentaba un señor equipazo con Albert Costa, un jovencísimo Juan Carlos Ferrero, Àlex Corretja y el olvidado Joan Balcells, que jugó los dobles. Australia tampoco se quedaba corta: Lleyton Hewitt y Patrick Rafter. Ambos estaban en el mejor momento de su carrera.

El primer (y único) punto de la final se lo llevó Australia. Hewitt, tras reponerse de un 2 a 1 en contra, ganó los dos últimos sets ante Costa. Media ensaladera estaba en la raqueta de Ferrero, que jugaría contra Rafter. Ganó el valenciano, ya que en el cuarto set se retiraba Pat, que se lesionó tras tropezarse en un intento de volea.

Llegaban los dobles. Turno para Balcells y Corretja; el punto que decantaría la ventaja para un lado u otro. Triple 6-4 y match ball para Ferrero, que se las vería ante Hewitt. Javier Duarte, capitán del equipo de Copa Davis español en el año 2000, volvía a sorprender; el número 1 del equipo español, Àlex Corretja, no jugaría el partido decisivo.

Cuatro sets en un Palau Sant Jordi a rebosar, y un passing shot inolvidable. Tras un magnífico revés cruzado de Lleyton, Ferrero se la devolvió con un revés paralelo, forzado y casi desequilibrado. Hewitt la quiso empujar con la mirada hacia el fondo de la pista, pero ya estaba todo hecho.

Ese revés, inolvidable para cualquier amante del tenis independientemente de su nacionalidad, pasará a la historia como el revés que abrió una etapa que se prolonga hasta el día de hoy en el tenis español. Tras la del 2000 caerían las Copas Davis del 2004, 2008, 2009 y 2011, además de llegar a la final en 2003 y 2012.

Una final, la del 2000, llena de anécdotas y curiosidades. El abanderado del equipo español fue un tal Rafael Nadal, protagonista en casi todas las finales disputadas a partir del 2004.

El Palau Sant Jordi se cayó, y hasta el entonces presidente Aznar interrumpió la Cumbre de Niza para exclamar: “¡Un momento! ¡España acaba de ganar la Copa Davis!”. La reacción de Chirac, presidente francés, fue pedir que aquella anécdota constase en el acta de la Cumbre mientras los demás jefes de gobierno aplaudían. Si es que tampoco se ha cambiado tanto, sobre todo en lo político. Sólo que se ha tenido que hacer hueco, en apenas una década, a cinco Copas Davis.

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