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Un peligroso déjà vu culé

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El que dijo que la historia se repite… era aficionado del FC Barcelona. La recesión del club catalán está alcanzando unas cotas de desesperación dignas de situaciones en la historia del club culé a priori difícilmente igualables: la salida traumática de Cruyff tras las trifulcas con Nuñez y Gaspart, la venta de Figo, la travesía por el desierto del Barça ‘holandés’, la abdicación de ‘Ronnie’ tras unas temporadas de ensueño, la no renovación de Pep… Todas a un nivel de drama para el seguidor culé que rondan el que se alcanza en los telefilmes de mediodía. Y lo peor es que, como entonces, no se ve una solución clara.

Luis Enrique y sus soldados no congenian. O al menos en el campo no parecen hacerlo, que es lo realmente transcendental. Lo demás, importa poco. Pero nadie puede negar que las relaciones entre entrenador y plantilla no rozan el nivel de otros momentos en el equipo azulgrana. Ni las declaraciones de Piqué reafirmando el trabajo del míster, ni los sucesivos apoyos de la directiva logran ocultar que en este equipo pasa algo. Se nota. Es una sensación. Un “feeling”, si prefieren. Todo parece indicar que, como se está viendo, existe una clara intención de jugar un fútbol que no está al alcance de este equipo.

Messi demasiadas veces solo, a base de genialidades, busca lograr puntos (como los de la pugna en el Camp Nou contra el Leganés) pero no siempre lo consigue (como en París). Luis Suárez, indignado con algunas situaciones dentro del campo, no logra concentrarse en lo suyo, que es y debe ser el gol. Neymar, con la cabeza en los juzgados. Iniesta, de lesión en lesión, muy lejos de su mejor nivel. Busquets, sobrepasado por su soledad en el trabajo sucio. Piqué, más polémico que resolutivo. Arda sin encajar al 100% en la necesidad de sacrificio y juego. André Gomes desubicado, fuera de sitio, sin saber cuál es en realidad su cometido… Demasiados “peros” en un equipo ya de por sí mermado por las lesiones de Rafinha, Aleix…

André Gomes, desubicado en el Barcelona | David Ramos/Getty Images

El caos comienza en la esencia culé

Un caos de mediocampo hacia arriba que plantea dudas más allá del juego o del rendimiento. Cuando ha fallado el mediocampo, por lesiones o rendimiento, llegaba la MSN a apagar fuegos. Hoy, en cambio, esa táctica no da ni para eso. Nunca un mediocampo culé sembró tanto desconcierto. Hubo muchos momentos en la historia reciente en los que ni el gol ni la defensa, incluyendo la portería, daban confianza.

Pero la idea de juego, de interpretación del partido, se ganara o se perdiera, estaba clara. Hoy, ni Messi, ni Sergio Busquets, ni el propio Iniesta, están logrando resolver ese acertijo terrible de a qué jugar con este mastodonte llamado Barça. Ninguno logra sacar al Barcelona de esa sala inmunda en la que han osado entrar: jugar a lo que se pueda en cada partido, sin una idea, sin un plan, recurriendo simple y llanamente a la calidad de tres bestias goleadoras y la inercia de juego, que ya no es capaz de empujar este tren.

Una inercia cientos y miles de veces criticada cuando se veía en el rival de turno, cerrado atrás o echando balones arriba. Un “estilo” que se osó demonizar para luego incorporarlo sin escrúpulos. Al parecer se ha olvidado que a los culés les debía dar igual que dijeran que jugar la bola durante el partido era aburrido, lento o ineficaz, cuando el equipo bailaba como nadie. Se ha perdido el norte, el sur, el este y el oeste. Se ha perdido la identidad. Y eso se paga. Como se está pagando.

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