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Un laboratorio llamado ‘Copa del Rey’

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La Copa del Rey es, sin ningún tipo de duda, el torneo más cuestionado, controvertido y criticado de nuestro fútbol. No son acusaciones que se hacen porque sí. No forman parte de esta ‘queja fácil’ tan instaurada en nuestro día a día. La diana a la que apuntan la inmensa mayoría de comentarios es la misma: la estructura del torneo. Ya sea por parte de los propios profesionales del mundo del fútbol o por los aficionados que solo se limitan a dar su opinión en las redes sociales, pero el formato de la Copa del Rey se ha convertido en un tema que está encima de la mesa cada vez que se inicia la competición: eliminatorias a un partido, posibilidad de jugar una final four, sorteos no condicionados… Bastantes propuestas y la sensación generalizada de que cualquiera es mejor que la actual.

Debo decir que estoy completamente de acuerdo con este planteamiento para que la Copa del Rey pueda renacer y ofrezca una posibilidad real, a los equipos humildes, de ganar un título y optar a la competición europea. Pero si debo resignarme a que el formato siga siendo (al menos a corto plazo) el mismo, prefiero buscar aquellas pequeñas cosas que me sigan llevando a ver los partidos del FC Barcelona, sin importar que esté jugando dieciseisavos de final o que el rival sea un Segunda B.

Cada año, durante la semana del debut del Barça en esta competición, me hago la misma pregunta: ¿qué jugadores del filial tendré oportunidad de ver jugar o debutar? La pregunta viene dada por un punto de vista que, personalmente, tengo desde hace años: la cantera es la base sobre la cual debe asentarse cualquier proyecto del club.

(Getty)

El hecho de seguir de forma más continuada, desde hace año y medio, la andadura del filial azulgrana me ha devuelto cierto optimismo que había perdido ante la falta de oportunidades de Luis Enrique hacia los canteranos. El ascenso del Barça B y la llegada de Ernesto Valverde al club no han hecho más que reforzar las esperanzas que tengo en relación a gente como Carles Aleñá, Sergi Palencia, Marc Cucurella, Marc Cardona, Oriol Busquets o el recién incorporado José Arnaiz, por poner algunos ejemplos.

Este grupo de jóvenes, como tantos otros que han venido y que vendrán, son los motivos que me llevan a ver los partidos de menor trascendencia del calendario azulgrana. La Copa del Rey, en sus fases más germinales, ofrece al aficionado la oportunidad de imaginar quienes configurarán su equipo a medio plazo, presentir qué jugadores tienen opciones de establecerse en la élite o ‘fantasear’ con aquellos que, en unos años y si nada se tuerce, pueden deleitar a todo el Camp Nou. La Copa del Rey se convierte, pues, en un laboratorio de pruebas para el entrenador, que puede llevarse agradables sorpresas como la de Carles Aleñá el año pasado o la de José Arnaiz en este. Partidos que los propios jugadores jóvenes se toman como un escaparate de 90 minutos ante una gran cantidad de aficionados que no les siguen semana a semana.

El primer paso de un jugador joven en el primer equipo, conocido como impacto, debe venir acompañado de acciones que no lo acaben convirtiendo en algo anecdótico. Ahí es cuando coge importancia el papel del entrenador, conocedor de sus potencialidades y gestor de sus futuros pasos en la dinámica del primer equipo. Parece que talento hay, y la prueba la tenemos cada fin de semana con las sensaciones mostradas por los jugadores del filial. Parece que un entrenador dispuesto a darles confianza también, y la prueba la tenemos en la propia trayectoria futbolística del ‘Txingurri’.

Ha llegado la hora, pues, de cuidar los detalles. Pequeñas cosas que hay que tener en cuenta para acabar beneficiándonos de lo más grande que puede poseer nuestro club: una nueva generación de talento que nos siga dando éxitos temporada a temporada.

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