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Un italiano por Albania

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Apenas 70 kilómetros separan las costas de Albania e Italia a través del Canal de Otranto. Una distancia que provoca que los lazos que unen ambos países sean cada vez más fuertes, especialmente a causa de la inmigración. Tras la caída del bloque comunista y el fin del régimen heredero de Enver Hoxha, se desencadenó la migración; recordado el episodio del mercante Vlora, que atracó en Bari con más de 20.000 albaneses a bordo de manera clandestina en el verano de 1991.

Cerca de medio millón de albaneses, según los últimos datos del ISTAT, viven actualmente en Italia. Un italiano, en cambio, decidió realizar el camino inverso y llegó a Tirana en diciembre de 2011. Desde entonces, el afable Gianni De Biasi, ha cambiado para siempre la historia del fútbol albanés.

Trevigiano de nacimiento, De Biasi es uno de eses entrenadores ‘de provincia’. Tras una modesta carrera fraguada sobre todo en la Serie B en Brescia y Palermo, inició enseguida una trayectoria por los banquillos italianos que le convirtió en uno de los entrenadores más codiciados en las categorías inferiores del Calcio.

 

Se le recuerda especialmente por el ‘milagro’ del Modena, al que ascendió de Serie C a Serie A, donde resistió una temporada, entre 2000 y 2003. Y no solo: también ascendió con la SPAL, fue el último entrenador de Baggio en el Brescia y devolvió al Toro a la élite tras su quiebra en 2005. Con los granata vivió la clásica historia italiana de amor y de desamor, con tres despidos y otros tantos retornos, paréntesis incluido en esa extraña -y efímera- experiencia en el Levante en 2007 con Storari, Cirillo o Riganò.

Tras fracasar en Udine, le llegó la oportunidad en Albania, de la que siempre ha reconocido no saber nada hasta entonces. De Biasi se enfrentó a una situación futbolística complicada, dada la diáspora por Europa (especialmente Italia, Alemania y Suiza): futbolistas de enorme nivel como Shaqiri, Xhaka, Behrami, Dzemaili, Kasami, Hetemaj o Panagiotis Koné son de etnia albanesa, si bien ya se habían decantado por las selecciones de sus países de acogida. Especialmente Mustafi y Januzaj estuvieron cerca, pero terminaron eligiendo Alemania -con quien fue campeón del mundo- y Bélgica respectivamente.

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Tras rastrear toda Europa, De Biasi consiguió reclutar un equipo joven en el que la mayoría de jugadores ni siquiera había nacido en el actual territorio de Albania -tanto por la emigración como por la gran presencia de albaneses en Kosovo, Macedonia o Montenegro-, y mucho menos jugado en el país. Desde entonces, la historia ya conocida sobre el campo: rozó la repesca para el Mundial y tras el fantástico triunfo en Portugal, consiguió clasificarse para la Eurocopa por primera vez en su historia, superando a selecciones como Dinamarca o, especialmente, Serbia.

Capitaneados por el carismático Lorik Cana y con los Hysaj -que triunfo en Italia-, Memushaj, Xhaka, Basha o Berisha, el fútbol ha canalizado el enorme sentimiento nacionalista del pueblo albanés, como demostraron las calles llenas de alegría y celebración en Tirana y Pristina tras los principales triunfos. De Biasi, el gran artífice, ya ha sido nombrado ciudadano honorario en Albania e incluso doctor honoris causa por la universidad local. “Ya me siento uno más”. Normal. Gran parte del merecido éxito es suyo.

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