Fútbol italiano

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Un día en la Curva del San Paolo

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Escrito sobre el papel podría coger tintes de ficción, de película barata y mala, de una obra protagonizada y transcurrida en un solo lugar: Napoli, la vulgar. Un viaje exprés donde nada podía salir mal salvo el resultado. Un Napoli-Roma con un romano y un napolitano en una misma Curva era el menú de un fin de semana sensacional.

Hacer las cosas rápidas y mal es lo normal, por desgracia. En temas como viajes, las consecuencias pueden ser nefastas. Por suerte, todos quisieron que presenciáramos el partido desde dentro del estadio, de pie sobre las escaleras y a la otra punta de donde figuraba la entrada y no en cualquier bar alejados de Fuorigrotta con maleta en mano y el dinero volando.

Y cuando digo todos, es uno que representa a todos. Antonio Gambardella, natural de Napoli y presente en la Curva desde muchos años atrás. Acción que repite cada domingo como tradición familiar. Su padre, abandonó el ejercicio del tifoso tiempo atrás para ceder una hegemonía muy común en toda la ciudad. Desde abuelos hasta los más pequeños, todos alientan, cantan y viven por una misma razón. Napoli y nada más.

Mi tren desde Roma a Napoli llegaba un poco justo en cuanto a tiempo se refiere, solamente 50 minutos antes de que Daniele Orsato diera comienzo a uno de los derbis más calientes del ‘Bel Paese’. Visto esto, Gambardella, uaglió -amigo en dialecto napolitano- de buen corazón y tifoso como ninguno, decidió comprarnos tres billetes en ‘Trenitalia’ y zona confort para llegar con tiempo de sobra para disfrutar de todo lo que aconteciera durante aquel día tan peculiar.

Era curioso todo. A menos de quince horas para llegar a Roma, únicamente tenía el billete de avión de ida y vuelta. Sabía que iba a ir y casi seguro también volver pero sencillamente poco más sabía y tenía. Fácil y sencillo, captura de pantalla de Gambardella y ya tenía billetes de tren para llegar a Napoli. Las piezas del puzle iban encajando para acabar presenciando el partido desde la Curva y todo, por la hospitalidad de un napolitano y su pasión por y para el Napoli.

Llegamos a Napoli con cierto retraso, algo esperado visto el tablón de horarios de Roma Termini. No hay mejor lugar para representar Italia que un cuadro de horarios. Un mundo diferente, no sabemos si mejor (?). Todo con prisas y con retraso, sin justificaciones ni puntualidad. Pero todo estaba listo para nuestra llegada. Gambardella nos recibió junto a su padre en uno de esos pequeños coches para moverse como pez en el agua sobre la falda del volcán. Un coche sin cinturones, en un tráfico caótico y el día de un partido grande, cuando Napoli se convierte en un terremoto y tú en una hormiga con prisa y una sola vida.

Por suerte llegamos con vida a los aledaños del San Paolo y una hora antes del partido. 24 horas antes ni en mis mejores sueños pensaría que así sería. Pero lo mejor todavía estaba por llegar. Yo, todavía no había visto las entradas. Sin mayor importancia, en un italo-español. ‘Anto’ me había comentado un ligero problema con las entradas pero nada de qué preocuparse en una ciudad como Napoli.

Tres palabras rápidas del padre ex-Curva y teníamos nuestra entrada, billete que hacía referencia a la Curva B, justo la que tendríamos enfrente durante el encuentro y sí, he dicho bien, enfrente. Accedimos a Curva A, entre la multitud de camisetas negras y banderas. Casi nadie de los que entraron en ese momento, les vi validar su entrada. La seguridad hacía la vista gorda y los tornos eran el último obstáculo antes de acceder al templo de todos los napolitanos. Cualquiera que validara su entrada era objeto de cacería para aprovechar su paso al estadio multiplicado por tres. Uno por delante, otro por su espalda y los niños por abajo. Nunca había vivido algo similar en un estadio de fútbol, ni en cualquier lugar donde procediera la entrada a través de los tornos. Un caos total. El tráfico de la ciudad perpetrado a las puertas del San Paolo. Una escena para no olvidar.

Dentro de la Curva, tuve que ver el partido de pie porque como comprenderán mi asiento no estaba en aquel lugar, era justo enfrente como el del resto de mis compañeros que ocupaban la escalera central. Pero ya dentro, eso daba igual. ‘Anto’ me explicó el funcionamiento de los capos, las banderas, cánticos y demás. El resultado ya lo conocen todos. Ahora bien, un partido en la Curva del San Paolo lo tienes que vivir. No importa si gane o pierda, solo debes conocer la pasión que se vive en esa ciudad. Hecha y destinada para alentar a los suyos, solo un equipo en toda la ciudad, el más grande del Sur, el equipo del pueblo y la ciudad que nunca te deja indiferente. Napoli es especial y los napolitanos lo son aún más.

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