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Un desafortunado pero maravilloso incidente

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Esto a la Juve no se le escapa. Lo saben en Turín, en Milán y hasta en Nápoles que han dejado de creer. A falta de 7 jornadas para el final, seis puntos separan a Juventus y Napoli del liderato de la Serie A. Con un Higuaín que será sancionado, salvo extraño desenlace o hecatombe mundial, los de Turín levantarán su quinto Scudetto consecutivo. El monopolio nunca pareció tan muerto y vivo a la vez. Mientras el gigante dormía, Napoli junto a otros como Fiore e Inter que perdieron fuelle por el camino, opositaron para arrebatarle el trono a la Vecchia Signora. El gigante dormido despertó de un mal sueño a finales de Octubre, en un Derby della Mole frente al Torino de Ventura, desde aquel día hasta que el Napoli claudicó de rodillas pasaron 21 jornadas, o lo que es lo mismo, 63 puntos en juego. 61 en el bolsillo de la Juventus y 2 que se escaparon en la visita a Bolonia, previa a la ida de octavos de final ante el Bayern. Ritmo de campeón, portero leyenda y defensa de acero. En esta remontada, Buffon se erigió como el portero con más minutos imbatido de la Serie A, 973 minutos con el cerrojo puesto en la portería. Sin olvidar la ayuda de su defensa, se podrá seguir diciendo eso de que “las defensas ganan campeonatos“, los juventinos han encajado 2 goles en los 14 partidos de Serie A en 2016 y 7 desde el día que despertó. 

 

En este escenario, hubo un hombre con un ejercito detrás que sí creyeron en la quimera. Un sueño cargado de ilusión del que nadie quería hablar pero todos rezaban por él a la caída de la noche. Te diré que hasta algún aficionado juventino me confesó que sería bonito verles campeones. Salvando las distancias, era el Leicester italiano. Sarri lo había conseguido, estuvo certero en el cambio de sistema. Dio consistencia y una idea de juego que nunca antes pudieron disfrutar. Los jugadores estaban a muerte con él. Era un Napoli de memoria; Reina; Hysaj, Albiol, Koulibaly, Ghoulam; Jorginho, Allan, Hamsik; Insigne, Callejón, Higuaín. El mejor Napoli de los últimos 25 años con Maradona, como último gran irreverente, era el ejemplo a seguir. Jornada arriba, jornada abajo, servía para ver a Higuaín liderar el navío en alta mar. Un poseso cargado de nervios y hambre, un animal con cifras de utopía. Camino de acechar el récord de Nordahl -el gigante sueco-, en los últimos 50 años de Calcio, solo Luca Toni ha igualado las cifras del delantero argentino. El lobo con piel de cordero, el eterno inclinado que se eleva, el náufrago que sobrevive y el que sin pensar, actúa. Un villano en un mundo de héroes.

Dejaron de pensar en Maradona, olvidaron a Cavani y se aferraron a Gonzalo. San Gennaro -patrón de la ciudad- era secundario ante la supremacía de Higuaín. Un hombre que se ganó el poder de decisión, el de cambiar el destino de los hombres. Sobre sus piernas recaía el futuro no muy lejano de un Napoli ilusionado. La presión era total, un balón dentro o afuera era sinónimo de sangre o aliento. La pasmosa facilidad para pasar de la fascinación al rechazo, de caer en el espejismo del asombro o ser injustamente cruel. La historia después de tantos años y fallos parecía sonreírle a un hombre desafortunado que nunca se rinde. Era el mejor año de su vida y en Nápoles lo sabían. Italia le temía.

 

La temporada del Napoli se podría resumir gran parte de ella en la penúltima jornada frente al Genoa. San Paolo lleno hasta la bandera, equipo de gala para seguir a la estela de la Juventus, el Genoa se adelantaba en los minutos iniciales y tocaba la machada. La defensa del Napoli mejoró respecto a años pasados, obviarlo sería un error, pero en las últimas jornadas, la falta de atención junto a los nervios formaban un cóctel molotov. 1-0 al descanso y 45′ minutos para no dejar de soñar. Faltó de gasolina, eliminado en Europa y Coppa con el beneplácito de que serviría para caminar hacia el objetivo principal, las últimas jornadas los jugadores comenzaban a sudar antes de tiempo, piernas que flaqueaban y siempre con el fuego cercano.

Higuaín una vez más con el traje de héroe bajo el cuerpo de villano, ponía las tablas en el marcador con mucho tiempo por delante. Tiempo que parecía agotarse a escasos minutos del final. Los nervios a flor de piel con la Juventus con su partido ya jugado y por supuesto, ganado. Es ahí cuando emerge Higuaín, inconsistentemente así lo ha hecho durante 31 jornadas. Ese hombre que nos ha hecho creer que la quimera era posible. No solo a mí ni a ti, al mundo entero. Europa y el mundo ha conocido un poquito más al Napoli y al Nápoles. Cada lunes, la persiana levantaba con Higuaín en portada. Bestia, animal, gigante, coloso”. Se nos llenó la boca de buenas y bonitas palabras hacía Gonzalo. Hasta los más críticos ya decían “no es que estuviera gordo, es que el chico es de cadera ancha”. 

Control con el exterior y golpeo con el interior a la oreja del palo, para acariciarlo, por el único lugar posible para superar a Perin, en una noche pletórica del portero italiano. Génova no se lo podía creer, en Turín se echaban las manos a la cabeza y Napoli estalla de furor, en un colapso de alegría y pasión. Lo había vuelto a hacer. Al término del partido, el coliseo ovacionaba a su gladiador. Un desafortunado que nunca se rinde. El Napoli le quedaba poca gasolina pero suficiente para seguir. Tenía que morir pero aquella noche no era ese día. La escena emocionaba y de verdad.

Ante Udine, con el resultado de la Juve sabido y de buena mañana, Napoli debía ganar para seguir con vida. Higuaín con un buen saco de kilómetros a sus espaldas saltaba como titular al césped del Dacia Arena. Sin Reina en portería, era la oportunidad de Gabriel. Una vez más, los nervios a flor de piel junto al cansancio acumulado con las selecciones jugaban una mala pasada. Udinese se adelantaba desde los once metros y una vez más, Napoli debía remontar. Fue Higuaín, incansable quien poco tardó en igualar la contienda. Gabriel paró un segundo penalti y el guión del partido tomaba tintes épicos y conocidos. No fue así, Udine remató la machada y atestó un 3-1 antes de la hora del partido. Higuaín desquiciado veía como el sueño le soltaba la mano y se marchaba sin despedirse. Una vez más, algo grande se alejaba de Gonzalo Higuaín. Enfurecido y fuera de sí, no solo cometió una falta sin balón sino que descargó toda su rabia ante el colegiado. Expulsado será sancionado. 31 jornadas y hasta aquí, esa roja mostrada por Irrati es el principio del fin. Sin Higuaín, la quimera deja de ilusionar.

Un hombre que nos hizo llorar de emoción y reír de ilusión. Calló bocas sin hablar y fue una pesadilla para cualquier defensa rival. Se marchó por la puerta de atrás y sin el sueño de la mano. Para cuando vuelva, el Napoli ya llevará tiempo peleando por mantener la segunda posición que da acceso directo a la Copa de Europa. La Roma acecha, lleva 28 puntos de los últimos 30. En ese periodo solo la Juventus ha podido seguir el ritmo. Lo escribo en pasado porque para mí ya es recuerdo. Puede mejorar cifras y quedar segundo o tercero en la clasificación pero el Napoli de la quimera ya pasó. La belleza está en el trayecto. Aquella roja de un amargo domingo de principios de abril, quedará recordada como un desafortunado pero maravilloso incidente. Los tiempos duros nunca duran, pero la gente dura sí. Un tipo duro nos hizo creer lo imposible.

 

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