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Un bolero en Shkodër

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Quien sabe si durante una noche de invierno en Madrid, o tras un caluroso día disfrutando de la playa en Copacabana, Joaquín Sabina escribió para su canción Es mentira, la siguiente frase: Es una gran mentira que mientan los boleros; es mentira que un bulo repetido merezca ser verdad. Una vez más, diana.

Gerard Piqué dejará la selección española en 2018, tras el Mundial de Rusia. Ha tirado la toalla, y lo que es peor, parece que no quiere que nos agachemos a por ella. Lo de anoche en Shkodër sentó una situación kafkiana sin precedentes (ha habido cosas similares, pero esto ha roto todas las barreras del ridículo), una obra de teatro guionizada por los hermanos Marx que acabó como la Traviata de Verdi, con el protagonista agonizante y esperando la muerte, mientras el culpable andaba pidiendo disculpas con lágrimas de cocodrilo en sus ojos. Violetta es Piqué, Germont, la prensa y Alfredo, el aficionado medio.

Durante el transcurso del Albania-España, un rumor incendió las redes sociales y los medios de comunicación: Piqué se había cortado las mangas de su camiseta para eliminar de su vestimenta un ribete con los colores amarillo y rojo que representaba la bandera española. Para el sector cavernario y reaccionario de la prensa deportiva española, la ofensa había sido poco menos que la ruptura del pacto Ribbentrop-Molotov, un acuerdo de paz e intercambio de favores que firmaron alemanes y soviéticos en 1939, y que los primeros rompieron el 22 de junio de 1941, tras iniciar el ataque a la URSS.

El central había hecho saltar por los aires la soberanía nacional, y medio país agarraba la quijada para iniciar una pelea dialéctica con nulos visos de terminar bien. El partido y el resultado habían dejado de importar en ese mismo instante, todo el mundo se ponía la gabardina y se sentaba delante del ordenador a buscar las causas del crimen y dictar sentencia. Las conclusiones eran irrefutables, había destrozado la camiseta que une a 46 millones de personas por hacer bandera de su independentismo atroz y temerario. Entonces, apareció la primera laguna en la acusación. Piqué usa siempre manga larga, y es posible que, por algún casual y con el agravante de llevar debajo una camiseta térmica, el muchacho haya tenido la necesidad de cortar la equipación para evitar tener doble manga, cosa que puede resultar incómoda al desplazarse y mover las extremidades. Imposible, lo negaban tajantemente. Sólo aceptaban esa hipótesis acusándole de que la había cortado por encima del ribete y no por debajo.

Gerard Piqué en el Albania - España | Getty

Gerard Piqué en el Albania – España | Getty

Acabado el partido, con resultado favorable para España de 0-2 con goles de Nolito y Costa, la polémica copó las redacciones, se buscaba desesperadamente una explicación al hecho para poder encañonar al central catalán. Tan rápido se propagó el virus que, cuando Ricardo Sierra entrevistó a Piqué tras el encuentro, se vio obligado a preguntarle por el asunto. Gerard, que ya habría leído algo desde su teléfono móvil en el vestuario al acabar el choque, salió dispuesto a zanjar el asunto de una vez por todas. Mostró los pedazos de mangas, dejando en evidencia y avergonzando al periodismo deportivo como nunca.

Pese a todo lo que se había hablado y criticado sin fundamento alguno, la única realidad era la que acababa de enseñar Piqué. La camiseta de manga corta sí llevaba ribete, no así la de manga larga, usada por él y Ramos, cuya longitud extra la eximía de simbología. Tras haber aguantado de todo en los últimos tiempos, Piqué anunciaba su adiós de la selección. Más tarde, en zona mixta y ya con las radios de por medio, el central mostró la decepción en su tono de voz. Estaba cansado, agotado de luchar contra la mediatización. Tras una batalla larga y tediosa, la prensa lo ha conseguido, dejará la selección. Esta victoria tiene nombres propios y, entre otros, son AS, Marca, OKDiario y el conglomerado de Jugones/El Chiringuito.

Dice Gerard que no es un calentón, que la decisión viene meditada de antes. Y si uno suma, le salen las cuentas. La caza de brujas a la que ha sido sometido el central desde su llegada a la selección en 2009, cuando debutó con Vicente del Bosque en el Santiago Bernabéu ante Turquía, en un partido que se decidió, precisamente, con un gol del catalán, ha sido tremenda. Nunca ha caído bien a una parte de la afición española que le ve como el cuarto jinete del Apocalipsis, en este caso, uno que según ellos viste los colores de la senyera y que juega con la selección por puro interés monetario o con el objetivo de agrandar su hoja de servicios.

Es aventurado, aunque no desacertado decir que si Piqué hubiera nacido en Salem, habría sido quemado en la hoguera por brujería. Las mentiras que se han ido vertiendo sobre él todos esos años han terminado por crear una situación insostenible para ambas partes. Es inadmisible que un jugador de la selección española sea pitado en cada campo de España (salvo en el Camp Nou, claro). De un chasquido de dedos se ha hecho un dossier judicial, echando por tierra el gol que anotó contra la República Checa días antes, o incluso la bella imagen que nos dejó cuando paseó con su bien más preciado, su hijo, al acabar el partido y vestido de arriba a abajo con los colores de España.

Gracias Gerard, no te merecemos | Getty

Gracias Gerard, no te merecemos | Getty

Pero no echéis toda la culpa a los habitantes de Twitter ni a las personas que debaten sin fundamento en el bar, ellos sólo consumen lo que les obliga la sociedad. El mal son otros, los medios, que nos ponen entre la espada y la pared. En una mano nos ofrecen la pastilla azul, un cementerio de elefantes, consumir lo más barato del mercado y tragar con el odio visceral y la tensión que generan los medios fruto de su parcialidad. En la otra, la pastilla roja, que es la verdad sin alfileres, pero claro, la verdad duele. El comité de actividades anti-americanas a la española que han formado varias de las firmas más importantes de la prensa deportiva ha tenido el resultado esperado. En su día ya lo intentaron con Puyol y Xavi, cuando en 2007, durante un partido entre Letonia y España que ganó la selección por 0-2. Con todos los jugadores formados para la foto, Xavi y Puyol no lucían sus medias de la misma forma que sus compañeros. Al resto se les veía la bandera española de la parte superior de la media y en el caso de los dos futbolistas del Barça, a uno sólo se le veía solo un trocito y al otro, nada.

El trasfondo del debate es muy profundo. La persecución minuciosa a ciertos jugadores catalanes deja en evidencia un ligero odio hacia ciertas cuestiones territoriales y que tienen que ver con la política más que con el deporte. Se acusa a Piqué de querer la independencia de Cataluña, cosa que es mentira. Aunque ambiguas han sido sus respuestas al tema, lo único que ha dejado claro es que le gustaría consultar a la gente que quiere hacer con su tierra. Algo democrático, vaya. Al cóctel político se le añade que Piqué enarbola la bandera del barcelonismo cuando viste la zamarra culé, con alguna declaración fuera de tono, es cierto, lo que le ha granjeado la enemistad de un país mayoritariamente madridista, fuera o no de la capital.

Pero, ¿dudar de su compromiso con la selección? Es de risa. No ha faltado nunca, ha cumplido como nadie, se ha partido la cara y el alma por su país. Cada uno piensa como quiera, sólo faltaría. Aquí gusta más el tipo que lleva la pulsera con la bandera española y paga sus impuestos en Suiza que un catalán que ama su tierra. Cainismo en estado puro. Todos tenemos la culpa. Los medios por ensuciar, y la gente por consumir. Culpables y cómplices.

Nunca olvidará España ni Gerard Piqué el partido contra Albania. Pues fue el último acto de una tragicomedia que ha terminado como quería una gran parte del país, con uno de los dos centrales titulares en la final del único mundial que luce en nuestras vitrinas fuera de la selección. No vuelvas, Gerard, no te merecen. Nunca te merecieron. Gracias por todo, algunos intentaremos cambiar las cosas, has sido el mártir de algo que escapa a tu control. Campeón del mundo. Algún día lo valoraremos. Ahora te pedirán perdón, y tienes que aceptarlo, pues tú eres mejor que ellos. En su pecado llevan la penitencia. Un bolero en Shkodër.

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