Fútbol alemán

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Uli Hoeneß, el futbolista olvidado

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El mundo recordará siempre la imagen de uno de los mejores futbolistas alemanes con el brazo en cabestrillo. El mundo nunca dejará de asombrarse por el número estratosférico del hombre al que llaman Torpedo. El mundo olvidará la habilidad de un portero que pudo atrapar un pato con los guantes aún enfundados. El mundo, y en primera linea Alemania, nunca olvidará, ni podría aunque quisiera, tres nombres de una de sus épocas de oro.

Ahora bien, permítanme que me ponga algo sentimental y bohemia, que me aleje de lo que todos sabemos, de los Beckenbauer, Müller y Maier. Alejémonos de todo lo que hayamos podido leer de la máquina bávara que avanzaba a toda vela, llevándose consigo todo lo que se le pusiera por delante. Dejemos todo eso que a día de hoy ya se entremezcla con las leyendas y se tienden a exagerar los detalles que sólo nuestros abuelos saben si son o no verdad.

Al alejarnos de todo esto hay una punzada de envidia, o de dolor, o si quieren llamarlo así: de pena. Por un hombre que es ahora recordado no por su etapa de jugador, ni siquiera por su etapa posterior al fútbol o a su contribución inmediata o a largo plazo a la Bundesliga y a su historia. Se le conoce por exactamente lo que no debería, y su etapa de futbolista queda tan atrás y quedó tan eclipsada por sus éxitos fuera de los terrenos de juego (así como su gran error en la actualidad), que ya nadie se acuerda que Uli Hoeneß también ganó esas tres Copas de Europa con el Bayern, también se proclamó campeón del mundo en el 74 y de Europa dos años antes.

Hablemos de ese Hoeneß jugador, de ese que tuvo que retirarse por una lesión de rodilla. Ese del que ya nadie habla pero que siempre jugaba por detrás del “Bomber der Nation”. Porque por desgracia, Alemania ha olvidado, ha dejado caer en el abismo de los recuerdos a un Hoeneß, que siempre junto a su gran amigo Rummenigge, pasaron a ser segundo plano en una época en la que les tocó coincidir con compañeros que endulzaron la boca de los aficionados y hicieron de este juego algo bello y arduo. Pero fútbol – o fußball como dicen los alemanes- no sólo era eso, allí, en la Alemania de los 70 había cabezas pensantes que trabajaban tras el telón de la obra.

Si buscan en internet -pueden dejar de leer e irse a Google a comprobarlo-, de Uli encuentran sus palabras a Guardiola, la noticia de su estafa a Hacienda, o su actual tercer grado. Pocas páginas encontrarán que les cuenten que Hoeneß jugó 250 partidos de Bundesliga y que en toda su carrera marcó un total de 107 goles, y eso teniendo en cuenta que en su propio equipo tenía a Gerd Müller. Extremo derecho però sin miedo a internarse en el medio del campo, si bien es cierto que en aquellas épocas no existían la cultura futbolística que hay hoy en día y calificar lo que era Uli en aquellos tiempos es extraño y difícil. Podríamos llamarle mediapunta, podríamos colocarle en la misma posición que hoy ocupa Robben en su amado Bayern -el club de su vida y sus amores-. Pero lo cierto es que si le vemos jugar rescatando trozos de la videoteca se nos mostrará a los ojos un jugador hábil y con tremenda lectura de juego, con clase en el toque -aunque sin llegar a la elegancia del Kaiser-. Sin embargo, su inteligencia y sus movimientos le llevaban a ser uno de los asistentes más habituales en el juego del club muniqués.

Nacido en Ulm, cuidad en la frontera entre Bavaria y Baden-Wurtemberg, pasó por el Nürnberg antes de recalar en el Bayern, dónde consiguió ser campeón de Bundesliga tres veces, las mismas que ganó la Copa de Europa. Además se hizo también con una Intercontinental y una Pokal.

En 1976 Hoeneß acababa de coronarse rey de Europa por tercera vez consecutiva, viajó con la Mannschaft a Yugoslavia y se plantó frente a los aficionados en la final, y tras empatar a 2 finalizado el tiempo reglamentario. Uli podría ser ahora más recordado de lo que es si hubiese marcado el cuarto penalti de la tanda. Pero la historia no le dio este regalo. Ese fue su ultimo partido como nacional. Con una salida de la selección amarga, triste, Hoeneß siguió jugando al fútbol hasta que su rodilla se lo impidió.

Uli abandonó los terrenos de juego en 1979, su cuerpo dijo basta y se vio obligado a acabar con su carrera como futbolista. Se retiró un “media punta” o un “extremo” -como quieran llamarle-, brillante y con buena lectura de juego. Si bien es cierto que el Bayern no notaría tanto su ausencia como la de otros jugadores como Breitner.

Ahí empezó la leyenda de Hoeneß-mánager. Pero esto es otra historia.

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