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Tormenta eléctrica

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En Montreal se desata la tormenta alemana. Los rayos prenden el Uniprix, y levantan de los asientos al respetable porque el que no corra para refugiarse puede salir damnificado. Es media tarde en la ciudad canadiense pero se oscurece el día para un Roger Federer, cariacontecido, que mira de lejos el trofeo que hoy cae en manos de un futuro advenido al presente a la velocidad de la luz, Alexander Zverev.

Zverev demuestra al mundo que tiene algo más que decir. Son seis títulos, dos de ellos Masters 1000. Allí donde la categoría parece inexpugnable más allá del ‘Big Four’, esto supone una (nueva) contestación sintomática de la rebeldía de un chaval que mira de frente a los más grandes con la fiereza de un tigre de bengala.

El pupilo de Juan Carlos Ferrero demuestra que el binomio entre ambos funciona a las mil maravillas. No hay polvos mágicos. Aquí el chaval viene curtido y solo necesita el empujón de un grande para materializar en la realidad lo que soñaba hace prácticamente dos tardes.

Sobre la pista es un ciclón desatado. Levanta la magia de Federer de un plumazo porque a la chistera del suizo en Montreal le falta algo que se dejó en Londres. En plena lucha por el número uno mundial, Federer vive de vaivenes. La espalda del suizo se resiste. El ‘vendaval’ teutón la lleva por los aires.

No siento que las cosas estén llegando de forma antinatural. Creo que todo está llegando muy natural. Por supuesto, ganar dos Masters 1000 es algo que nadie podría esperar pero todo el mundo estaría orgulloso de ello. Estoy feliz de que haya ocurrido así“, comentó tras el partido.

Su escalada es meteórica. Su tenis, fuego de mortero. Zverev, que en Roma avisó ante Djokovic salió en tromba y apuntaló su victoria con el planteamiento muy bien estudiado. No renunció a lo impensable. Lo conquistó aferrándose a la ambición que lo desborda a raudales. El germano no entiende de lógica. Quebranta las reglas a su manera.

Con el US Open asomándose, Zverev toma impulso. Las mariposas en el estómago hace tiempo que volaron en busca de la gloria.

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