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Tino Fernández: Lost in Riazor

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Esta es la historia de un hombre llamado Tino, un hombre que se encuentra perdido buscando todavía la solución para su sueño. Tino aterrizó en Riazor hace más de 3 años. No lo tenía fácil, vino a sustituir al presidente más importante de la historia del Dépor, Augusto César Lendoiro, un hombre controvertido pero que es el máximo responsable de que el nombre de A Coruña esté presente en la historia del fútbol mundial. Tino se encontró con el último legado de su predecesor, un ascenso milagroso a Primera llevado a cabo por Fernando Vázquez. A pesar de las dificultades era muy ilusionante ver crecer este proyecto en Primera, pero aquí Tino comenzó a perder el rumbo cuando destituyó al técnico gallego en plena pretemporada. Pero esto no sería lo peor, ya que la solución fue Víctor Fernández.

Quizás Tino miró mal el calendario y pensó que seguíamos en 1999 cuando apostó por el técnico aragonés. La afición deportivista mostró su rechazo, pero Tino siguió con su idea de forma totalmente errónea. Víctor Fernández hacía años que había dejado de ser uno de los grandes técnicos de la Liga, su estilo se había quedado desfasado y la temporada fue un auténtico desastre. Rondando el descenso Tino dio otro giro de timón. Esta vez parecía más acertado: apostar por un técnico joven y que había vestido la camiseta blanquiazul. De nuevo apostó por un Víctor, esta vez apellidado Sánchez del Amo.

Víctor acabó salvando al equipo esa temporada con la inestimable ayuda de un Barça que no se ensañó, aunque incluso los despachos habrían salvado al Dépor en caso de derrota. La gestión de Tino no merecía mantener al equipo en Primera, pero la suerte le debía una al Dépor. Tino confió el proyecto al hombre que obró el milagro, y la temporada siguiente parecía que Tino por fin veía la luz al final del túnel. El Dépor empezaba la temporada de una forma espectacular, el equipo funcionaba, Lucas se convertía en una de las estrellas de la Liga e incluso se soñaba con Europa. Tino cogía por fin aire y creía que por fin encontraba el camino al éxito, pero poco dura la alegría en la casa del pobre y esa temporada el Dépor acabaría con uno de los mayores polvorines en el vestuario de la historia del club. El enfrentamiento entre Víctor y algunos jugadores como Luisinho fue insostenible. Tino se enfrentaba a un nuevo problema y de nuevo se veía perdido a la hora de encontrar una solución. Tras la mala segunda vuelta y este suceso, Víctor abandonada el Deportivo y Tino tenía que volver a rehacer por enésima vez su proyecto, apostando por un entrenador que había fracasado en Primera.

Gaizka Garitano nos sorprendió muy gratamente con su Eibar, al que subió a Primera y con el que realizó una gran primera vuelta. Ahora bien, lo que se acabó viendo es que era un entrenador al que le acabó viniendo grande la categoría, y aunque seguramente sea una gran apuesta para un equipo similar al vasco, no encajaba de ninguna forma en A Coruña. De nuevo el aficionado medio volvía a tener mejor visión de futuro que el señor que preside dicho club. Tino, seguramente mal aconsejado por una dirección deportiva que también navega sin rumbo por el mundo futbolístico, apostó por un entrenador que desde el minuto uno no conectó ni con el equipo, ni con la afición. Todos esperábamos desde la primera jornada el final de esta historia, una destitución de Garitano antes de que se acabara la temporada, cosa que así se acabó produciendo. Y aquí llegó el último intento de Tino, una vuelta a su primer error y esperemos que sea su error definitivo que cierre el círculo de despropósitos: Pepe Mel.

El técnico madrileño tenía los mismos problemas que Víctor Fernández. Mel había sido uno de los técnicos más cotizados de la Liga años atrás. Su buen hacer con el Betis hizo que se ganara el aplauso del fútbol español, pero el fútbol, como todo, está en una evolución constante, una evolución donde el librillo de Mel se quedó totalmente desfasado. Pepe Mel salvó al equipo sin demostrar ningún tipo de mejoría respecto a Garitano, pero aún así fue renovado a pesar de que poca confianza había ya en él. Mel pidió confianza y tiempo para trabajar, la tuvo, y lo único que demostró es que ha sido uno de los peores entrenadores de esta Liga, ya que se ha visto un equipo sin ninguna idea de juego independientemente de que ganara, perdiera o empatara. Tras la derrota del lunes, Tino optó por cesar al técnico, sumando seis entrenadores en tren años y medio, una auténtica locura. El Dépor se ha convertido en una máquina de quemar entrenadores.

Entonces si entrenadores y plantillas tan dispares han fracasado constantemente y no se ha visto ninguna mejoría, exceptuando un tramo a las órdenes de Víctor Sánchez, el aficionado deportivista tiene que ver que quizás el culpable de todo esto no está en el banquillo, sino en el palco. Tino ha tenido muchos aciertos en el tema económico, pero deportivamente ha demostrado no tener ninguna idea, realizando proyectos sin rumbo donde parece que busca una combinación divina entre técnicos y plantilla que lo lleven a la gloria, pero las cosas no se hacen así. El Dépor lleva años jugando con fuego con el descenso, que esta vez podría ser catastrófico. La Segunda División tiene cada vez mayor nivel, y una caída al pozo podría llevar a un futuro desastroso al conjunto deportivista. Tino tiene que reflexionar, rodearse de gente que le aconseje mejor y decidir un proyecto en el que confiar. El Dépor necesita un entrenador que esté preparado para los nuevos retos del fútbol actual y no estaría de más que fuera alguien capaz de conectar con la afición, algo que hace mucho tiempo que no se ve en tierras herculinas.

Este perfil se asemeja más a la nueva apuesta de Tino: la dupla formada por Cristóbal Parralo (debutante en la categoría) y Javier Manjarín (viejo ídolo deportivista). Su trabajo en el Fabril ha sido magnífico y parece una opción mucho más acertada que la vuelta al mercado en busca de un entrenador que no va aportar nada nuevo. Lo importante es que esto no sea un nuevo parche para salir del paso. Hay que dar total confianza a esta dupla después de su buen hacer en el filial deportivista al que dejan liderando su grupo en Segunda B. Es el momento de que algo cambie en Coruña, basta de dar bandazos, es el momento de que Tino se centre, deje de estar perdido y encuentre su camino para llevar al Dépor al lugar que se merece, es el momento de que Tino deje de estar “Lost in Riazor”.

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