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Tim Duncan, el último hombre sobre la Tierra

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14.609 días. Para algunos, cuarenta años. Para Timothy Theodore Duncan, toda una vida. La suya en concreto. El 25 de abril de 1976, William y Lone Duncan concibieron a Tim en la localidad de Christiansted, una diminuta cuidad de poco más de 3500 habitantes, que forma parte de la isla de Sant Croix, que a su vez es una de las 3 principales islas que componen el archipiélago de las Islas Vírgenes, compradas por Estados Unidos en 1917 (en aquella época eran conocidas por Islas Occidentales Danesas) por poco más de 25 millones de dólares.

En aquel nuevo juguete del Tio Sam creció el bueno de Duncan, junto a sus dos hermanas, Cheryl y Tricia. Sé que ahora esperáis leer cómo despuntó desde su niñez en el mundo del baloncesto, pero nada más lejos de la realidad.

Tim soñaba, desde niño, con ser un nadador extraordinario, quería emular a su hermana Tricia, que logró el hito de ser olímpica en Seúl 88’. Sin embargo, una desgracia de dimensiones sobrenaturales empujó a Tim a encontrar nuevos retos. El huracán Hugo arrasó en 1989 la piscina donde entrenaba el joven Timmy, con el añadido de ser la única olímpica de todo el complejo de Islas. El mar se convertía en su nuevo campo de entrenamiento, pero la fobia del mejor ‘4’ de todos los tiempos a los tiburones le hizo abandonar la idea de ser nadador. Y, como las desgracias nunca vienen solas, un cáncer arrebató la vida a Lone Duncan, dejando a Tim al borde del colapso.

El sol sale todos los días. Con esa filosofía afrontaron los Duncan su nueva vida sin el miembro más importante de su familia. Entre los restos del desastre, Timothy vislumbró el futuro del baloncesto, una vieja canasta que tenía cogiendo polvo en su casa. Al principio, sólo jugaba para calmar el dolor inhumano que sentía en su interior, buscaba encontrar respuesta a las preguntas que le planteaba a la vida. ¿Por qué su madre? ¿Por qué ella? ¿Por qué mandar un huracán que tire por tierra mi futuro deportivo? Y entre tanta búsqueda, halló la respuesta: el baloncesto.

Junto a su cuñado que, coincidencias del destino, había sido exjugador universitario, Tim empezó a despuntar entre el conjunto de Islas. Se erigió amo y señor del Instituto St. Dunstan’s Episcopal donde, gracias a su talento y a una gira de exhibición, Crish King convenció al entonces entrenador de Wake Forest, Dave Odom, de su fichaje.

Tim Duncan en su época universitaria de Wake Forest

Tim Duncan en su época universitaria de Wake Forest

Así pisó suelo estadounidense el joven Tim por primera vez. En Forest comenzó mandando desde el primero momento, su destino parecía escrito por profetas mayas y, éste, plasmado en la sagrada Crónica del Porvenir.

Sus años universitarios fueron el mayor spoiler de lo que fue y ha sido su carrera en la NBA. Líder en puntos, rebotes, tapones y exhibiendo un manual de movimientos y habilidades propias del viejo pasado baloncestístico pero con algo nuevo, algo que no se había visto nunca. Nunca jugó una Final Four, pero durante sus 5 años, llevó a Wake Forest a un balance de 97-31. El mejor taponador de la historia de la NCAA, firmó números de leyenda. Lo tenía decidido: quería dar el salto a la NBA, y en el Draft de 1997 fue elegido en primera posición por San Antonio Spurs.

Cuando Superman no aterrizó en Kansas

Hay decisiones que cambian la historia para siempre de una ciudad, de un estado, de una nación. Eso ocurrió el 25 de junio 1997 en la cuidad de San Antonio, localidad que recibe su nombre del teólogo portugués Antonio de Padua.

El bueno de David Stern, que en aquel entonces era el comisionado de la NBA, pronunció la frase que los aficionados texanos tienen grabada a fuego en su memoria: ‘’With they first pick in the 1997 NBA draft, the San Antonio Spurs select Tim Duncan from Wake Forest University’’.

 Y allí salió Tim, con su traje color crema, su camisa blanca y su perilla, dando abrazos a todos, colocándose la habitual gorra para posteriormente ser entrevistado por el mítico Craig Sager. Superman jamás aterrizó en Kansas, lo hizo en San Antonio.

Arrancaba la era Duncan, la era del hombre tranquilo. De los buenos modos, de la deportividad, del talento y las ganas de hacer historia.

Los Spurs llevaban años fracasando en los playoffs, y en la 96-97’ el naufragio se convirtió en tragedia cuando tras la lesión del buque insignia texano, David Robinson, San Antonio llegó a un pobre 20-62 de bagaje, circunstancia que miren ustedes por donde, permitió a San Antonio elegir primero en el Draft y seleccionar a Tim. La vida es así. El talento estaba, pero faltaba quien le diera los galones y la oportunidad de explotarlo.

Y allí estaba Gregg Charles Popovich, mestizo de sangre yugoslava, graduado en la Academia de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos, donde jugó cuatro años a baloncesto, siendo el capitán y máximo anotador del equipo. Una vida de disciplina que le llevó a ser asistente de Larry Brown en 1988, en el banquillo de los Spurs. Viajó a la Bahía en 1992, donde ocupó el mismo puesto bajo la batuta de Don Nelson en los Warriors.

Hasta que, en 1996 y tras el despido de Bob Hill, le llegó la oportunidad. Y la primera, en la frente: elegir a Duncan en el Draft. Empezaba una prolífica relación que dejado como legado cinco anillos de campeón y una amistad que perdurará al inexorable paso del tiempo.

En su primera temporada,Duncan fue nombrado Rookie del Año y, junto a Robinson, metió a San Antonio en la postemporada aunque cayeron a manos de los Jazz de Stockton en semifinales de conferencia. El presente y el futuro estaban juntos en el parqué.

El Legado de Tim

Temporada 98-99’. San Antonio amanece cada día con más alegría. Los semáforos ya no parecen durar tanto, los atascos son tildados de meras retenciones y los ancianos de la ciudad texana ni empujan para entrar en los autobuses. El niño de las Islas Vírgenes ha cambiado la cara a todos. Es el James Stewart de color, su tranquilidad y pelicular personalidad le hace ser un elemento indescifrable. Ni el tándem Mulder-Scully lo habría sabido explicar. Pero, a diferencia de Stewart, que en ‘El hombre que mató a Liberty Valance’ se aprovechó de la buena puntería de ‘The Duke’ para ganarse la fama, Tim lo hacía todo él.

Sus reversos, sus ganchos con sabor añejo, sus tiros a tabla tan ortodoxos como bellos. Un líder tan joven como prodigioso. La temporada del cierre patronal fue la temporada de ‘Las torres gemelas’. Con tan sólo 50 partidos de fase regular jugados, los Spurs acabaron 37-13 la regular season. El camino en playoffs hasta la final de la NBA fue un camino de rosas. Primero se ventilaron a Minnesota 3-1, para después poner de rodillas a Lakers y Portland por sendos 4-0.

Llegó la final. La primera de Tim, la primera de San Antonio. Enfrente aguardaban los Knicks de Ewing, Ward, Sprewell o Dudley, entre otros. El huracán que años atrás arrasó casi todo lo que poseía Tim tomaba forma en su cuerpo y devastó a los neoyorquinos con su juego y el 4-1 sentenció el anillo de 1999. MVP para Tim. La felicidad era plena en San Antonio. El tritón de Christiansted ya tenía la primera muesca en su culata.

Tim Duncan. 1999 | Anillo y MVP

Tim Duncan. 1999 | Anillo y MVP

 

Tiranía Laker, el affaire Orlando y los anillos de la reconstrucción

La temporada siguiente a la consecución del anillo, los Spurs se quedaron fuera de revalidar su título. Los Ángeles Lakers habían formado un equipo campeón y apartaron del foco mediático a los texanos durante más de 3 años. Los Spurs, que son una franquicia donde las cosas se hacen bien y con paciencia, siguieron trabajando, pero su futuro quedaba hipotecado a la condición de agente libre de Tim Duncan en el verano del 2000.

Orlando Magic se pusó entre ceja y ceja juntar a Grant Hill y a Tim Duncan en su franquicia. Ofrecieron 67,5 millones de dólares por seis años. Invitaron a él y a su mujer a una visita a Orlando, tras la cual Tim parecía completamente decidido, pero cuentan que su mujer aquellos años, Amy Duncan, convenció a la estrella de seguir en Texas tras conocer la negativa de Doc Rivers, técnico de Orlando, de que las esposas de los jugadores viajaran en el chárter del equipo. Y así fue cómo, una vez más, la historia hacia un guiño a San Antonio, y dejaba tuerto a los Magic, que han visto pasar más trenes que un jefe de estación.

Tras tres años de ver cómo el anillo caía en manos de los Lakers de manera consecutiva, la temporada 02-03’ en San Antonio pintaba muy bien. Los Spurs habían dejado el Alamodome al final de la 01-02’ para trasladarse a su hogar hasta el día de hoy, el AT&T Center. David Robinson anunció que esta temporada sería la última y que mejor despedida que conseguir otro anillo. San Antonio renovó media plantilla pero siguió teniendo el eje de todo en Duncan, el principio y el fin de todo lo bueno que pasaba en San Antonio.

La batuta recaía sobre el francés Tony Parker, además traer grandes tiradores como eran  Stephen Jackson, Danny Ferry, Bruce Bowen, Steve Kerr, Steve Smith y el argentino Manu Ginóbili. La idea era muy sencilla: seguir dominando la pintura para matar desde el triple.

Así llegaron 3 anillos en 5 temporadas. Una barbaridad. El primero de los tres en la mencionada temporada 02-03’, tras dejar fuera a Suns, Lakers y Dallas, los Nets fueron pasto de las llamas en la final tras el 4-2 final. Otro MVP para Tim Duncan. Se retiraba una leyenda de la franquicia, el mentor del chico de oro. Aquel bombero jefe que se jubila, pero que en este caso no es víctima del fuego abrasador en su última salida. El hombre tranquilo no paraba de hacer historia. Un devorador de mundos.

2003. Segunda muesca de Duncan y el adiós al Almirante

2003. Segunda muesca de Duncan y el adiós al Almirante

Temporada 04-05’. Otra postemporada ejemplar, acabando con Denver, Seattle y Suns. La épica hizo que la final contra Detroit se fuera hasta el séptimo partido, donde otra vez ganaron los Spurs el anillo y Tim entraba en el selecto club de jugadores con 3 o más MVP de las finales del cual forman parte Jordan, ‘Magic’, Shaquille O’Neal, el propio Timmy y LeBron.

La racha triunfal acabó con el anillo de 2007, donde los Spurs arrasaron a los Cavaliers de un imberbe aunque supremo LeBron James, 4-0 por la vía rápida. Esta vez el MVP cayó en manos de Parker.

El desierto, la derrota y la revancha

Tras el empacho de anillos, llegó una larga travesía donde los Spurs compitieron, llegando todos los años a playoffs, aterrizando hasta a finales de Conferencia, pero nunca volvieron a una final de la NBA hasta 2013. Buenos bagajes en regular season, con el Big Three haciendo diabluras, pero amigos, que difícil es ganar siempre.

Llegaron las finales de 2013 contra los Heat de LeBron, Wade y Bosh, los actuales campeones tras acabar con los Thunder en 2012 por un 4-1 devastador. La final empezó con San Antonio golpeando primero. Miami empató. Volvía a dar San Antonio. Respondían los hombres del Rey. Replica de los texanos. Y así llegábamos al sexto partido en Miami, uno de los más memorables de la historia de los playoffs.

94-89 mandan los de Gregg en Miami a falta de 21 segundos. El quinto anillo estaba en sus manos, pero apareció LeBron. La sombra del monarca del baloncesto mundial se hizo demasiado alargada y con un triple tras rebote de ataque reducía distancias a sólo dos puntos. Tiros libres para Kawhi y…sólo metía uno de los dos, 95-92. Bola Miami.

Tras un ataque dubitativo, LeBron se jugaba un triple que, lejos de entrar, cayó su rebote en manos de Bosh que, tras esperar a que Allen se colocará tras la línea de tres puntos, le dio el balón y se obró el milagro. Prórroga y partido para Miami.

El séptimo tuvo la misma tónica de igualdad pero esta vez el destino estuvo en manos del héroe texano, Tim Duncan. Con dos abajo San Antonio, Duncan recibe el balón de Ginóbili, éste baila en la pintura y suelta su gancho habitual, aquel que tantas veces le entró… salvo aquel día. Maldecía al mundo golpeando al parqué con rabia. El hombre tranquilo había volcado su furia, algo inédito. El héroe había errado en el momento clave y el anillo terminó cayendo para Miami.

Pero el deporte tiene revanchas, o mejor dicho, nuevas oportunidades. Y esta llegó al año siguiente. Finales de 2014, contra Miami de nuevo. Y aunque Duncan no fue el abanderado de su equipo, honor que recayó en Leonard, el mito se adjudicaba el quinto anillo de su carrera. Su final no estaba cerca, pero tampoco lejos.

2014. Quinto anillo, revancha ante Miami

2014. Quinto anillo, revancha ante Miami

 

 

Se acerca el fin

Mayo de 2016. Tras caer en semifinales de Conferencia ante los Oklahoma City Thunder por 4-2, aquel sexto partido en el Chesapeake Arena resultó ser el fin de una era gloriosa. Un tiempo de héroes, villanos y dioses inmortales. Tuvimos que esperar hasta bien entrado el verano para conocer una realidad ineludible, pero cuando Timmy saludó volviendo la cabeza en Oklahoma antes de meterse en el túnel de vestuarios, supimos que había hecho jaque mate en su propio tablero. Míster fundamentos decía adiós.

Somos coetáneos de Tim, hemos vivido sus logros, sus canastas, sus tapones, sus sonrisas en el banquillo (las pocas veces que lo habitó). Hemos tenido la suerte de ver al mejor ‘4’ de todos los tiempos. No hay discusión. Ha habido muchos jugadores en su puesto de un talento descomunal como Barkley o Malone, pero ninguno con sus logros, su importancia y su trascendencia. Un dechado de virtudes, con un físico que marca las diferencias y una cabeza que marca los títulos. Lo hace todo simple, tan simple que es lo que mejor funciona. Su fórmula ganadora.

5 anillos, 3 MVP de finales, 2 MVP de la temporada, 15 veces All-Star.

El hombre que cambió de camino para salvarse a sí mismo y cambiar el mundo del baloncesto para siempre. Una leyenda sin parangón. Un corazón puro. Un hombre tranquilo. Se acerca su invierno particular, pero él no le teme al frío, tan solo al olvido.

Estés donde estés, Lone, estate orgullosa pues tu Timothy cumple cada día de su vida con todo lo que le dijiste: Primero bueno, luego mejor y finalmente el mejor. Nunca pares hasta que de bueno pases a ser mejor y de mejor al mejor”.

Por eso es el último hombre sobre la tierra.

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